Bob Dylan
Sábado 15 de Octubre de 2016

¿Qúo vadis,Nobel de Literatura?

Entre los amantes de las apuestas y los editores de joyas literarias que esperaban secretamente que el galardón fuera para alguno de sus autores no hay mucho que celebrar.

Muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando la Academia Sueca anunció el jueves que el Nobel de Literatura era para Bob Dylan: que el galardón más importante de las letras fuera a parar a manos de un cantautor resultaba impensable.

Así, mientras por un lado legiones de fans y artistas celebran que Estocolmo por fin haya descendido de sus elevados laureles, otros tantos se preguntan: Nobel de Literatura, ¿quo vadis?

Entre los amantes de las apuestas y los editores de joyas literarias que esperaban secretamente que el galardón fuera para alguno de sus autores no hay mucho que celebrar. La "broma" de la Academia no es buena para el negocio. Como mucho, se venderán mejor las biografías y memorias de Dylan, pero no habrá repunte entre las obras de sus prestigiosos escritores.

¿Qué le ha pasado al jurado del Nobel? ¿Está tratando de hacerse el interesante con una decisión llamativa? ¿Se está haciendo el gracioso? ¿O, tildado con tanta frecuencia de arrogante y resabido, ha decidido de pronto sumarse a la corriente de los tiempos?

Ya fuera con el chino Gao Xingjian o el egipcio Naguib Mahfuz, en no pocas ocasiones el lector medio tuvo que servirse de ayuda para enterarse de quién era el galardonado. A Dylan, en cambio, lo veneran millones de fans.

Así, la Academia seguramente se hizo eco del clásico de Dylan "The Times They Are A-Changin": los tiempos están cambiando. Desde el año pasado, por primera vez una mujer —Sara Danius— figura al frente del gremio. Y aunque los observadores no creen que esta profesora universitaria de estética, amante de la cocina y la cerámica y ex croupière en un casino de Estocolmo, haya insuflado nada nuevo, sí parece haberse tomado en serio lo que repitió cuando asumió: que quien gane el Nobel debe haber renovado la literatura.Otros más agoreros predicen que con la "chistosa" decisión, la reputación del Nobel de Literatura entra en decadencia.

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