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Miércoles 13 de Junio de 2012

¡Qué fenómeno Tinelli!

Aquí, allá y en todas partes, sobre todo en las redes sociales, se preguntaban por qué Tinelli, en su regreso a la televisión, había rebasado los 40 puntos de rating. Y lo hacían como si el número fuera extraño, cuando no lo es. Como si hubieran bajado de un plato volador.

Aquí, allá y en todas partes, sobre todo en las redes sociales, se preguntaban por qué Tinelli, en su regreso a la televisión, había rebasado los 40 puntos de rating. Y lo hacían como si el número fuera extraño, cuando no lo es. Como si hubieran bajado de un plato volador.

Hace años que Tinelli, cada vez que vuelve a la televisión, logra altísimas mediciones de audiencia. Lo hace con naturalidad, como si no necesitara esforzarse. Acaso con mirar a su alrededor, elegir el éxito del momento, sacar la billetera y comprarlo, le baste.

Y es así porque la base está. Las condiciones objetivas para que un programa como el suyo acapare el gusto popular están dadas. La realidad argentina, desde que en 1990 VideoMatch irrumpió en la televisión, acompañó el proceso de crecimiento y consolidación del "fenómeno Tinelli".

1. La cultura menorista: el primer tramo de la carrera de Tinelli, desde que apareció en la pantalla y se convirtió en el "rey del rating", acompañó los diez años de presidencia de Carlos Menen y el proceso de liberalización de la economía y la destrucción de la escuela pública que alentó el gobierno del riojano.

2. La mano de Dios: el gol que convierte Maradona a la selección inglesa en el Mundial de México, donde la Argentina gana el título, legitima la "viveza criolla", o lo que es lo mismo, avala la corrupción para lograr el éxito. Tinelli reafirma la idea al sumar a Maradona a su programa.

3. Las pastillas del abuelo: el gobierno narcótico de Fernando de la Rúa sume en un sopor alucinado al país, que no quiere despertarse del sueño menemista del "uno a uno". Tinelli se mofa de la situación, que es ciertamente trágica como lo demostraron la muertes el día de la caída del gobierno, y se ríe del presidente y de su investidura.

4. La cultura del "deme dos": surgió durante la dictadura, cuando Martínez de Hoz era el ministro de Economía, y se repitió varias veces después, tanto que se convirtió en una marca que identifica a los argentinos en el mundo. Tinelli la encarnó y compró el formato de Bailando por un sueño y a las figuras más taquilleras para armar sus elencos.

5. La era de la crispación: la dialéctica amigo-enemigo que propuso, como lo hizo en política Néstor Kirchner y luego continuó algo atenuada Cristina Fernández, generó un estado de nerviosismo en el que la confrontación, la pelea, la disputa se extendió en la sociedad. Tinelli la llevó a su programa, en forma de jurado de mediáticos en pie de guerra.

Los más de 40 puntos de rating que marcó en su regreso a la pantalla son la culminación del largo y sinuoso camino que transitó Tinelli para llegar donde está. En la versión 2012 de su ShowMatch están todos y cada uno de los trucos que lo llevaron al éxito remozados, maquillados, claro, pero presentes al fin.

La frivolidad, el derroche, la ostentación que para el héroe de la clase trabajadora, que cada día se levanta, se monta en el colectivo y gasta sus pocas fuerzas en el trabajo, son la consagración de uno de sus pares: el pibe de Bolívar que llegó con una mano atrás y otra adelante a conquistar Buenos Aires, aunque en realidad es todo lo contrario.

Es la nada misma, la celebración de la acumulación de riqueza en forma de gran espectáculo, con 300 bailarines, efectos visuales de última generación y un despliegue de vestuario donde lo más importante es el traje que luce Tinelli, del más exclusivo de los diseñadores, y que su elección fue uno de los puntos más altos.

El spot de apertura, fiel al estilo de ShowMatch, no es arte sino una parodia del arte, en este caso del de Tarantino en "Tiempos violentos", como años atrás había sido "Help!" de los Beatles. Y reafirma la idea de que el hábito hace al monje, la de dedicarle un tiempo preciado, más en televisión, a la elección que hace Tinelli del saco que usará en la gran noche.

Después está el jurado, armado por parejas antagónicas, en las que la que integran Moria Casán y Antonio Gasalla es el paradigma de la búsqueda de atención a través del escándalo, el ABC del amarillismo televisivo. Ambos, grandes estrellas, no sólo están distanciados sino que llevaron su pelea a la Justicia. Crispación garantizada.

Y por último, la política, que tan buenos dividendos le dio a Tinelli. Este año está puesta en escena a través de Florencia Peña y sus "panquequeras", la actriz que más fervorosamente defendió el "modelo K" y que ahora se erigió en la carta de triunfo del "monopolio" en la guerra del rating con Telefé.

La mesa está servida y las razones del suceso de la vuelta de Tinelli expuestas con la más absoluta obscenidad. Es difícil que la tendencia, marcada claramente en los trend topics de Twitter, cambie. Al menos no mientras la sociedad, sus valores, su corazón, no cambien. Y por ahora no hay indicios de que eso suceda.

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