Edición Impresa
Miércoles 29 de Julio de 2015

Que el límite no sea la tragedia

Los denominados “termos” (término popular para definir a los fundamentalistas del fútbol) también están en otros escenarios temáticos.

Cuál es el límite de la desmesura colectiva que tiene como único medio de expresión a la violencia? ¿Cuál es la frontera de un comportamiento enfermizo que ubica a la intolerancia como única vía de comunicación? ¿Cuál es el propósito real de los sicarios cibernéticos que pululan en las redes sociales o comentan en los diferentes portales descargando su furia verbal inconducente y banal desde la cobardía del anonimato? ¿Cuál es el objetivo de grupos que espasmódicamente se movilizan pintando y rompiendo a su paso como dejando el sello de su actitud anárquica y beligerante? ¿Será acaso la tragedia el descenlace que se pretende sin haber aprendido aún de las consecuencias irremediables que dejaron otras ya padecidas?
 
Resulta incomprensible decodificar el esfuerzo autodestructivo puesto de manifiesto por aquellos que exigen remediar el error de otros generando mayor dislate.
 
Si bien esta patología social se hace más notoria en el marco del fútbol, no es exclusiva.
 
Porque los denominados “termos” (término popular para definir a los fundamentalistas del fútbol) también están en otros escenarios temáticos. Sería oportuno que la sociedad en su conjunto, que está atavesada por esta enfermedad virulenta, genere los anticuerpos necesarios. Tal vez con educación y sentido común se comience a realizar el tratamiento oportuno.
 

Comentarios