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Lunes 14 de Enero de 2008

Que pase el que sigue

Detesto los trámites, siempre tediosos. Por suerte las interminables colas en los bancos para cobrar el salario o pagar impuestos han mermado de la mano de la bancarización. Seguramente, el cambio no fue gratis, pero la sensación, como la térmica, es de avance. Claro, hay bolsones o mochilas que siguen pesando mucho. Mejor no atrasarse en los pagos, o no tener que lidiar con una tarjeta de crédito porque la cosa se complica. La espera que antes se hacía en la cola ahora muchas veces se padece en el teléfono...

Detesto los trámites, siempre tediosos. Por suerte las interminables colas en los bancos para cobrar el salario o pagar impuestos han mermado de la mano de la bancarización. Seguramente, el cambio no fue gratis, pero la sensación, como la térmica, es de avance. Claro, hay bolsones o mochilas que siguen pesando mucho. Mejor no atrasarse en los pagos, o no tener que lidiar con una tarjeta de crédito porque la cosa se complica. La espera que antes se hacía en la cola ahora muchas veces se padece en el teléfono.

   Pero para no ser injustos vale recordar la facilidad con que se pudo concretar la opción jubilatoria para migrar de una Afjp rumbo al régimen de reparto estatal. Todo prolijito, por Internet. Sólo ir hasta una sucursal del correo y listo. Increíble. Se puede.
Evidentemente el tema le interesó al gobierno y ahí no hubo que llenar planillas, legalizar múltiples papeles, volver a la cola y presentar un sinnúmero de comprobantes.

   Pero tampoco toda la culpa se la lleva el Estado. Me gusta mucho nadar, lo hago regularmente. Por ende debo tener mis certificados de salud al día. Ante un nuevo año tomé valor y afronté el trámite. Y una vez más me pregunté: ¿por qué esto es un trámite? ¿Por qué la revisación y firma del médico y odontólogo no tiene valor? ¿De qué sirven sus matrículas? ¿Por qué miles de rosarinos constantemente deambulan entre los colegios de odontólogos y de médicos en busca de las ya famosas estampillas o ahora los modernos formularios con estampilla ya impresa? ¿Por qué comprarlos cuesta en total casi 10 pesos? En la temporada, para la pileta; durante el año, para la escuela; también para el carné de conducir y más. ¿Loco, no?
   De más está decir que me parece correcto que la gente deba ser revisada y los profesionales den cuenta del estado de su salud para, por ejemplo, ingresar a una pileta de natación. Pero por qué todo lo demás.
   Algo molesta de todo eso, además de la pérdida de tiempo haciendo colas. Ahí no hay banco de datos, ni internet, ni nada. Cada uno en la fila ante una empleada que entrega un papelito y da indicaciones sobre legalizaciones, y anuncia el precio. Y lo último, en el Colegio Médico hasta entregan uno con vencimiento, por la temporada. “Y este, ¿es una novedad”, pregunté cuando me entregaron un certificado en formato carné, válido hasta marzo. “Sí, es así. Que pase el que sigue”, dijo la señorita. Caminé hasta la puerta y volví. “Perdón, yo nado todo el año”. “Bueno _se quejó_, está bien, tome el otro”. Sorprendida, extendí mi estado de salud actual para todo el año. Y claro, se despidió con un clásico: “Que pase el que sigue”.

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