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Sábado 13 de Junio de 2015

Qué hacer ante los casos de abuso sexual a niños y niñas

La necesidad de brindar  protección a los más pequeños. La escuela no puede permanecer ajena frente al delito.

Tanto el maltrato como el abuso sexual siempre han estado invisibilizados en una sociedad patriarcal y sexista que tiene a la familia como el paradigma de protección del niño. Pero sucede que muchas veces el maltrato y el abuso ocurren dentro de la familia, en la escuela o en lugares donde se supone se debe proteger a las niñas y niños.
  Históricamente, el maltrato y el abuso estaban totalmente naturalizados. Años atrás el castigo físico disciplinario de un niño se veía como normal, se les pegaba “supuestamente” para educarlos. Tampoco se consideraba el abuso emocional y psicológico como algo importante. En los últimos años, a partir de las luchas de movimientos de defensa de los derechos humanos y de la ley de protección integral de la infancia, se fue generando conciencia social acerca de la gravedad de estos delitos. Por eso aumentó el nivel de denuncias y también se empezó a tener en cuenta el maltrato emocional.
  Dentro de las voces que se escucharon en estos días acerca de lo acontecido en la Escuela Nº 1.318 se ha dicho que “no se trató de violación sino de abuso” como si eso disminuyera la gravedad del hecho y el sufrimiento psíquico del niño víctima de la agresión. ¿Desconocen los colegas que sostienen tal posición que el abuso sexual en la infancia es un grave traumatismo que arrasa la subjetividad infantil?

Sostén necesario. Dentro o fuera de la escuela, sólo la denuncia, la sanción y una actitud de fuerte sostén y protección de parte de la institución y sus docentes, junto al acompañamiento familiar puede ayudar a cicatrizar las heridas sufridas.
  Los adultos deben conservar un lugar ético de protección del niño, protección que incluye no exponerlo ni revictimizarlo de forma alguna. Y esto incluye también el tratamiento que los medios hagan del hecho.
  La escuela, primer espacio público que los niños transitan, no puede permanecer ajena ni silenciosa frente al delito. En nuestro país en ocasiones pareciera que la solidaridad, el respeto y el reconocimiento son considerados valores de riesgo. En cambio proliferan los aspectos más egoístas, narcisistas y desubjetivados de la relación con el otro. La meta es la salvación individual. Tal vez sea debido a esto que ahora vemos padres violentamente enfrentados entre sí y niños y niñas que sostienen que muchas veces recurren a sus maestros, sin ser escuchados.
  Esto da curso a modos violentos y homicidas de nuestra sociedad. También cabe destacar que la indiferencia ante el dolor o el padecimiento del otro es otra forma de violencia. Es obvio destacar que la pobreza, el desempleo, la falta de condiciones de una vida digna, colaboran a generar modos brutales en la vida de relación.
  ¿Qué es lo que en la trasmisión intergeneracional ha fallado para que no se instale el registro del sufrimiento que puede ocasionársele al otro? ¿Qué es lo que ha ocurrido para que no se experimente la ternura que es la base del sujeto social?

Respeto por el otro. El problema de la construcción de legalidades pasa por la posibilidad del respeto y reconocimiento hacia el otro, y por la forma en que se define el universo del semejante. Debemos entender que lo que hoy ocurre tiene que ver con una cultura que durante años propuso el “no te metas” mientras se asesinaba al semejante; que se continuó después en un individualismo de “salvarse solo, a costa de lo que sea” convertido en un principio de vida y en una cultura donde la estafa, como forma de picardía, se convirtió en modelo social.
  Recordemos que la culpa es del orden de la sanción interior por el daño ejercido ante un tercero. En hechos como el que hoy abordamos, lo que falla son los enlaces amorosos con el semejante. El otro entonces pasa a ser alguien plausible de ser aniquilado, lastimado, agredido, utilizado como objeto de goce. Es un pasaje directo al ejercicio de la destrucción o del intento de destrucción del otro.

Intensificar cuidados. También cabe señalar la necesidad de que la escuela pueda intensificar ciertos cuidados sobre los niños más pequeños. Es fundamental trabajar con toda la comunidad educativa este suceso, incluidos los niños, para marcar las legalidades que rigen la vida en la sociedad y que han sido quebradas por este siniestro hecho.
  Debemos ayudar a nuestros niños y niñas a recomponer su ciudadanización, es decir su condición de seres subjetivados en el interior de una sociedad que los reconozca. Como adultos tenemos la obligación de reconstruir el pacto intersubjetivo que garantiza la continuidad de la sociedad e impide que nos matemos unos a otros como en una horda primordial.

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