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Domingo 17 de Enero de 2016

Prensa online, de los márgenes al centro

Las plataformas digitales de los medios tradicionales se aproximan a nuevas audiencias a la vez que cambian los modos de informar. Los usuarios acceden a noticias mediante las redes sociales sin tocar los diarios o escuchar las radios donde originalmente aparecen. Editores, analistas y periodistas explican los esfuerzos para entender y adaptarse a los modos renovados de circulación de contenidos.

Generaciones de periodistas gráficos se formaron durante décadas en la universidad y en las redacciones a partir de una lección básica, según la cual la información más importante de un artículo debe estar concentrada en sus primeras líneas para capturar la atención del lector y prescindir del resto sin alterar el texto en caso de necesidad de espacio. La pirámide invertida, como se conoce a esa estructura, ha caído ante las formas narrativas que impone el periodismo digital y entre sus ruinas se alzan los desafíos del oficio, en la encrucijada que trazan internet, las tecnologías de comunicación y las redes sociales.
Los cambios en los modos de producción del periodismo no se limitan a una cuestión de estilos. La hora del cierre, que organizaba tradicionalmente el trabajo en las redacciones de los diarios en papel, ha dejado de tener vigencia en función de la actualización permanente de los contenidos, una exigencia del periodismo digital.
No por nada la Real Academia Española se comprometió a incluir una nueva acepción de la palabra “periodista” en la próxima edición de su diccionario. El trabajo en internet y las narrativas multimedia todavía no están contemplados. Qué hace un periodista, cuáles son sus recursos y de qué manera se relaciona con el público son preguntas básicas que vuelven a plantearse entre los encuentros y los desencuentros del papel y el medio digital.

Del papel a la web

Gastón Roitberg pertenece a la generación de periodistas gráficos que comenzó en medios impresos y pasó después al periodismo digital. Un recorrido que lo llevó desde la revista del colegio donde cursó el secundario hasta el diario La Nación, donde actualmente se desempeña como secretario de redacción multimedia. “El trabajo era generar información para que después el lector comprara el producto en algún lugar. Ahora uno, como periodista, tiene que hacer lo imposible para llegar a esa audiencia, que después elige su dieta informativa favorita”, dice. Un menú que puede asociar la sección política de un medio, el suplemento deportivo de otro y la sección de espectáculos de un tercero, sin pasar necesariamente por la portada de ninguno.
Los inicios del periodismo digital en Argentina transcurrieron entre 1995 y 1997, cuando los principales diarios presentaron sus primeras versiones online, que eran sitios de actualización eventual de noticias con banners publicitarios. “En los primeros años se retaceaba información y se publicaba lo más importante primero en el papel. Después se fue comprendiendo que las plataformas digitales tenían cada vez mayor importancia y hoy son el centro del periodismo”, recuerda Álvaro Liuzzi, profesor de la Universidad Nacional de La Plata y consultor en medios digitales.
A veinte años de los inicios, Roitberg define el nuevo escenario: “Uno de los grandes cambios fue la incorporación de gente de otras especialidades, que aplicaron sus saberes al producto periodístico. Otro fue la inversión de los dueños de los medios en las nuevas plataformas, para expandir su nivel de influencia y alcance y llegar a públicos diferentes. El tercer gran componente ha sido la digitalización de las redacciones. Y finalmente ha habido un esfuerzo por hacer más eficientes las estructuras internas de las compañías para empujar el cambio digital, desde los departamentos comerciales que aprendieron a vender espacios publicitarios distintos hasta los de marketing que se reformularon para comunicar lo digital”.
La pregunta por el futuro del periodismo en papel se planteó desde que los diarios tuvieron sus primeras versiones online. Las ediciones impresas se han sobrepuesto a diagnósticos apocalípticos, como el de Nicholas Negroponte, director del Instituto Tecnológico de Massachussets, que vaticinó su extinción para 2015, pero también acusan el efecto del mundo virtual. “El desafío del periodismo en papel es pensar para quién quiere escribir y preguntarse qué espera el lector: Obviamente ya no se buscan primicias, nadie va a comprar el diario para saber qué pasa”, dice Natalia Raimondo Anselmino, investigadora del Conicet e integrante del Centro de Investigaciones en Mediatizaciones de la Universidad Nacional de Rosario.
Para Roitberg, “hoy el producto en papel tiene mayor calidad, en líneas generales”. Las armas del diario impreso son el análisis de la información y la mirada de especialistas, un contexto de interpretación y referencias y al mismo tiempo un punto de reflexión. “Con el tiempo van a redefinirse los tipos de contenidos, los tratamientos y la periodicidad del papel –adelanta Liuzzi–. Habrá probablemente periódicos semanales o mensuales mucho más extensos de los que vemos hoy, con mayor profundidad y muy en relación con sus versiones digitales”.
Entre 2009 y 2010 Liuzzi produjo un documental online sobre redacciones digitales para el cual visitó catorce periódicos de habla hispana. “Una de las claves es retroalimentar a la audiencia que consume el papel y llevarla con buenos contenidos a sus ediciones digitales. La plataforma digital no es solamente la home page del diario sino también las redes que alimenta, los canales de video, las cuentas en Facebook y Twitter, todos los lugares donde el diario distribuye sus contenidos”, señala.
Pero los cambios más importantes parecen producirse más allá de las redacciones. “La prensa en papel se caracterizó por construir un contrato de lectura y ofrecer un determinado perfil editorial a su público –plantea Natalia Raimondo Anselmino-. Lo que ha cambiado es la composición del público: antes tenía ciertos rasgos estables y generalmente acordaba con la línea del medio que compraba, mientras que ahora los diarios tienen varios públicos y no necesariamente todos son afines a su línea”.
Los periodistas tienen que escribir menos y leer más. Esa fue la recomendación de Roberto Igarza en la conferencia inaugural del último foro de periodismo digital, organizado por la Universidad Nacional de Rosario en octubre pasado. Precisamente “para hacerse cargo de las modificaciones de la audiencia y ver cómo se relacionan con sus lectores”, explica Raimondo. Una tarea pendiente.


La era de la atención

Cada vez que comienza las clases de periodismo, en quinto año de la secundaria, Fernanda Blasco le pregunta a sus alumnos si leen diarios. “En general contestan que no, pero les hago revisar lo que leyeron en Twitter y son noticias: no registran que están entrando y leyendo distintos medios”, cuenta. No es una anécdota: “seis de cada diez personas que leen medios digitales ingresan a través de redes sociales y en particular de Facebook”.
Blasco estudió Letras y Periodismo, se formó simultáneamente en medios en papel y digitales y actualmente es editora de Rosario Plus, que acaba de cumplir un año. “Pensamos muchos de los materiales en las redes sociales, en términos de la gente que lo va a leer y dónde lo va a leer. Uno de los mitos del recelo hacia lo digital es que hay menos lectores y resulta más difícil de comercializar”, dice.
El público se ha vuelto mucho menos previsible. “Hay contenidos de gran desarrollo, donde intervienen muchas especialidades, pero cuando los sometés al juicio de las audiencias te llevás una gran sorpresa –destaca Gastón Roitberg–. Inversamente, un contenido de mayor simpleza puede tener un efecto imprevisto por la interacción en las redes sociales. Tomar nota de estas cosas nos puede permitir sacar una diferencia sin traicionar la bandera de la calidad y hacer que el usuario se quede más tiempo, que es el objetivo, porque a nadie le interesa tener un consumidor esporádico sino que trabajamos para lograr un consumidor leal, que vuelva y se enamore de nuestra oferta”.
Los autoplays de los videos en Facebook, la aplicación de Twitter que advierte a los usuarios “lo que se perdieron” cuando no estaban conectados son marcas de “una era de la atención”, plantea Álvaro Liuzzi: la competencia por la  atención de los usuarios, la búsqueda de estrategias para navegaciones prolongadas. “Con la web y las nuevas tecnologías el contenido periodístico cobra sentido cuanto más se puede expandir, cuanto más lejos puede llegar –agrega Liuzzi–. Por eso la portada ya no es la principal entrada a un periódico online y eso también moldea la forma de escribir”.

La modificación en el consumo reenvía de nuevo a Roberto Igarza y a su libro Burbujas de ocio. Sentarse a ver las noticias en la televisión o leer el diario a una hora determinada no son ya los hábitos dominantes. “Las audiencias consumen en todo momento y lugar a través de los dispositivos móviles, las principales entradas a la web. Consumimos y publicamos contenidos de manera itinerante, en nuestra casa, en el trabajo, en la calle”, dice Liuzzi.
“Ahí está el motor del cambio, lo que obliga al periodismo en general a reubicarse en un nuevo escenario. Cuando uno quiere enterarse de algo la información la tiene en la palma de la mano”, señala Roitberg en alusión a los dispositivos móviles. En parte también se trata de algo tan viejo como el mismo oficio: acompañar al público. “Por eso hoy los medios están en las redes sociales –dice Natalia Raimondo–. La cuestión es cómo están ahí, cómo compiten por el click con otros objetos mediáticos. Antes los medios competían en términos de venta con productos similares a sí mismos y en momentos del día en particular. Ahora un diario compite con Google, Google compite con Facebook, Facebook compite con Netflix”.
En esa espiral, agrega el secretario de redacción multimedia de La Nación, “hay también una transformación del periodista, que ahora debe involucrarse en espacios que exceden largamente la frontera del medio, es decir, establecer diálogos, circuitos y flujos de información a los que no estaba acostumbrado y que muchas veces no domina, donde es un integrante más de la cadena”.

Del tuit a la nota

Las fuentes periodísticas ya no son necesariamente secretas, y el peso de las relaciones y las influencias se relativiza. “Un tuit puede ser el comienzo de una nota”, dice Fernanda Blasco. Como en La Carta Robada, el cuento de Edgar Allan Poe, la información puede ser algo que está a la vista de todos. El periodista se convierte entonces en una especie de curador, alguien capaz de poner orden en el caos de datos y versiones que atraviesan las redes sociales.
“Hay un punto que sigue haciendo que los medios sean espacios privilegiados y que los usuarios sigan eligiéndolos para informarse y es el tema de la validación –dice Gastón Roitberg–. La mayoría de las veces te enterás de una información a través de las redes sociales. Después no estás del todo seguro de que esa noticia sea real. Ahí es fundamental que los medios trabajen en asociación con las redes sociales, porque a partir del momento en que se produce una información comienza a correr el circuito de verificación y chequeo y esa es una tarea que habitualmente hacen los periodistas, porque conocen la rutina, tienen las fuentes y saben cómo investigar. El usuario no es tonto y sabe a qué marcas acudir para buscar esa validación. Los periodistas enfrentamos el desafío de no defraudar esa búsqueda”.
El periodismo online recupera de esa manera una experiencia del periodismo impreso. “La esencia del trabajo es la misma, chequear las fuentes, plantearse una ética, cuidar el rigor informativo”, dice Blasco. También en la búsqueda del público: “Tenés que generar una marca, ser creíble y respetar las reglas básicas del periodismo. No ya la primicia, porque por ahí la primicia es algo que tiene un vecino y la sube a Twitter y Facebook. Pero la gente necesita un marco, necesita explicaciones, sobre todo en los temas candentes. Esa puede ser la oferta de un medio digital”, agrega la editora de Rosario Plus.
“No hay una fórmula definitiva para hacer periodismo en internet”, dice Gastón Roitberg. Pero esa falta de certezas puede ser un elemento de motivación. “Es difícil decir si las posibilidades narrativas del periodismo online están bien o mal aprovechadas porque hay mucho de experimentación y de prueba y error. Los especiales multimedia, el periodismo de datos y las infografías interactivas, y ahora los videos en 360° y la realidad virtual, son parte de esa búsqueda”, opina Álvaro Liuzzi. Una vía de escape de la pirámide invertida y del artículo clásico hacia nuevas formas de contar historias.

Realidad virtual y video

“Este año y el que viene serán los de la explosión de las narrativas de realidad virtual y el video, algo que se está monetizando muy bien en internet —anticipa Álvaro Liuzzi—. En cuanto a nuevas narrativas relacionadas al video, también están pisando fuerte los videos en 360°, la posibilidad de que el usuario se sienta inmerso en la noticia con estas formas más modernas que ponen muchas cosas en juego. Es algo a explorar donde todos los jugadores, desde el New York Times hasta el periódico que pueda comprar una cámara de bajo costo que grabe en 360°, estarán comprometidos”.

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