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Martes 08 de Diciembre de 2015

Que se vayan todos y no quede ni uno

Está visto que los principales dirigentes del fútbol argentino no pueden organizar ni una fiesta de cumpleaños.

Está visto que los principales dirigentes del fútbol argentino no pueden organizar ni una fiesta de cumpleaños. Si andan a las vueltas para fijar una fecha y zurcir con dignidad el espectáculo dantesco que dieron el jueves pasado, que Dios nos libre y guarde cuando tengan que decidir cosas realmente importantes. Pero como hace rato que la AFA es un universo insondable en el que todo puede pasar, ya nada de lo que sucede asombra. Ni siquiera observar que desgraciadamente haya que darle la razón a Rodolfo D’Onofrio por una declaración desafortunada de hace unos meses. Fue el único dirigente que la supo lunga antes del papelón en la fallida votación. En aquel momento el presidente de River, hoy hombre identificado con el ala tinellista y que ayer participó de la reunión entre ambos bandos, fue directamente al hueso. Utilizó una metáfora en la que dio a entender que había que dinamitar a la AFA para reducir a escombros los ladrillos del grondonismo y así empezar a edificar una casa madre más ventilada y menos contaminada de gente a la que lo único que la moviliza es seguir ocupando espacios de poder. Y a la que no le interesa la causa. Pero esa nueva AFA sólo será posible si se van todos los que están. Hay que descabezarla desde la raíz y partirla desde el tronco. Basta de esos sellos de un caudillismo decadente que representan lo más patético del estado de podredumbre que dejó el legado de Grondona. Hay que pasar a retiro a esos representantes del sindicalismo y otras corrientes nefastas que deberían estar desfilando por tribunales. Y, mal que le pese a quien escribe estas líneas, ya tampoco hay lugar para Marcelo Tinelli tras la votación del jueves pasado. No porque el conductor de TV sea la cara más recalcitrante de una política que huele a rancio, sino porque su discurso renovador no logró escapársele a la onda expansiva. Tinelli está lejos de ser un dirigente en retirada. Pero quedó aplastado en el intento de darle un marco de institucionalidad a una AFA que realmente merece ser intervenida por el Estado.

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