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Viernes 04 de Julio de 2014

Que el juego sea sólo lo divino

Hasta los grandes campeones cuentan con una cuota importante de suerte, pero cualquier abuso resulta contraproducente

Que lo divino sea el juego, la sobriedad, el despliegue, el funcionamiento, la circulación de la pelota, también la verticalidad, el juego asociado, el convencimiento de que se puede jugar mejor, el fútbol propiamente dicho. En definitiva, que no todas las responsabilidades recaigan sobre el enorme Lionel Messi y su ladero Angel Di María. Que algo cambie. Es que, suele suceder, hasta los grandes campeones cuentan con una cuota importante de suerte, pero cualquier abuso, generalmente, resulta contraproducente. Y no siempre se podrá estar a expensas de algún acto divino.

Paréntesis ahí: ya roza lo burdo la presencia del Papa Francisco. Un poco está bien, pero parece demasiado. No vaya a ser cosa que si hay vuelta olímpica los mayores lauros se los lleve el hombre de la sotana blanca y no los  portadores de la celeste y blanca a bastones. Seguramente debe haber cosas más importantes (un mero ejemplo: en el noreste argentino hay casi 20 mil damnificados por el desborde de un maldito río que ninguna mano mágica logró  detener) por las cuales ¿actuar? Los argumentos futbolísticos deben ser robustecidos, porque individualidades sobran. No hay otro camino. Es el que deben transitar ellos, los verdaderos protagonistas, los que están obligados a lograr que el gran acto divino de jugar mejor para no sufrir tanto se genere de las líneas de cal hacia adentro.

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