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Domingo 01 de Febrero de 2015

Rapidez de reflejos, esa es la cuestión

Cuando esta semana salió a la luz que el juez de Faltas, Adrián Celiz, se había negado a que le hicieran un control de alcoholemia en avenida del Huerto y Sarmiento, y en busca de impunidad, todos apuntaron contra la Municipalidad por la repudiable actitud de uno de sus funcionarios: nada menos que un delegado de la intendenta a la hora de aplicar sanciones. Sin embargo, el gobierno de Mónica Fein salió airoso. Fue rápido de reflejos.

Cuando esta semana salió a la luz que el juez de Faltas, Adrián Celiz, se había negado a que le hicieran un control de alcoholemia en avenida del Huerto y Sarmiento, y en busca de impunidad, todos apuntaron contra la Municipalidad por la repudiable actitud de uno de sus funcionarios: nada menos que un delegado de la intendenta a la hora de aplicar sanciones. Sin embargo, el gobierno de Mónica Fein salió airoso. Fue rápido de reflejos.

   En la Secretaría de Control y Convivencia Ciudadana, su titular, Pablo Seghezzo, no dudó un segundo. Desplazó al empleado de su cargo y le retiró su licencia de conducir. Ahora, mientras se sustancia un sumario administrativo interno, todo indica que deberá olvidarse para siempre del cargo que ostentó. Fue una actitud censurable y un exceso inadmisible de quien pretendió tener poder discrecional. Incluso, el resultado de un alcohotest positivo hubiese tenido menos impacto que su avidez por chapear.

   De todos modos, el escándalo estalló y puso otra vez sobre el tapete la necesidad de que ciertos funcionarios se elijan por concurso. La intendenta admitió que “esa persona entró como pasante e hizo una carrera administrativa”. Más allá de que se estaba esperando la instancia del examen, según expresó luego, Celiz contaba claramente con la función: ni más ni menos que la decisión de sancionar a los incumplidores de las normas ciudadanas.

   Mientras la intendenta repitió cada vez que pudo que en la ciudad nadie tiene privilegios, la oposición llevó hasta el tope de las críticas la contratación del coach ontológico Alejandro Marchesán y la “falta de transparencia” por no publicar su salario real en tiempo y forma. Los concejales del PRO, Rodrigo López Molina y Carlos Cardozo, fueron despiadados luego de que el municipio actualizara finalmente la planilla de haberes en internet y blanqueara que el polémico asesor cobró en los últimos dos meses del año pasado 22.500 pesos, incluso 300 pesos más que la propia Fein: “Un nuevo costo a la estructura financieramente deficitaria del Estado”, espetaron.

   Sin embargo, el secretario de Gobierno dijo que los datos sobre los honorarios “fueron siempre difundidos e incluso está demostrado que fue percibiendo distintos montos”, con diversos contratos desde 2005 a esta parte. Utilizó la misma palabra con la que sus críticos le asestaron duros golpes desde que se conoció la existencia de Marchesán: transparencia.
  
Característica. Fernando Asegurado destacó que esa cualidad caracteriza a la Municipalidad que, como ninguna otra, publica los sueldos de todo su personal, incluso ante la desaprobación de muchos de ellos, que prefieren permanecer en el anonimato.

   El secretario político de Fein dio, ante La Capital, todos los detalles sobre la contratación de Marchesán y dijo que, por ahora, ya no tiene asignadas funciones.

Pero, las explicaciones llegaron a destiempo. Pasó más de un mes desde que se conoció la presencia del entrenador que lidera una organización cristiana. No hubo reflejos para contrarrestar los reproches en el momento preciso. Y, a diferencia del caso Celiz, se pagó el costo político de olvidarse de reaccionar.

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