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Domingo 14 de Junio de 2015

¿Puede una ciudad ser feliz?

El urbanista francés Benjamín Crevant disertó en Rosario sobre la tendencia que busca lugares más humanos, amigables y sustentables.

El término “ciudad feliz” fue acuñado por el urbanista canadiense Charles Montgomery en su libro Ciudades felices. Allí destaca que la tendencia arquitectónica busca que los habitantes vivan más humanamente, con más espacios verdes que sirvan como lugares de encuentro, menos tráfico, más ciclovías y más ahorro de energía y agua sobre todo. El especialista francés Benjamín Crevant ya planea trabajos de este tipo en Argentina y disertó en Rosario en el marco del Foro de Desarrollo Sostenible.
La investigación de Montgomery, expuesta en su libro, muestra la necesidad de un diseño urbano con espacios públicos orientados a hacer amable la vida a los peatones y no para facilitar el flujo vehicular, con el objetivo de que haya más interacción entre la gente. A su vez, destaca la necesidad de que no haya diferencia entre barrios ricos y pobres, ambos grandes desafíos para Rosario.╠
En su paso por esta ciudad, Crevant dialogó con Más sobre la situación local. Destacó que ya se están llevando a cabo algunas medidas que llevan a que esta urbe sea más amigable. Señaló que le llamó la atención la Calle Recreativa, una iniciativa que se impulsa desde esta tendencia urbanística con el objetivo de que los habitantes puedan disfrutar del espacio público.╠
También señaló que la presencia del Paraná enriquece enormemente a la ciudad. “El hecho de poder contemplar la majestad del río ayuda a que Rosario sea más habitable, más feliz”, reconoció el francés.

—¿No es utópico pensar en ciudades felices?
—Sí, es utópico, pero es esa utopía la que obliga a pensar las ciudades, los barrios y los edificios como lugares donde primero hay que tener en cuenta las necesidades de los habitantes por sobre todo. Este punto es clave. Y si bien es verdad que ninguna ciudad es “totalmente” feliz, muchas de ellas se acercan a ello.
—¿Qué ejemplos hay de ciudades felices?
—Montgomery en su libro destaca por ejemplo a Bogotá y yo creo que Grenoble (Francia) es una de ellas, pero también se puede hablar de proyectos que facilitaron la vida de los habitantes y pensar en barrios que se volvieron más habitables. Ejemplo de ello es la Comuna 13 de Medellín, Colombia, un barrio alejado del centro de la ciudad que está situado sobre una ladera bastante pronunciada, tanto que para trasladarse se construyeron escaleras, tan altas como un edificio de 23 metros de altura.
Esto sin dudas dificultaba muchísimo la movilidad dentro de ese barrio. Los urbanistas pensaron la forma más simple que favoreciera la vida de los habitantes. Lo que hicieron fue sustituir esas escaleras por otras mecánicas. El impacto fue increíble porque la gente se pudo empezar a trasladar por el propio barrio. A su vez, tuvieron una importante ganancia y es que el lugar se transformó en una zona turística. Muchos van como parte del city tour a conocer las escaleras mecánicas de Medellín. No es la solución perfecta, pero sin dudas es mucho mejor de lo que tenían. A su vez, se comprobó que allí se redujo el crimen, se crearon espacios verdes públicos y ahora pueden estar mejor mantenidos.
—¿Qué tiene que tener una ciudad para ser feliz?
—Hay que trabajar por el aire puro, el agua, los árboles pero también hay que rediseñar el tránsito para que no todo sea un caos, para privilegiar a los peatones y a los ciclistas y permitir que el ritmo sea “más humano”. Montgomery también destaca algo muy importante, que es el tiempo que demora uno para ir y volver de su casa al trabajo, porque si la distancia es muy larga uno puede pasar el 10 por ciento de su tiempo viajando, y lo otro es la confianza que tenemos con nuestros vecinos, para ello hay que lograr que se conozcan. Estos factores sin duda hacen que una ciudad sea más feliz. Junto con esto se busca que sea autosustentable y ecológica, que consuma menos energía, menos agua. Y obviamente sabemos que si esto se logra muchas otras personas querrán ir a vivir allí.
—¿Cómo se puede lograr?
—Es fundamental que exista la decisión política, la distribución del agua, la energía, los servicios básicos, la recolección de residuos. Pero también tiene que ver con generar una cultura de limpieza y de economía, de ahorro. Revisar cómo usamos los recursos que tenemos. Y esto hay que pensarlo desde que se hace un boceto de un edificio hasta que se decora.
—¿Hay proyectos de este tipo en Sudamérica?
—Sí, han empezado varios y seguramente seguirán creciendo. Lo que han visto los inversores inmobiliarios por ejemplo de Punta del Este es que si construyen todos lo mismo, con la misma estructura, esos departamentos no se alquilan. Esto les sucede ahora. Por eso la propuesta es que construyan edificios y barrios sustentables, que ahorren recursos y esto sea parte del negocio porque ahí puede estar el valor diferencial.

 

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