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Sábado 07 de Julio de 2012

Por qué se aburren chicos y adolescentes en la escuela

Por Cecilia Bixio / Nunca se pensó a las aulas como un lugar de diversión, sin embargo preocupa el fenómeno del aburrimiento.

En la psicología clásica, se le llama motivación a las fuerzas que determinan la conducta humana. Queda asociada, en algunos casos, a la psicofisiología clásica, a la noción de instinto, como fuerza propulsiva del comportamiento animal y humano. Y a un proceso psicológico, cognitivo, ligado a los afectos y emociones. También se le ha llamado aspecto energético de la conducta o teleológico.

La motivación tiene una doble vertiente: una intrínseca, propia del individuo, y otra extrínseca, que puede ser manipulada desde fuera, por el docente. A esta motivación extrínseca se la ha llamado incentivación. Tenemos así que motivación e incentivación son pensados, desde las teorías clásicas del aprendizaje, como dos elementos constitutivos indispensables para el proceso de enseñanza y aprendizaje escolares.

En los procesos motivacionales inciden factores cognitivos y afectivos. Motivar es entonces, suministrar motivos para que el individuo realice determinada acción y ponga todo su empeño, interés y voluntad en el logro de la misma.

Hay aquí un manifiesto convencimiento acerca de la eficacia y eficiencia de los métodos pedagógicos. Una certeza acerca de la garantía de la ciencia para asegurar ciertos comportamientos humanos y ciertos efectos a partir de determinados procedimientos. Es por eso que la didáctica reposa en estos conocimientos que el docente pueda tener sobre la teoría de la motivación, a la vez que la psicología evolutiva aporta la clasificación de los intereses del niño en cada una de sus etapas evolutivas.

Realidad. Sin embargo, hoy vivimos en una realidad que promueve el consumo indiscriminado, el individualismo, la agresividad creciente, y a la que los chicos no son refractarios, sino que, por el contrario, la manifiestan en la escuela a diario. Junto con esto, encontramos propuestas de flexibilización de las relaciones de autoridad y a nivel pedagógico, propuestas educativas democratizadoras. Surgen contradicciones y conflictos que no son fácilmente superables por los educadores y las escuelas. Se tiende a acudir, en busca de soluciones, a viejas recetas sin lograr una adecuada revisión y reelaboración de los patrones que orientan su accionar y regulan los comportamientos para la convivencia en la institución.

Los chicos se aburren en la escuela. Esta afirmación no debería ser preocupante, dado que la escuela nunca esperó ser un lugar de diversión. Sin embargo, y pese a esta aclaración, nos preocupa el nuevo fenómeno que llamamos aburrimiento escolar.

Este aburrimiento no es un problema ligado estrictamente a procedimientos motivacionales clásicos, no se trata ahora de buscar mejores modos de entusiasmar y entretener. El aburrimiento escolar reconoce raíces mucho más profundas y complejas. Es un indicador de la caída del poder instituyente de la escuela, de su desvalorización social, de la crisis por la que atraviesan los currículos escolares a la hora de intentar competir con la avasallante información que circula por las redes mediáticas.

Interés.Se ha diluido el interés por aprender dado que han caído las representaciones sociales acerca de la escuela y los procesos de enseñanza y aprendizaje. Y en segundo lugar, podemos decir que se ha diluido el interés por aprender dado que las propuestas de las actividades escolares son poco significativas desde el punto de vista lógico, psicológico y social.

Los alumnos van a la escuela como quien debe cumplimentar un trámite. Las representaciones sociales acerca de la escuela están siendo cuestionadas, revisadas, transformadas. Mientras tanto, las escuelas mantienen con resistencia sus viejos postulados. Esta distancia entre unas y otros produce una tensión que no se resuelve con propuestas didácticas "mejoradas" ni con simples "innovaciones", sino reinventando nuestras prácticas. A su vez esta distancia, o disloque entre ambos impide construir maneras creativas de nombrar lo que acontece, de interpretarlo adecuadamente, y así es como se produce lo que se denomina "desubjetivación", un modo de pensar lo que, desde las viejas representaciones llamábamos "aburrimiento", "desinterés", "desgano". En la contracara docente, se consolida como "impotencia", "imposibilidad", "incapacidad".

El aburrimiento escolar y el malestar que éste produce son efecto de la destitución simbólica de la escuela. Cuando, desde ciertas políticas neoconservadoras se pretende resolver la crisis educativa con cursos de capacitación e innovaciones exitosas, sólo se logra taponar, obturar la posibilidad de pensar y desviamos la atención hacia caminos secundarios. En algún momento habremos de transitar también esos caminos, pero la cuestión hoy es construir nuevos argumentos para educar, legitimar nuestras prácticas con nuevos argumentos capaces de dar lugar a procesos subjetivantes y reparadores.

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