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Sábado 06 de Septiembre de 2014

Productividad: cómo cerrar la brecha entre lo real y lo posible

(Por Sandra Cicaré / La Capital). _ El investigador Patricio Grassini, de la Universidad de Nebraska, mostró avances del atlas mundial de brechas de rendimiento.

Alimentar al mundo en las próximas décadas y producir granos sin devastar los recursos, se plantea como una premisa urgente para la agricultura del futuro. "Si seguimos al mismo ritmo de crecimiento de producción que en los últimos 40 años no va a ser suficiente para garantizar la seguridad alimentaria y se agravará el tema del uso de la tierra y la biodiversidad", planteó en forma explicíta Patricio Grassini, académico a cargo del Departamento de Agronomía y Horticultura de la Universidad de Nebraska (Estados Unidos), durante el panel que abrió el debate del X Congreso Nacional de Maíz que se realizó esta semana en Rosario organizado por Aianba.

El especialista presentó en sociedad el proyecto que viene desarrollando hace tiempo denominado "Atlas Mundial de Brechas de Rendimiento", que testea la productividad de los cultivos extensivos y los principales cereales en 50 países del mundo. Entre ellos, la Argentina. El mapa busca posicionarse como una herramienta para que los países puedan concer su potencial productivo, "si podrán o no alcanzar la autonomía alimentaria y cuánto será el nivel del saldo exportable, en caso de que la alcancen", planteó.

Justamente este instrumento —que es de acceso gratuito y que tiene un protocolo que cruza datos de zonas agroclimáticas, mapas de área sembrada, estaciones meteorológicas representativas, suelos y sistemas de producción dominante— permite simular rendimientos potenciales en cada área para cada cultivo y al mismo tiempo, la brecha de rendimiento sobre la que hay que trabajar para optimizar la producción.

La biodiversidad. Grassini parte de una premisa clara: "Si nos interesa proteger el mediambiente, la biodiversidad, necesitamos incrementar los rendimientos por unidad produtiva a tasas que permitan mitigar la expansión del área", dijo, convencido de que en los últimos años se fue ampliando la frontera agrícola incluso en zonas que no deberían ser destinadas a la producción por el efecto nocivo hacia lo ambiental.

El planteo de incrementar los rendimientos en la misma superficie también parte del consenso generalizado a nivel internacional, que indica que la población mundial alcanzará los 9,8 mil millones de personas en 2050 y será necesario sumar más producción para garantizar alimentos suficientes.

Sin embargo, según planteó Grassini, los porcentajes de aumentos de los rindes en los últimos 40 años no alcanzan el mismo ritmo de crecimiento de la demanda potencial y apenas araña la actual. "Los demógrafos indican que para alimentar a toda la población mundial en 2050 hay que aumentar el ritmo de la producción de comida entre el 1,2 por ciento y 1,3 por ciento anual", dijo el especialista de Nebraska aunque graduado en la Universidad de Buenos Aires.

Cuatro décadas.Pero los números no son tan alentadores según planteó. Comparando los últimos cuarenta años, los rendimientos crecieron 65 kilos por hectárea por año en maíz; 22 kg/ha/año en arroz y 40 kg/ha/año en trigo. "Si esto lo medimos respecto a las décadas analizadas, en los años 70 (con la revolución verde) representaba un nivel de incremento del rinde del 2 por ciento anual, pero como esas fueron tasas constantes en el tiempo, en 2010 representaron un aumento de rinde del orden del 1,2 por ciento para maíz y arroz y de 0,9 por ciento para trigo", especificó.

"Si seguimos a ese ritmo, no será suficiente para garantizar la seguridad alimentaria", reiteró.

Frente a esto, la oportunidad para el especialista se plantea en incrementar los rendimientos, y dejar de lado la expansión del área como alternativa de largo plazo.

Para Grassini hay varias alternativas que en general los especialistas manejan, pero todas, a su juicio tienen muchas limitantes por el impacto real que puedan aportar a la seguridad alimentaria. "Las opciones son expandir el área, pero el límite está en que las superficies ganadas en general tienen menor calidad productiva; subir el área bajo riego, algo que aporta poco; incrementar los techos de producción y los rendimientos potenciales; o bien, reducir la brecha de producción, algo a lo que realmente apuesta el especialista.

En cambio, el académico aclaró que es muy escéptico sobre las recetas que indican una salida a través de la reducción de la demanda en el consumo de energía y alimentos como una salida. "Difícilmente se pueda pensar que cambios de hábitos de consumo puedan solucionar el problema de la seguridad alimentaria, ya que el aumento del ingreso per cápita, la incentiva", dijo.

Por eso, insistió ante un auditorio variado, conformado por profesionales, dirigentes, productores y estudiantes vinculados al área, que el camino pasa incrementar el rendimiento de los cultivos, y puntualmente, reducir la brecha entre el rinde potencial y el real, de manera que sea "alcanzable" para el productor, en términos de costos y márgenes de rentabilidad.

Al respecto fue contundente. "El nivel de lo que considero alcanzable es entre lograr un rendimiento de entre el 70 y 90 por ciento del potencial para su ambiente", dijo.

desafío argentino. El Atlas Mundial de Brechas para la Argentina —al que aportaron información muchos especialistas de organismos públicos y privados — demostró que en el país para el maíz en secano hay un potencial de rendimiento de 11,6 toneladas por hectárea promedio, la producción actual promedio es de 6,8 toneladas por hectárea y por tanto, la brecha es de 4,8 toneladas por hectárea. "Se produce un 41 por ciento del potencial", sintetizó Grassini y dejó abierta la puerta para el análisis, aunque con la convicción, que a priori la foto muestra que hay mucho por desarrollar.

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