Policiales
Lunes 30 de Mayo de 2016

"Prefiero vivir con miedo y no con vergüenza", sostuvo el abogado baleado el pasado sábado

Jorge Bedouret aseguró que el ataque "fue más casual que otra cosa" y que no es consecuencia "del ejercicio profesional".

El abogado penalista Jorge Bedouret, quien fuera atacado a balazos el pasado sábado en la zona sur de Rosario, admitió que en su profesión cometen "algunas imprudencias" en ciertas ocasiones,
"Fui a buscar un cliente en la zona sur y sufrí un asalto. Fue una convocatoria a un lugar de reunión que no resultó veraz", comenzó narrando desde la cama de hospital, donde se recupera de las heridas provocadas por los tres balazos que recibió en las piernas. "Estamos habituados a encontrarnos con personas que no son habituales para la civilidad rosarina, los abogados que estamos en el derecho penal solemos hacer este tipo de visita", se justificó.
Bedouret sostuvo que los penalistas tienen "el orgullo de salvar a muchos chicos que están con problemas con la ley penal y en un porcentaje altísimo logramos separarlos del delito. Y a veces cometemos algunas imprudencias".
Dijo que no tiene "una idea concreta" de lo que ocurrió el sábado después del mediodía, cuando fue atacado en la ruta provincial 18. "Este intento fue más casual que otra cosa y que no viene del ejercicio profesional", indicó.
El abogado manifestó en diálogo con Canal 5 que tanto él como su equipo de trabajo desempeñan su tarea "para mejorarle la vida a la gente. En mi larga vida profesional jamás nos hemos quedado con plata de nadie, jamás hemos traicionado a nadie, jamás hemos dado una palabra y no la hemos cumplido. Yo no encuentro un vínculo de venganza de algún cliente mio. No puedo hablar de la venganza de algún rival, alguien que perdió un juicio contra nosotros, despierte la violencia contra nosotros. Yo prefiero vivir con miedo y no con vergüenza".
Bedouret narró que, en el momento del ataque, advirtió que "en el tórax y en la cabeza no tenía ninguna herida. Eso me dejó respirar con alguna regularidad, se me empezó a secar la garganta y me comencé a deshidratar. Se llenó mi auto de sangre. Sabía que a diez kilómetros estaba mi destino. Pensé: a 60 kilómetros llego en diez minutos. Estaba seguro que iba a llegar".
"Pensé en mi familia, en las personas que quiero, en la gente que trabaja conmigo, eso me dio un impulso espiritual. Sentí algo de alegría porque si uno tiene siete vidas me quedaban seis todavía", afirmó.

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