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Sábado 08 de Mayo de 2010

Qué puede hacer la escuela frente al abuso sexual infantil

Marcas en el cuerpo, cambios de conducta y de estados de ánimo son algunos de los llamados de atención que pueden alertar a los docentes sobre posibles casos de abuso sexual infantil. Especialistas de distintos ámbitos coinciden que los docentes bien pueden responder a estas advertencias, pero no solos. La ley nacional de educación sexual integral dedica un apartado a la problemática y obliga a prestarle atención desde la escuela.

Marcas en el cuerpo, cambios de conducta y de estados de ánimo son algunos de los llamados de atención que pueden alertar a los docentes sobre posibles casos de abuso sexual infantil. Especialistas de distintos ámbitos coinciden que los docentes bien pueden responder a estas advertencias, pero no solos. La ley nacional de educación sexual integral dedica un apartado a la problemática y obliga a prestarle atención desde la escuela.

Los casos de abuso sexual infantil ganan las tapas de los diarios, como los difundidos recientemente del niño de San Lorenzo atacado por un compañero mayor en su propia escuela o aquel ocurrido en una comunidad religiosa local. Aquí el papel de los educadores y la escuela son claves. “Uno de los lugares en donde se pueden detectar casos de abuso sexual infantil es en los establecimientos educativos”, dice Jorgelina Rumene, abogada y miembro de la Dirección General de Infancias y Familias Municipal, un área que trabaja sobre distintos casos de vulneración de los derechos de la infancia.

Las horas que la maestra pasa con los niños son muchas veces el primer nivel de percepción donde esta problemática sale a la luz. “Habría que ver cómo los docentes, con la posibilidad que tienen de entablar un vínculo de confianza con los chicos, pueden llegar a escuchar de manera literal lo que les pueden estar diciendo, y también mediante trabajos que puedan advertir posibles riesgos de abuso”, puntualiza Rumene. Sugiere que de ahí en más la docente no quede sola para hacerse cargo de esta situación: “Es allí —dice— donde debe hacerse contacto, si la escuela no tiene espacios interdisciplinarios, con organismos con los cuales articular y seguir el caso del chico abusado”.

Paola Cocconi, psicóloga e integrante también de la Dirección de Infancias rosarina, aporta un dato revelador: en la gran mayoría de los casos, los abusos ocurren en el ámbito familiar. “Por eso —remarca— lo esencial para las escuelas es dar lugar a la palabra y generar condiciones de confianza a los niños, de lo contrario es muy difícil que cuenten una situación así”.

Romper el silencio

“Muchos chicos se dan cuentan de que algo no está bien, se sienten incómodos, pero a veces no saben cómo expresarlo o son amenazados para que se mantengan en silencio”, dice la psicóloga Gabriela Scarafioca, del Instituto Vínculo.

Tanto Cocconi como Scarafioca remarcan que si bien hay situaciones como marcas en el cuerpo, cambios de conducta y estados de ánimo de los chicos que pueden alertar a los docentes sobre una anomalía, en realidad deben ser contextualizados según cada caso, ya que no todos los niños reaccionan y se expresan de la misma manera frente a un abuso. Lo importante, aportan las profesionales, es que al detectar estas huellas físicas y psicológicas, la escuela sea un espacio que genere confianza en el chico para romper ese silencio impuesto por el abusador.

Educación sexual

Sancionada en octubre de 2006, la ley nacional de educación sexual integral abre el camino para abordar en las aulas diferentes temáticas vinculadas con la sexualidad y el cuidado del cuerpo. Lo hace a través de una serie de lineamientos curriculares, aprobados por todas las provincias en 2008.

En el texto se hace referencia a la necesidad de “promover aprendizajes de competencias relacionadas con la prevención de las diversas formas de vulneración de derechos: maltrato infantil, abuso sexual y trata de niños”. Incluso establece la importancia de “identificar conductas que denoten abuso de poder en general y abuso sexual en particular de los adultos en las distintas instituciones”. También apunta a que los chicos tengan la posibilidad de comunicar sus temores y pedir ayuda a adultos responsables en situaciones de vulneración de derechos.

Miembro del equipo interdisciplinario que asesoró al Ministerio de Educación nacional en la confección de estos lineamientos curriculares, la educadora Graciela Morgade sostiene que “lo central es que en la escuela haya espacios de confianza y preservados para poder hablar de temas difíciles”.

Agrega, sin embargo, que “la escuela no es el lugar para atender y hablar de la intimidad, sino una caja de resonancia de estas problemáticas sociales”. Explica así que al identificar posibles casos de abuso, es vital que los docentes no se sientan solos, sino que la escuela trabaje en coordinación con centros de salud, hospitales, defensorías de la niñez y hasta dependencias judiciales.

Es que para Morgade no son pocas las veces que los docentes al abrir la puerta para hablar de temas de vulneración de derechos, se sientan solos frente a un problema que los supera. Destaca que “así como el Estado tiene que garantizar que los contenidos de la educación sexual estén en la escuela, también tiene que garantizar una política pública integral, articulada con otros efectores del Estado responsables, algo que lamentablemente en muchas provincias no esta pasando”.

 

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