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Sábado 31 de Octubre de 2015

Qué educación con Macri

Las chances del candidato de Cambiemos de ganar las elecciones hace necesario revisar el escenario que vendría.

El sciolismo ganó las elecciones del último domingo, pero la buena elección del macrismo da chances también a éste. Se hace necesario escrutar, por tanto, qué educación podría ofrecer la coalición Cambiemos si llega a ser gobierno.

Es cierto que se trataría de un gobierno que debiera asumir su fuerte minoría en el Congreso, donde el Frente para la Victoria se aseguró mayoría amplia y propia en Senadores, además de primer minoría en Diputados. Desde ese punto de vista, está claro que si el macrismo jugara a cierta modificación de la actual modalidad de hegemonía de la educación pública y gratuita (lo cual, ciertamente, es de esperar de un candidato en cuyo equipo coexisten economistas ultraliberales como Melkonian o Sturzenegger), tendría que enfrentar severos cuestionamientos e imposibilidades a nivel legislativo.

De cualquier modo, hay dos modos en que, desde las ciencias sociales, podríamos analizar qué puede esperarse del macrismo. Uno es remitirse a su discurso explícito, sumamente ambiguo y variopinto en los últimos tiempos. Otro método, que ciertamente aparece como más apropiado, remite a lo que puede esperarse si se tiene en cuenta la trayectoria del candidato; pero no sólo la suya personal, sino la mayoritaria dentro del conglomerado político que lo impulsa, singularmente su partido (el PRO).

El "por sus frutos los conoceréis" evangélico es también un buen principio de indagación académica: analizar al macrismo por su posición ideológica objetivada en una cierta historia, es mejor que remitir a programas de gobierno —cosa que el candidato se ha cuidado de obviar—, o a declaraciones de ocasión.

Las repetidas referencias discursivas —estas sí, también reiteradas en los últimos tiempos— a "ir hacia el futuro", muestran claramente la decisión de clausurar las acciones de memoria y justicia sobre el pasado dictatorial. Desde este punto de vista, puede imaginarse que las políticas acerca de derechos humanos (al menos las referidas a su conculcación durante la dictadura) han de ser suprimidas, igualmente que los desarrollos curriculares que actualmente remiten al tema. También es de esperar cambios retrógrados respecto de cuestiones como sexualidad, género, derechos reproductivos; no en vano el PRO tiene fuerte arraigo en sectores activos de la Iglesia Católica, y se ha denunciado que en algunos templos —en sus edificios colindantes para reuniones— ha habido sesiones donde se llamaba a votar por Cambiemos (obviamente, esto no significa que no haya sectores de la Iglesia institucional y también amplios segmentos del laicado que han optado o van a optar por el otro candidato en la segunda vuelta, y que también lo han votado en la primera). Dentro de esta impronta ideológica ultraconservadora puede entenderse el nombramiento, en su momento, de Abel Posse como ministro en la CABA, quien fue quitado del cargo en menos de dos semanas por la resistencia y molestia que en la ciudadanía produjeron sus declaraciones.

Presupuesto.PUNCTUATION_SPACEAdemás de la caída de contenidos curriculares progresistas, cabe esperar otra caída: la del presupuesto. No ha sido muy generoso en Ciudad de Buenos Aires, pero menos aún puede esperarse de un espacio donde milita Patricia Bullrich. Esta no trepidó EM_DASHcuando era ministra de De la RúaEM_DASH en bajar el sueldo el 13 por ciento a todos los empleados estatales, incluyendo los jubilados; es obvio que en sus modalidades de ejercicio político, muy bien pueden congelarse (o bajarse, en caso extremo) los salarios a los docentes y demás agentes públicos de la educación. Es de recordarse que el macrismo se constituye, en los hechos, como una cierta continuidad del delarruismo; muchos funcionarios son los mismos, tales los casos de Lopérfido, Lombardi, Sturzenegger, Patricia Bullrich, Rodríguez Larreta. Y cabe subrayar que en el gobierno de De la Rúa, cuando se creyó imprescindible un ajuste, se apeló (vía López Murphy) nada menos que a una reducción del 30 por ciento del presupuesto educativo. Sólo la intensa lucha social impidió que ello se consumara.

Cabe también recordar que durante el actual gobierno se bajó la edad jubilatoria a los docentes, y se estableció esa jubilación en el 82 por ciento del salario de los trabajadores activos. Nada garantiza que quienes se han opuesto a la estatización de las jubilaciones estén plenamente dispuestos a continuar con esta importante mejora laboral.

El privilegio de lo privado, dado la formación del candidato y sus colaboradores cercanos, es altamente esperable. Allí caben diversas medidas: agencias de evaluación tercerizadas para docentes e instituciones, becas a docentes para estudiar en institutos o universidades privados, facilidades para la creación de nuevas universidades de cuño empresarial, incluso la reaparición de la idea de arancelar carreras superiores de grado, o la de privatizar la gestión escolar al estilo chileno, de modo de subsidiar con vouchers a los alumnos para que estos financien a los establecimientos (el ex-ministro Narodowski participó de una experiencia parecida —escuelas "charter"— en la provincia de San Luis antes de ser funcionario macrista, lugar este último al que renunció por el caso de las escuchas telefónicas ilegales). Estas son sólo algunas de las acciones que están dentro del variado repertorio posible.

Campo Neoliberal. Por supuesto, nadie va a reconocer, en medio de la campaña, que tenga "in péctore" medidas de este tipo. Se dirá, quizá, todo lo contrario: no otra cosa puede esperarse de un candidato que está en el campo neoliberal, y decide inaugurar una estatua de Perón. Esa aparente muestra de pluralismo, es EM_DASHqué duda cabe, como gesto preelectoralEM_DASH no más que una manera de ensanchar la propia legitimidad a partir de la de los otros; es decir, de autoproveerse de una identidad que busca, desde allí, apropiar lo que pertenece a otras tradiciones, legados y esfuerzos.

Qué bueno sería que nos equivoquemos; si fuera el caso, para muchos argentinos sería motivo de regocijo, pues nuestra larga tradición de educación estatal, gratuita y obligatoria se vería gratificada. Ojalá no se levantara (o debilitara sutilmente de a poco) la Asignación Universal por Hijo, para que la concurrencia a clase se mantuviera, y los alumnos con menos recursos económicos no quedaran varados fuera de la escuela, a merced de la desesperanza y de los promotores de la violencia. Es deseo seguramente mayoritario en el pueblo argentino (y en los agentes del proceso educativo) que las políticas más propiamente neoliberales no vayan a aposentarse en la educación.

Una definición taxativa —con compromiso público— al respecto resultaría muy saludable, por parte de ambos candidatos. En el caso singular de Macri, porque desde su posición ideológica y su gestión en la CABA, podemos albergar plausiblemente la expectativa de una aplicación del credo neoliberal que, en sus peores versiones, se ha realizado ampliamente en otros espacios de la región.

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