El Mundo
Lunes 09 de Enero de 2017

Putin les ganó por goleada a los EEUUde Barack

La Rusia de Putin termina los ocho años de Obama como gran ganadora del ring internacional. Al frente de un país emergente —subdesarrollado—, con la peculiaridad de tener una industria armamentista de punta (aunque su electrónica es importada: la rusa es soviética, de museo) y una ambición intacta de superpotencia.

La Rusia de Putin termina los ocho años de Obama como gran ganadora del ring internacional. Al frente de un país emergente —subdesarrollado—, con la peculiaridad de tener una industria armamentista de punta (aunque su electrónica es importada: la rusa es soviética, de museo) y una ambición intacta de superpotencia. Pese a tener una economía no mayor a las de Canadá o Corea del Sur, y de una calidad muy inferior. Sin embargo, como la extinta URSS, que hacía creer al resto del mundo que era la segunda economía del planeta, Putin logra jugar en el tablero de los grandes: EEUU, China y él. Ahí no entran ni Francia ni Reino Unido. Chapeau. De un lado, la vieja escuela de la KGB, del otro Obama, un novato con un approach naif en asuntos internacionales, y John Kerry, un "Wasp" progre de la Costa Este. Resultado cantado: ganó sin despeinarse Putin. Alepo, con su sangre y sus ruinas, sanciona sin margen de dudas quién se impuso en estos años de confrontación "by proxies". Y encima termina la confrontación con la certeza, impulsada por el mismo Obama y los demócratas, de que el Kremlin puso a un amigo en el Despacho Oval. Increíble, gravísimo y nunca visto. Y si no fue así, como acusa Obama, con que parezca y él lo diga ya es una victoria devastadora del ruso. Putin gana así una partida extra casi de taquito, los demócratas se la regalan en su retirada lastimosa, de malos perdedores. Porque si es cierto lo denunciado en el informe FBI-CIA-NSA y del "zar" de la seguridad nacional, James Clapper, lo último que debe hacerse es ventilarlo a los cuatro vientos. Es fácil imaginarse a los rusos golpeándose el pecho por una victoria que les asigna el propio adversario americano. Este episodio da además un cariz aún más grave a la victoria, de por sí sísmica, de Trump. Un hombre abiertamente amistoso con el Kremlin y Putin va a dar órdenes a las agencias federales de inteligencia dentro de pocos días. Y acaba de menospreciarlas públicamente y repetidamente. Chinos y rusos no pueden menos que deleitarse. Y otros enemigos de Occidente, también.

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