Docentes
Sábado 01 de Octubre de 2016

Qué pasa con la educación sexual integral

Cómo se implementa hoy la norma que es obligatoria para todos los niños, niñas y jóvenes del país.

A partir de la sanción de la ley 26.150 de 2006, que creó el Programa Nacional de Educación Sexual Integral (ESI), las y los docentes de nuestro país tenemos la responsabilidad y, a la vez, la oportunidad de enseñar educación sexual a nuestras niñas, niños y jóvenes. Un hecho político y cultural significativo, un importante hecho social que implicó por parte del Estado una política tendiente a la promoción de una educación para una sexualidad responsable desde una perspectiva de género que incluye la diversidad sexual. La ley busca garantizar el derecho de estudiantes de todo el sistema educativo a recibir "educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada" de todas las jurisdicciones. El Consejo Federal de Educación dicta la Resolución 43 de 2008, donde se establecen los Lineamientos Curriculares para la Educación Sexual Integral. Se definieron así abordajes específicos y transversales que atraviesan todas las asignaturas de los niveles inicial, primario y secundario.
   Pasaron diez años de la citada ley. Diez años.
   Nuestras transformaciones legislativas han marcado un rumbo delante de nuestros pies, mucho más adelante de las preguntas que apenas se oían en algunas voces. La ley de Educación Sexual Integral en 2006, la de matrimonio igualitario en 2010, la de identidad de género en 2012. En poco tiempo el camino de la ampliación de derechos se abrió, claro y concreto, aunque no tan dinámico como hubiésemos querido. La maravillosa discusión acerca del matrimonio y el alcance de ese derecho por parte del colectivo LGTB fue seguido por todas y todos, pero los alcances de esas discusiones se fueron diluyendo en la medida que los festejos se apagaban y que las banderas blancas y amarillas de los sectores más rígidos del catolicismo volvían a lo cotidiano. Quedó así el terreno de la conversación en un eco que esperaba ser retomado para garantizar la transformación cultural necesaria, y el tiempo parece haber diluido algunas resonancias aún necesarias.
Territorios y tensiones
Podríamos entonces a partir de esto citar territorios y tensiones. El territorio de lo legislativo, el territorio de lo cultural y el territorio de la escuela. La legislación abrió y amplió un camino de derechos y oportunidades e invitó a que las conversaciones al respecto se multipliquen y se traduzcan en hechos concretos. La cultura social sostiene patrones hegemónicos y heteronormativos que la "tranquilizan" y se reproducen en los medios masivos de comunicación, en los discursos que se sostienen en las mesas del café y en los vestuarios de los clubes. Y la escuela... la escuela como un tercer territorio que estereotipa los discursos sociales y los traduce en sus láminas, paredes, palabras alusivas a actos escolares, notas a la "señora mamá" o firmas requeridas a los "señores padres". Territorios en tensión que recorremos a diario. Nuestras leyes se develaron contraculturales, y es esa contracultura la que requiere ser encarnada por las y los docentes en las aulas. Y a eso nos invita la ESI. Y más que invitarnos nos da el marco legal que nos avala. Y aún más: nos marca el deber de garantizar a nuestras y nuestros estudiantes los aprendizajes transversales, secuenciados y necesarios para cada etapa.
   Al empezar esta nota de opinión hablábamos de políticas de Estado, en otro momento se recordaban las discusiones parlamentarias y sus resonancias. Fueron las políticas de Estado las que favorecieron las discusiones. Las discusiones de nuestros representantes fueron las que habilitaron a su vez el tema entre pasajeros y taxistas. Un tema al parecer tan de algunas y tan de algunos, que tantas veces se redujo al chiste fácil y al estereotipo televisivo estaba en la calle siendo conversado.
 El Estado posibilitó un cambio que venía siendo militado desde hacía décadas, con compañeras y compañeros que habían puesto voz y grito, cuerpo entero, y que se habían llevado consigo golpes, desapariciones y detenciones. Ahora estaba siendo puesto sobre la mesa por las mismas instituciones democráticas que nos gobiernan.
   Pasó una década de la ESI.
Despidos y abandonos
Si este año se despidieron a muchas de las personas que conformaban el programa de ESI a nivel nacional, si ya no se imprimen materiales y no se llevan a cabo las formaciones, registros y monitoreos que el programa desarrollaba desde el Ministerio de Educación de la Nación para todo el país. Si todo se reduce a una o dos actividades, a un par de jornadas aisladas en una u otra provincia, si ya no se secuencian acciones de manera coordinada y progresiva ni se piensan intervenciones que vayan permitiendo atender a la realidad actual de cada jurisdicción. Si las propuestas en las escuelas se reducen a las intenciones personales y particulares de cada docente; si las y los docentes que se proponen trabajar los contenidos de la ESI son aquellas y aquellos que antes de 2006 ya se proponían romper con lo esquemático de formarse en hileras de varones y mujeres, o destinaban espacios de reflexión en torno al concepto de familia o habilitaban el elástico a los varones y la pelota a las mujeres... Entonces, hoy, ¿dónde está el Estado en relación a la Educación Sexual Integral? ¿Dónde encuentran nuestras maestros y maestros la posibilidad de llevar la contracultura legislativa al aula para desandar estereotipos y habilitar construcciones nuevas? ¿Cuánto y cómo se implementan los contenidos de la ESI en nuestras instituciones educativas? ¿Quiénes garantizan el derecho de las y los estudiantes estipulado por la ley? Si vemos a diario noticias de maltrato hacia las mujeres, de acoso escolar, de golpizas a adolescentes por desplegar un modo distinto de "lo femenino" o "lo masculino", de discriminación a parejas que demuestran sus sentimientos públicamente. Si volvemos a enterarnos una vez más que un joven se quita la vida por el maltrato que recibe por su orientación sexual y afectiva. Si este presente nos devuelve que las tensiones de los territorios de los que reflexionábamos se han polarizado más aún... Entonces algo se está dejando se lado, hay un espacio que se está deshabitando y se lo va desproveyendo de sentido y de contenido. Y no da lo mismo.
Quiénes se ocupan
Hoy las acciones concretas que debería desplegar el Estado para garantizar las leyes y a su vez avanzar en su traducción en transformaciones culturales están siendo tercerizadas, en algunos casos a través de fundaciones que desarrollan alguna que otra acción episódica y suelta. Podríamos decir que hoy, quienes sí sostienen la posibilidad de intervenir en las instituciones educativas son algunas agrupaciones como Educación por la Diversidad (colectivo de docentes que se autoconvoca en torno a esta temática) o asociaciones que se vinculan al trabajo sobre perspectiva de géneros y/o sobre diversidad sexual. Y los sindicatos, claro. La Ctera (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina) y sus sindicatos de base despliegan seminarios, intervenciones, acciones sobre ESI a lo largo de todo el país y atendiendo a las necesidades de cada jurisdicción en particular.
   Ya no es importante, ahora es imprescindible trabajar los contenidos de la ESI. Es urgente desarrollar acciones que nos permitan pensarnos en nuevos modos de ser varones y mujeres, incluso de superar los binomios reduccionistas; es necesario ampliar la mirada sobre la sexualidad y entender que la diversidad es la oportunidad de configurar nuestra identidad en diálogo con otras y otros. Siempre lo hemos dicho pero hoy es una bandera que hay que alzar más que nunca: La visibilidad libera y la educación transforma.
   (*) Responsable del Area de Educación y Diversidad Sexual de Ctera y referente de UTE Diversidad.
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