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Sábado 21 de Noviembre de 2015

Prácticas que unen aprendizajesde la escuela con el trabajo

Estudiantes de la Técnica Nº 625 relatan la experiencia de cumplir tareas en industrias e instituciones. Un ejercicio que crece y será obligatorio en 2016.

Debieron cumplir horarios, respetar las indicaciones de algún jefe y tratar de aprovechar al máximo la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos y prácticas en una empresa o institución. Así comienzan a imaginarse en un lugar de trabajo, y aprenden de las relaciones laborales, de eso se tratan las prácticas profesionalizantes que desde hace algunos años se realizan en escuelas de Educación Técnico Profesional de la provincia de Santa Fe. Los estudiantes asumen y ejercitan actitudes, aptitudes y lenguajes propios de un profesional técnico. Esta herramienta tan valiosa está vigente desde 2011 y a partir del 2016 será un espacio curricular obligatorio para todos los estudiantes de escuelas técnicas. Un ejercicio que crece año a año.

Las prácticas no rentadas, que los alumnos realizan en distintas industrias durante 120 horas distribuidas en tres meses, son organizadas y coordinadas por la institución educativa, y están referenciadas en situaciones de trabajo que corresponden con el perfil profesional en el que se están formando los estudiantes. "El objetivo es lograr mayor continuidad, por eso el nuevo plan de prácticas dispondrá de 200 horas", especifica Andrea Zubiri, vicedirectora de la Escuela de Educación Técnica Nº 625 Carlos Guido y Spano y profesora de prácticas profesionalizantes.

"Se trata de una instancia más de aprendizaje y es la relación de la escuela con el mundo laboral. Existen muchas actividades y temas que en la escuela no se pueden enseñar y que se aprenden sólo haciendo una práctica fuera del establecimiento. Al finalizar la pasantía los alumnos presentan un informe de su experiencia y la industria o institución también realiza un reporte y evaluación del pasante", explica la directora, haciendo hincapié en la tarea ardua que significa para la escuela conseguir esos espacios. Este año realizaron un convenio con la Unión Gráfica Argentina Regional (Ugar), que facilitó el contacto con las imprentas.

Por tratarse de una escuela cuya modalidad se orienta a la gráfica y los recursos audiovisuales, los alumnos desarrollaron mayoritariamente sus prácticas en imprentas y productoras. "Tuvieron la oportunidad de preguntar, y conocer el funcionamiento de una empresa sea chica o grande", dice la profesora.

Según estimaciones de la Federación Industrial de Santa Fe (Fisfe) coincidentes con las del Ministerio de Educación provincial, desde el año pasado hasta la actualidad ha crecido un 200 por ciento el número de alumnos de escuelas técnicas de toda la provincia que realizan prácticas profesionalizantes, como instancias formativo-laborales en sus propias escuelas, empresas o industrias. Y de acuerdo con datos oficiales en 2015 pasaron 1.035 estudiantes por estas prácticas.

El trabajo indicado. Los alumnos de 6º año de la EET Nº 625, que pronto obtendrán el título de técnico en diseño y comunicación multimedial, relatan su experiencia en distintas empresas e instituciones de la ciudad. "Lo más importante de las prácticas profesionalizantes es que nos permite contar con una experiencia laboral, algo que siempre piden cuando uno termina la secundaria y quiere conseguir algún trabajo", destaca Sofía, una de las estudiantes. "Muchos nos preguntamos ahora que estamos terminando la escuela de qué nos sirve o a qué nos habilita para el mundo laboral. Y precisamente lo positivo de una pasantía es la posibilidad de llevar a un ambiente de trabajo aquello que fuimos aprendiendo a lo largo de estos años, comprobar si nos sirvió y de qué manera lo podemos aplicar", agrega Gonzalo, otro de los pasantes. También se suma a la charla Bruno y dice: "Fue una experiencia copada, pero hay que reconocer que te puede ir bien pero también mal y ahí te das cuenta que no era lo que querías".

Además tuvieron que armar un currículum y carta de recomendación, y luego asistir a una entrevista de trabajo. "Hay chicos de nuestra edad que no saben hacer un currículum; que nos enseñen estas cosas es muy valioso y nos demuestra que algo tenemos que hacer con toda esta preparación que hemos recibido", admiten los jóvenes. También hicieron un simulacro de entrevista de trabajo. "Esto fue genial, vinimos bien vestidos, entregamos el currículum y la profesora nos entrevistó simulando ser parte de una consultora", agregan.

Las docentes repartieron avisos clasificados que respondían a los requerimientos de las empresas y de acuerdo al interés que manifestó cada alumno cubrieron los distintos puestos de trabajo. "Algunos eran indicados para la atención al público en entidades municipales, otros en imprentas o en la producción audiovisual", remarca la profesora.

En el museo. Sofía Marino Tamagno y Julia Di Monte se desempeñaron como guías de las visitas en el Museo Municipal de Arte Decorativo "Firma y Odilio Estévez". "Estuvimos en atención al público, ahí nos dimos cuenta de que no es tan fácil, que la gente responde de manera diferente, debíamos adaptar nuestras palabras y explicación de acuerdo a cada contingente; no es lo mismo dirigirse a una familia que a chicos de un jardín o estudiantes de un terciario", aseguran luego de la práctica y contaron que también intentaron ofrecer una visita guiada en inglés: "En cada habitación tratamos de explicar de manera sencilla aquello que tiene nombres específicos de pinturas y fechas".

Las alumnas se capacitaron en la realización de visitas guiadas, la historia del museo y de la familia Estévez, el protocolo de recibimiento y la explicación de muestras temporales. Sin embargo, destacan que los visitantes no sólo preguntan cosas referidas al museo. "Como el lugar se encuentra ubicado en el casco histórico y además muchas personas que lo visitan no viven en la ciudad, suelen preguntar sobre hechos del pasado, el origen de la obra o el estilo. No tenemos la información de absolutamente todo, hasta observan cosas que no tienen nada que ver con el arte como un agujero en el techo o una caja de luz", grafican con gracia las estudiantes. Sofía continuará el profesorado de historia y Julia ya está estudiando Bellas Artes.

Imprentas. A Impresiones Artegraf asistieron los alumnos Alejandro Bazan y Gonzalo Etchegaray. "Me tocó aprender la parte de impresión junto al maquinista, quien se ocupa de cargar las pinturas y hacer las impresiones. Era su ayudante pero también colaboraba en otras funciones. Fue bastante entretenido, y aunque no es lo que más me gusta, resulta una experiencia laboral que la mayoría no tenemos". Gonzalo ya se inscribió para estudiar analista de sistemas, la modalidad terciaria que ofrece el Politécnico. En la Imprenta de Jesús Gráfica, Lucía Coppi también se ocupó de tareas similares.

En Pixel Soluciones Gráficas y Artes almacén de gráficas realizaron las prácticas Lucía Fernández, Victoria Tironi , Silvia Díaz y Brisa Aranda. Trabajaron corpóreos, pulido y lijado de superficies, ploteo, estampado de remeras, impresión de vinilos y calcos, manejo de máquinas, atención al público y proveedores. "No aprendí a estampar ni imprimir vinilos o gigantografías, y eso me hubiese gustado hacer. En cambio, me enseñaron a hacer transfer, armar pines y cortar tarjetas", destaca Brisa, quien asegura que los primeros días no hablaba ni se movía para nada del lugar de trabajo. "Luego de unos días me había adaptado al ambiente y me había integrado con la gente. Me gustó como enseñanza pero me cansaba un poco aplicar mi creatividad en algunos programas de edición y diseño de tarjetas, y haciendo estas prácticas me di cuenta que no era lo mío y que no me veía trabajando de esto", explica y comenta que ya no piensa estudiar diseño gráfico, sino más bien alguna carrera referida a la administración.

Más prácticas. Los alumnos Camila Avendaño y Juan Manuel Ramírez realizaron su práctica en Lettera Gráfica y Diseño, se ocupaban de doblar folletos y carpetas, empaquetar, embalar y también utilizaron máquinas de intercalado y doblado, revisaron paquetería, y armaron libretas y agendas. "Estuvimos en la parte de terminación de los trabajos y de diseño, aprendimos cómo se trabaja con cian, magenta y negro, cómo se imprimen las chapas y se cargan las máquinas. La idea es que nos enseñen algo que después podamos continuar solos pero al principio te da un poco de miedo, aunque siempre encontramos alguien que nos ayude, también nos decían que no estábamos allí para trabajar sino para aprender", destacan Camila, futura estudiante de cine y Juan de diseño gráfico.

Los estudiantes que trabajaron en imprentas destacan el riesgo que corre la empresa cuando decide tomar un pasante. "Un error nuestro puede costar mucho dinero. Si se deben hacer siete mil pliegos de algo y a los mil se encuentra un error hay que rehacerlos y enviar nuevamente el diseño al cliente para que lo apruebe", describen.

Héctor Guzmán asistió a Pagani Industria Gráfica, y Cintia D?Alleva y Matías Campi lo hicieron a Borsellino Impresos. "Conocimos muchas máquinas que no sabíamos que existían", señala Matías, quien realizaba trabajos en Flexo y Offset y se capacitó en el proceso de preimpresión e impresión. "Recibimos tanta información en los primeros días que costaba acordarse de todo y teníamos que preguntar varias veces las mismas cosas".

Sobre rodaje y producción

En Grupo Eventos Televisión Regional, los alumnos Bárbara Fumero, Micaela Malo y Mauro Torres iniciaron las tareas de asistente de producción, de sonido y cámara. Por otra parte, Bruno Aragonés, Celeste Salcedo, Manuel Nista, Abigail Alonso, Mauricio Albelo y Selene Angiulli colaboraron en la filmación de la película “Pájaros Negros” de la Productora Jesica Aran, de acuerdo a la necesidad de la productora SNAP (ganadora del concurso del Incaa) de ciencia ficción. Realizaron tareas de asistencia de sonido, de pruebas de maquillaje, de preproducción, de apuntadores en ensayos y armado de guiones literarios y técnicos, entre otras. “Me tocó la parte de sonido y participé del rodaje, algo que interesa porque estoy estudiando técnico en sonido. Trabajé junto a los dos sonidistas, ellos nos indicaban qué hacer, y nos trataron muy bien”, admite Bruno, quien piensa en continuar cine.
  Celeste participó en la preproducción del mismo cortometraje, en el sector de maquillaje. “Fue necesario tener en cuenta cada personaje, la iluminación y el ángulo de la filmación. Me gusta el trabajo en equipo”, dice la chica, aunque prefiere el rodaje y se inclina por arquitectura a la hora de estudiar una carrera. Abigail, en cambio, participó de la dirección, “nos iban diciendo el trabajo de un día para el otro, una vez me quedé hasta la madrugada haciendo el desglose para los ensayos, revisando todo el guión y viendo los actores de cada escena. Asistí a varios ensayos, pero lamento que no me hayan convocado para el rodaje”, dice la joven con miras de estudiar cine.
 

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