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Jueves 24 de Abril de 2008

Problemas de teclas

Compré un nuevo teclado para mi computadora. Estaba tan contento con la nueva adquisición que no noté que apenas dos teclas tenían otra disposición. Y no era un problema menor.

Compré un nuevo teclado para mi computadora. Estaba tan contento con la nueva adquisición que no noté que apenas dos teclas tenían otra disposición. Y no era un problema menor.

Al principio todo parecía genial. Un hermoso y brillante teclado negro, barato, con doce teclas especiales (volumen, reproducción multimedia, internet, calculadora...) y formato QWERTY. ¿Qué es esto? Es el teclado habitual, que debe su nombre a la disposición de las seis primeras letras. Pregunta: ¿y por qué los teclados no vienen en estricto orden alfabético, como la lógica indica?

Allá por 1860, un tal Christopher Sholes inventó el formato QWERTY para subsanar el problema que representaba la velocidad de aquellas viejas máquinas de escribir. Distribuyó de manera arbitraria las teclas para que no se chocaran los martillos entre sí y le vendió la patente a Remington. Una curiosidad: todas las letras de la palabra typewriter (máquina de escribir, en inglés) están en la primera fila.

La era de la computación traería nuevas teclas: las de función (F1, F2...), el Enter (que vendría a reemplazar la palanca que desplazaba el carro), el Delete (o suprimir) y el Backspace (para borrar hacia atrás), las de avance y retroceso de página, el bloque numérico de la derecha (que emula a una calculadora, pero se contrapone al diseño de los teclados de teléfono generando algunas confusiones), el tabulador (para alinear textos en los procesadores de texto), Escape (un método simple y efectivo para huir de los problemas), Impr Pant (guarda en el portapapeles una imagen igual a lo que se muestra en pantalla) y Windows (la tecla de la "ventanita", que suele abreviarse Win y sirve para desplegar el menú Inicio, entre otras cosas).

También aparecieron los teclados para idioma español, que incluye la letra Ñ y abre los signos de exclamación e interrogación, caracteres que no se utilizan en el idioma inglés.

Con el tiempo descubrí que la mejor forma de ahorrar tiempo al trabajar con distintos programas eran las combinaciones y atajos que proporcionaban Alt y Control. Las funciones más populares son copiar con Ctrl+C (es decir, Control y la tecla C presionadas al mismo tiempo) y pegar con Ctrl+V pero, por ejemplo, cuando se quiere pasar a negrita en un procesador de texto sólo hay que presionar Ctrl+N y el texto cambiará a negrita sin necesidad de retirar las manos del teclado y buscar el botón correspondiente con el mouse. Word incluye cientos de combinaciones, como Ctrl+U para crear un documento nuevo, Ctrl+D para justificar a la derecha, F12 para guardar un archivo con otro nombre, Alt+Mayúsculas+F7 para abrir el panel de traducción... Pero hay un problema (siempre hay alguno), ya que las variaciones que introduce de acuerdo al idioma sólo aportan confusión. Por ejemplo: en el Word en español, con Ctrl+S se subraya texto (se eligió esa letra, obviamente, por la palabra "subrayar"). Pero la misma combinación en la versión en inglés sirve para guardar el documento (por "save"). En el Word en inglés se subraya con Ctrl+U (por "underline").

La ventaja es que los atajos de Word son fácilmente personalizables, al igual que el sistema operativo Windows. Mi computadora Natacha (sí, tiene nombre propio) está totalmente adaptada a mis caprichos: con la combinación Ctrl+Alt+W abro el Word, Ctrl+Alt+E para el Excel y Ctrl+Alt+G para correr el Google Earth, por ejemplo. Windows ya trae algunos atajos predeterminados: Win+E para abrir el Explorador, Win+M para minimizar todas las ventanas, Win+F (por "find") para buscar un archivo, F1 para abrir una ventana de ayuda, F2 para renombrar archivos, F5 para refrescar una carpeta o una página de internet, Alt+F4 para cerrar cualquier programa o ventana, Ctrl+Z para deshacer la última acción (quizás uno de los inventos más maravillosos de la computación, lamentablemente no aplicable a las situaciones de la vida cotidiana).

Lo que no sabía es que también fueran importantes las teclas Inicio y Fin, y recién ahora regresamos al problema que dio origen a esta columna. Ambas teclas tienen otra disposición en mi nuevo teclado y ahora, cada vez que estoy escribiendo en un procesador de texto y quiero ir hasta el final o el principio de línea, presiono por error Delete (que borra un caracter) o Insert (que cambia a modo sobreescribir, es decir, borra todo el texto que tenga por delante en vez de desplazarlo). Traté de que mi cerebro incorporara la nueva disposición, pero eso sólo trasladó el problema al trabajo, donde los teclados tienen la distribución a la que estamos más acostumbrados. Conclusión: ahora cometo habitualmente errores de tipeo en casa y en el trabajo también.

En lo personal, ya no se trata de elegir el teclado más bonito, el más cómodo o el más barato. La próxima vez que compre uno (lo cual probablemente ocurra en breve) voy a tener que fijarme en esos pequeñísimos detalles.

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