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Miércoles 02 de Noviembre de 2016

¿Por qué nos ponemos colorados? Cómo evitar ruborizarse el rostro de vergüenza

Recomiendan ejercicios de relajación para controlar reacciones. Aseguran que a veces es consecuencia de inseguridades o baja autoestima.

El rubor facial es una respuesta fisiológica y cotidiana que sucede de forma súbita e incontrolable e iguala a todos los seres humanos.
La piel cuenta con numerosas terminaciones nerviosas y vasos sanguíneos, que se dilatan cuando, al avergonzarse o enfadarse, se acelera el ritmo cardíaco. Este es el origen de ese rubor tan incómodo.
Normalmente se asocia a situaciones en las que experimentamos pudor, ira, ansiedad o excitación, y a personalidades tímidas, inseguras, introvertidas o con cierto pavor a hacer el ridículo.
Sin embargo, Cristina Ruiz Coloma, psicología positiva del Centro Médico Teknon y miembro del Col·legi Oficial de Psicologia de Catalunya, asegura que "es algo que nos sucede a todos, en mayor o menor grado, y no siempre está provocado por una situación de vergüenza. A veces se trata de una cuestión más fisiológica de cada uno".
El problema surge cuando ocurre con frecuencia y la persona se obsesiona. Según la experta, hay ciertas personas que pueden desarrollar eritrofobia, es decir, miedo a ponerse rojo.
Para combatirlo, la psicóloga recomienda como primer paso aceptar que se trata de algo natural: "Debemos desdramatizarlo, no es algo tan terrible, y tomarlo como algo intrínseco a nuestra personalidad".
Otra manera de gestionarlo, según Ruiz Coloma, sería mediante la respiración y ejercicios de relajación que nos ayuden a controlar un poco más nuestras reacciones.
No obstante, a veces es una consecuencia que esconde inseguridades o una baja autoestima. En ese caso, si es necesario buscar la ayuda de un experto para llegar al origen de la cuestión.
Como última opción los médicos pueden recomendar una intervención quirúrgica llamada simpatectomía endoscópica torácica, la misma que se lleva a cabo para acabar con la hiperhidrosis (exceso de sudoración), que consiste en cortar los nervios simpáticos que se encargan de controlar la sudoración, explica la Biblioteca Nacional de Medicina de EE.UU.

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