Elecciones en Estados Unidos
Miércoles 09 de Noviembre de 2016

Promesas, desilusión y legado: un balance de los8 años de gestión de Obama

El primer presidente negro de EEUU deja un país dividido y varios fracasos. El acercamiento con Cuba, uno de sus mayores logros.

Casi 10.000 kilómetros separan Charleston de Alepo, una enorme curva en el globo terráqueo que traza un viaje de extremos que podría servir como metáfora del balance de los dos mandatos de Barack Obama como presidente de Estados Unidos. Por un lado está la ciudad de Carolina del Sur donde el presidente cantó un emotivo "Amazing Grace" por nueve afroamericanos asesinados. Por otro, la ciudad del norte de Siria destrozada por balas y morteros. Dos puntos de un camino lleno de contradicciones: discursos creativos y anuncios vacíos; un Nobel de la paz y una guerra de drones; el fundamento de un Estado social y cientos de miles de muertos en Siria, decepciones y logros fundamentales.

Cuando Obama deje la presidencia, dejará atrás las ruinas de su política exterior y un país dividido, más desgarrado que antes, en el que millones de personas siguen al candidato republicano a la Casa Blanca Donald Trump, un "antipolítico". Pero pese a ello, sus logros también son destacables. Para empezar, Obama fue el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, algo que hoy en día parece muy normal pero que fue impensable durante mucho tiempo.

Cuando llegó a la presidencia, joven, lleno de energía y sin una sola cana, era una auténtica promesa que quería ser algo totalmente diferente a lo que había sido su precedesor George W. Bush, con un lema ilusionador: "Yes we can" (Sí, podemos). Desde entonces, consiguió muchas cosas y fracasó en muchas otras, a veces por su culpa y otras veces a causa del sistema político.

Obama redefinió el poder de Estados Unidos, rompió con todos los modelos de pensamiento y jubiló al policía del mundo. Un hombre de palabra y un orador creativo, pero que tuvo su parte de responsabilidad en el desmoronamiento de Medio Oriente. Obama dio un paso atrás, pidiendo que fueran otros los que asumieran el liderazgo, pero nadie lo hizo. Y el vacío que Estados Unidos dejó en la región, lo llenaron Rusia, Irán y otros países. Nadie sabe a ciencia cierta cuál habría sido la alternativa: ¿enviar tropas terrestres de Estados Unidos? En lo único que todos coinciden es en que no se hizo bien y que uno de sus mayores errores fue trazar líneas rojas que después permitió que se cruzaran sin consecuencias. Con Irán negoció un histórico acuerdo nuclear y gestionó con serenidad y determinación el acercamiento del país a Cuba tras décadas de hostilidades. Pero infravaloró durante mucho tiempo a la milicia terrorista Estado Islámicó (Isis) y fracasó en la estrategia de futuro para Libia tras el derrocamiento de Muamar Kadafi. La relación con Arabia Saudita pasa por un momento delicado y con Israel también es tensa; con Rusia está por los suelos y con frecuencia Obama no supo responder a la astucia y la sangre fría del líder del Kremlin, Vladimir Putin.

Licenciado en Derecho en Harvard, Obama cree en la negociación y el Estado de derecho. No es un pacifista de principios, pero ha subido mucho el listón a la hora de hacer que su país participe en "las guerras de otros". Cuando llegó a la presidencia en 2008 el país estaba inmerso en dos guerras a las que prometió poner fin. Pero la retirada de Afganistán se estancó e Irak es hoy un país muy inestable.

El temprano premio Nobel de la paz pareció presionarlo más que incentivarlo y poco después Obama se decidió por una guerra de drones. Tampoco consiguió cerrar el campo de prisioneros de Guantánamo, en Cuba, pero lo fue vaciando silenciosamente de decenas de presos. Durante su mandato también fue abatido el líder de Al Qaeda Osama Bin Laden, el enemigo número uno del Estado en esos momentos. Después decidió desplegar tropas en la frontera con Rusia, desilusionado por el punto muerto en que había quedado su visión de un mundo en paz. El giro hacia Asia fue importante para él, aunque fue con frecuencia criticado como una mera etiqueta. El escándalo del espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y una concepción totalmente distinta del Estado de derecho y el tratamiento de datos lo enemistó con muchos europeos. Obama hizo además a Estados Unidos un país más europeo. El hecho de poner un fundamento a un Estado social es uno de sus mayores méritos. Entre sus mayores dificultades se encuentran la Affordable Care Act, conocida como Obamacare, la reforma sanitaria que posibilitó que más de diez millones de personas tuvieran seguro médico. El país se hizo más plural y más libre en muchos lugares. La protección del clima alcanzó un nivel de prioridad inédito bajo otros presidentes y ancló el tema en la conciencia del país.

La igualdad de derechos fue otra de sus prioridades: soportó comentarios racistas y que lo llamaran Barack Hussein Obama, además de ser objetivos de teorías conspiratorias por su verdadero lugar de nacimiento. El país también viró algo a la izquierda bajo su mandato: en el ejército ya sirven soldados abiertamente homosexuales y los transexuales tienen derecho a la hora de elegir qué baño utilizan. Además, el matrimonio homosexual es ya posible en todo el país. Sin embargo, Obama fracasó a la hora de modificar las leyes que regulan la tenencia de armas, algo que intentó después de que un nuevo y mortal tiroteo lo hiciera llorar ante las cámaras. En los primeros dos años de su mandato no logró sacar adelante una amplia reforma migratoria, por lo que concentró sus fuerzas en la reforma sanitaria.

Bloqueado por un Congreso en manos de los republicanos abiertamente hostil, Obama recurrió cada vez más a decretos presidenciales y tomó decisiones sin pasar por las dos cámaras legislativas. Se convirtió en solista para poder hacer su política, un recurso al límite de la Constitución.

Llegó al cargo cuando el país sufría una de sus mayores crisis económicas. Hoy en día las cifras están en orden, las estadísticas están cerca del pleno empleo, pero el crecimiento económico dejó ahora de llegar a muchas personas. Muchos consideran que Obama, con su carisma, es un prototipo de desenvoltura y desenfado, algo que él supo escenificar por todos los medios. Con su mujer, Michelle, creó la pareja poderosa más famosa del mundo, llevó glamour y grandeza a la Casa Blanca y la abrió al jazz y al rap. Con ello redefinió la imagen de la presidencia.

Ahora, con canas y marcado por los años, el hombre de 55 años trabaja en su legado, ofreciendo largas entrevistas y escribiendo artículos y también con los últimos viajes de su mandato. Y afronta la recta final de su mandato con una cuota de popularidad del 55 por ciento.

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