Edición Impresa
Miércoles 10 de Septiembre de 2014

Raggio, un DT que no se la cree

Llegó al súper de Urquiza casi Moreno y concentró las miradas de todos los que lo reconocieron, la mayoría.

Llegó al súper de Urquiza casi Moreno y concentró las miradas de todos los que lo reconocieron, la mayoría. “Me estás dando una lección de fútbol”, le gritó el carnicero, pero Gustavo Raggio, el DT de Newell’s se mostró calmo, sin exitismo. “Todavía no hicimos nada”, le contestó al empleado que por un momento se olvidó del cuchillo que tenía en la mano para trozar una buena costilla. Una vez en la cola de la caja del súper,  también le hicieron comentarios y un cliente le dijo: “¡Cómo sufrimos el sábado contra Vélez!”. Raggio, rápido de reflejos como cuando defendía la última línea leprosa como jugador, le respondió: “A veces hay que sufrir, veníamos muy bien”. Una vez que pagó los tres productos que eligió en las góndolas, Raggio salió de local con la misma sonrisa que ingresó y con el respaldo de dirigir uno de los dos equipos (el otro es River) todavía invictos en el campeonato.  ¡Que siga así por el bien de los leprosos!

El ejemplo de un colectivero

A muchos argentinos que viajan al exterior siempre les sorprende la amabilidad de los choferes del servicio público de distintas ciudades,  un fenómeno que a partir del comienzo de los cambios en el transporte urbano local comienzan a observarse también en estas latitudes. El colectivero ya no corta ni cobra el boleto y sólo se limita a manejar, un notable avance en la calidad laboral de los trabajadores del transporte. Y eso se nota. Ayer, exactamente a las 10.12 de la mañana, en la esquina de San Lorenzo y Entre Ríos, un colectivo demoraba en arrancar. Era el interno 98 de la línea 110. De inmediato se entendió el porqué. El chofer había descendido para ayudar a bajar por la puerta central a una mujer que viabaja en silla de ruedas. Debajo de la puerta, el conductor desplegó una rampa por la que la mujer pudo deslizar sin problemas su silla y llegar a la vereda. Una vez  que la pasajera discapacitada bajó, el chofer volvió a replegar la rampa. Todos miraban, nadie reclama por el tiempo empleado en la maniobra. ¡Buen ejemplo del chofer que cumplió con su deber!

Comentarios