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Domingo 04 de Mayo de 2014

¿Que vuelva la “colimba”?

Se podría agregar que estos trasnochados dirigentes omiten en su iniciativa el recuerdo del soldado Carrasco, asesinado en los “bailes” de sus añoradas “colimbas”.

El antediluviano proyecto de restaurar el servicio militar obligatorio que circuló por estos días reavivó una de las peores cuerdas de una sociedad que tiene mucha deuda social que resolver: el de la hipocresía. Antes fue el ex diputado sojero de Salta Alfredo Olmedo quien, proclive a las camperas amarillas y a las campañas “moralizadoras y nacionalistas” lanzadas desde discotecas porteñas, sugirió un servicio en las Fuerzas Armadas para hombres y mujeres con el fin de enderezar sus ambiciones (sic). Este dirigente quería seis meses para chicos y chicas con el fin de aprender a empuñar armas y donar ese tiempo a tareas comunitarias. Luego vino el mítico dirigente de Villa Gobernador Gálvez Pedro González, quien desde una diputación propuso algo parecido. Ahora, el non plus ultra de los barones del conurbano bonaerense Mario Ishii descerrajó la iniciativa desde su banca de la provincia de Buenos Aires.

No deja de ser un contrasentido que todos los que ven en los cuarteles la solución para acabar con la inseguridad, la falta de educación o la salud (para eso dicen que serviría la idea) sean aquellos que vienen viviendo desde hace décadas de la política, lugar y herramienta necesaria y primordial para abordar lo que critican. Ni hablar de Ishii, que representa el peronismo que en los últimos 25 años gobernó los destinos de la Nación. ¿Un discípulo de Perón que representa al partido que gestionó un cuarto de siglo de los 30 de democracia se queja de que la política no pudo dar inclusión a los jóvenes? Eso se parece bastante a escupir hacia arriba y confesar la torpeza o ignorancia en la función pública.

Se podría agregar que estos trasnochados dirigentes omiten en su iniciativa el recuerdo del soldado Carrasco, asesinado en los “bailes” de sus añoradas “colimbas”. De paso, ese vocablo, colimba, no significa otra cosa que las humillantes tareas de correr, limpiar y bailar. Todo un repertorio de modernísimo modo de inclusión, por cierto. Sin embargo, de este ex intendente de un poco más de 50 años de edad que pasó la mitad de su vida viviendo de cargos públicos (en el duhaldismo, al lado de Aldo Rico y ahora en el kirchnerismo) uno no espera demasiado más. Lo extraño deviene de la sociedad civil y de su reacción frente a la idea.

Una encuesta telefónica encargada por una repartición de la Presidencia de la Nación (que se opone terminantemente a la idea) sobre 4.600 casos en los seis centros más urbanizados del país (incluido Rosario) arroja escalofriantes resultados: el 70 por ciento de los consultados está a favor de la vuelta de los cuarteles como principio general. Allí se engloban los que creen directamente que la instrucción militar debe regresar (35 por ciento) y los que piensan en salidas más sociales o comunitarias, pero siempre en los cuarteles. El mismo porcentaje de siete sobre 10 cree que de esta forma se combatiría la inseguridad y el consumo de drogas y, atención, el 58 por ciento cree que una situación de padecer el peso de las órdenes de esta actividad, aún con algún reproche de autoritarismo, es “útil para modelar el carácter respetuoso de los jóvenes”.

Algo habremos hecho mal para saber que más de la mitad de los sondeados no se preocupa tanto por la desviación de la autoridad como por remediar a cualquier costo las justificadas preocupaciones por el narcotráfico y la inseguridad. No aparece reflejado en estas encuestas si los que responden ahora a favor de la colimba no son los mismos que en las épocas de servicio militar obligatorio pagaban de manera corrupta a médicos e incluso uniformados para que sus hijos evitaran la conscripción por deficiencias físicas fraguadas.

Es que el nivel de hipocresía de la dirigencia se refleja en los mismos ciudadanos que los mandatan para que los representen. Podrá haber exacerbaciones, pero la base es siempre la misma. Y semejante plataforma de discusión aborta asumir alguna solución en serio a otros temas. ¿Hay modo de plantear con sinceridad el tema de la pobreza con una sociedad representada por dirigentes que reclaman el regreso del servicio militar? ¿Cuál es el estándar de chicana y cortinas de humo que se usa con estos temas para ocultar los que de verdad importan?

Afortunadamente la iniciativa paleozoica de uniformes para todos y todas las personas de 18 años no quedará más que en el deseo de un legislador bonaerense que se atreve a expresar lo que, parece, sienten muchos. Pero no por convicción política, sino por incapacidad económica de habilitar las escuálidas estructuras castrenses relegadas a modestos sostenedores de los aspectos edilicios de los cuarteles. El ahora legislador del FpV Mario Ishii recibió un informe en su despacho que da cuenta de que, sólo en hipótesis, haría falta tanto dinero como el que reparte discrecionalmente un intendente de su provincia para reabrir las casernas y regimientos con el fin de restablecer la colimba. Este hombre de poncho salteño sobre sus hombros supo que su idea está condenada al fracaso. La autoritaria manera de encausar a los jóvenes (sic) no vuelve por falta de dinero y temor a seguir haciendo demagogia y politiquería entre los inquilinos del poder. No por falta de ganas.

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