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Domingo 08 de Noviembre de 2015

Prevención y acción

El próximo sábado se conmemora el Día Internacional de la Diabetes, una enfermedad crónica que afecta a más de dos millones y medio de argentinos. ¿Se puede evitar? ¿Qué hacer si se confirma el diagnóstico? ¿Cómo adaptarse a los cambios de hábitos?

“Muchas personas tienen diabetes y no lo saben”, afirma la médica endocrinóloga y diabetóloga Mariana Fina, confirmando lo que dicen las estadísticas: la mitad de los enfermos desconoce su situación exponiéndose a complicaciones que pueden afectar su vida. Por eso, cada 14 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Diabetes con el objetivo de concientizar a la población sobre la importancia de la prevención y los controles médicos adecuados.

   Por un lado, se intenta difundir las medidas que se pueden tomar para evitar o retrasar la aparición de la enfermedad, y por otro, en el caso de las personas que ya tienen un diagnóstico, se busca que puedan adherir al tratamiento de la mejor manera posible para no sufrir los embates de la patología que predispone a un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas renales y ceguera.

   “Tener diabetes es aprender a tomarse la vida de otra forma”, asegura Mariana Fina, que además de ser una especialista lo vive en carne propia ya que tiene diabetes desde su juventud.

   Junto a la licenciada en nutrición Karina Sahd —quien se formó especialmente en diabetes— charlaron con Más sobre distintos aspectos de esta enfermedad crónica tan frecuente. Ambas forman parte del equipo de profesionales de Diabetes Rosario, un instituto dedicado a la atención integral de esta patología.

   Lo primero que aclaran es que existen variantes: la diabetes tipo 1 es aquella de aparición abrupta y que se presenta en la niñez, adolescencia o juventud. Se produce por una destrucción selectiva de las células beta del páncreas causando un déficit total de insulina. Es la que se denominaba “insulinodependiente” y está directamente relacionada con la genética, por lo tanto evitarla no es posible. En tanto, el grupo más numeroso está constituido por personas con diabetes tipo 2 (adquirida) y alcanza a más del 80% del total. En este caso está relacionada con la obesidad, el sobrepeso y malos hábitos como el sedentarismo y una alimentación inadecuada.

   El gran desafío de la comunidad médica en todo el mundo es llamar la atención de quienes integran los grupos de riesgo: mayores de 45 años, personas con antecedentes familiares de diabetes, obesos, personas con sobrepeso, mujeres que tuvieron hijos de más de 4 kilos. La idea es sensibilizarlos y así lograr modificaciones en sus hábitos para que esquiven a la diabetes. “Estamos hablando de que la mayoría de las personas pueden evitar su aparición, de allí que sea tan relevante tener información y comenzar hoy mismo con cambios paulatinos pero firmes”, insiste la diabetóloga.

   Llevar una alimentación equilibrada, hacer actividad física en forma regular, evitar los picos de estrés, son herramientas que ayudan a tener a la diabetes controlada. Acciones que en realidad permiten a cualquier persona llevar una vida más saludable con múltiples beneficios.

   Lo que pasa es que poner en acto estos “tips” día tras día es un enorme desafío que requiere compromiso personal y apoyo médico.

   La licenciada Sahd —que desde hace años ayuda a pacientes con diabetes a llevar adelante una parte clave del tratamiento como es la alimentación— explica que lo que come cada persona es fundamental. Tomar conciencia sobre la importancia de alimentarse de manera equilibrada, variada y medida es el "secreto", tanto para prevenir la enfermedad como para mantener niveles normales de glucosa en quienes tienen diabetes.

   “Todos deberíamos comer como un diabético”, resume la nutricionista. Con esa declaración demuestra que esta parte del tratamiento, tan relevante, más que un castigo puede ser una buena decisión para sentirse mucho mejor, y algo que todas las personas deberían implementar para conservar la salud tengan o no un diagnóstico de diabetes.

   “Cuando un paciente viene a mi consultorio lo primero que le digo es que necesita tener un peso saludable, y eso no implica un peso de tabla o un peso ideal. Un peso saludable es el que te hace sentir cómodo y que se puede sostener en el tiempo”, señala Sahd.

   Y agrega: “A una persona que tiene diabetes le damos herramientas para poder modificar su alimentación. Aun para los diabéticos no hay alimentos prohibidos. Sí hay cantidades que deben limitarse en ciertos alimentos y cambios que deben realizarse, pero eso se acuerda con el paciente en relación a sus gustos, sus horarios, la historia que trae respecto a su modo de alimentarse y de vivir. Lo acomodamos teniendo en cuenta otras patologías que puede tener asociadas, y a su rutina diaria”.

   ¿Qué es una dieta equilibrada? La licenciada en nutrición señala que es aquella que tiene todos los grupos de alimentos, en la que la fibra ocupa un lugar relevante, que incluye muchas verduras, un consumo de frutas moderado y proteínas de alto valor biológico como la carne (evitando la grasa).

   “La variedad debe existir. Tenemos que darle al paciente muchas opciones. No sólo es el bifecito con la ensalada o prohibir los hidratos”, remarca.

   Sahd hace hincapié en que si bien es importante mantener el peso dentro de los límites aceptables para la edad, sexo y características físicas, hay otros datos que pueden tener impacto en la diabetes y que no son sólo los números que marca la balanza. “Un hombre puede tener un peso normal pero un abdomen prominente. En ese caso está en riesgo y se convierte en alguien más proclive a sufrir problemas cardiovasculares. La grasa acumulada en la zona abdominal es la que se infiltra en los órganos y es factor de riesgo para problemas vasculares. Con esto nos damos cuenta de que no hay un modelo único a seguir sino que son muchas las variables que influyen en la salud. Le toca a un profesional detectar estos puntos vulnerables y asesorar al paciente”.

   La actividad física es otro pilar en el tratamiento de la diabetes. Mariana Fina explica que “el músculo consume glucosa y actúa como un insulinosensibilizante. De allí que el ejercicio diario resulte un recurso muy valioso para mantener estable la glicemia”.

   Ejercicio regular implica moverse más de 30 minutos al día. Las caminatas son muy recomendables, pero en realidad cualquier actividad que resulte placentera es una buena elección. “No sirve eso de matarse en el gimnasio para después comerse todo. Esa es una manera segura de ganar peso. ¡Esos pacientes son los que más engordan! La moderación y la continuidad son objetivos a alcanzar”.

   Las profesionales mencionan que recibir el diagnóstico de diabetes suele genera temores. “Algunos han visto a amigos o familiares pasarla mal por la enfermedad y están muy sensibles, otros por desconocimiento también se asustan. Hay muchos mitos y preconceptos alrededor de esta patología. El mensaje es que se puede vivir una vida normal con diabetes siempre y cuando se realice el tratamiento de la mejor manera posible y se sigan las indicaciones médicas. Un buen profesional no le dará a su paciente directivas imposibles de seguir porque eso no sirve. Hay que ir adaptando la terapia a cada persona, a cada edad, a cada momento de la vida”, destaca Fina, quien justamente lleva adelante su propio tratamiento para la diabetes tipo 1 sin sobresaltos y desde hace décadas gracias a los controles de glucemia, una alimentación balanceada y actividad física.

El despertar de la enfermedad


¿Cómo saber si alguien tiene diabetes? En la tipo 1 la presentación de los síntomas suele ser repentina. Los mismos aparecen en pocos días o semanas haciéndose tan intensos que por lo general requieren que la persona (generalmente niño o adolescente) sea internada. “Hablamos de las cuatro P que son las que dan el alerta. Poliuria, un exceso de orina; polifagia, mucho apetito; polidipsia, sed excesiva, y pérdida de peso”, explica la diabetóloga.

   En la diabetes tipo 2, que se adquiere por aumento de peso y hábitos poco saludables, pueden presentarse estas señales pero no suelen ser tan claras. “Hay personas que tienen diabetes desde hace varios años y no lo saben. No siempre los síntomas son evidentes. Por eso sugerimos los estudios en sangre, sobre todo en quienes integran los grupos de riesgo. Con dos análisis en los que la glicemia esté por encima de 126 ya diagnosticamos la diabetes, o uno solo por encima de 200, y hemoglobina glicosilada mayor de 6,5 o igual a 6,5%”.

   La médica comentó que en el caso de los diabéticos tipo 1 la insulina es necesaria y “en los diabéticos tipo 2 muchas veces con dieta y ejercicio se pueden mejorar los niveles o podemos recurrir a los hipoglucemiantes orales (pastillas)”.

   Con motivo de la conmemoración del Día Internacional de la Diabetes la institución en la que trabajan estas profesionales ofrecerá una serie de charlas a la comunidad, además de análisis gratuitos para detectar la enfermedad.

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