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Domingo 12 de Abril de 2015

“Por mucho tiempo tapé mis sufrimientos”

Valeria Schapira presenta su libro en Rosario titulado Dolores del alma. Un viaje del dolor al buen amor, donde se enfrenta con sus padecimientos y temores. Ofrece una opción para sanar heridas.

“Nadie quiere hablar de la muerte ni del dolor”, dispara la periodista audaz y extrovertida que no dudó en desnudarse cuando quiso hablar sobre los rollos de las mujeres frente a su cuerpo y ahora desnuda su alma para hablar del dolor.
En el libro Dolores del alma Valeria abre su corazón. Cuenta sus derrotas, sus tristezas y angustias y cómo ha empezado a reconocerlas con el fin de sanarlas y cerrar heridas profundas.
“Soy esa mujer desinhibida que todo el mundo conoce, pero también soy esta”, dijo al hablar sobre el nuevo trabajo publicado por la editorial Urano. “Estoy evolucionando”, confió en diálogo con Más.
En un mano a mano con los sufrimientos que le tocó vivir, desde la muerte de su padre por un cáncer, hasta el suicidio de su madre y la enfermedad propia, Schapira cuenta que durante muchos años tapó los dolores con una frenética actividad. Se encerró en su propio padecimiento, pero luego una circunstancia que se “cruzó” en su vida la obligó a reaccionar, a enfrentar sus penas. Entonces descubrió el camino espiritual de sanación de la mano del budismo.

Nunca está “todo bien”.  “¿Qué tal? ¿Todo bien?” Esa forma de saludar tan cotidiana es puesta en tela de juicio por Schapira en su último libro. “Hablamos así porque no queremos escuchar que todo no esté bien”, declara la periodista. “Ese todo bien y la fiesta continua es irreal y si intentamos vivir de esa manera, por algún lado reventamos. Eso me pasó a mí”, confiesa Schapira, que desgrana todo ese costado vital en las 240 páginas del libro.
De modo sencillo, la periodista desinhibida va contando su proceso interior. Cómo enfrentó los dolores, los tapó y en un momento decidió mirarlos de frente para empezar a sanar.
Fue un proceso doloroso pero le devolvió la paz y la ayudó a encontrarse consigo misma. Hoy se considera más madura y sobre todo reconoce que el dolor es una verdadera escuela de vida cuya materia principal es el amor.

El sentimiento amoroso. “Por intentar tapar mis sufrimientos me convertí en una trabajadora febril, y terminé siendo víctima del burnout o síndrome del quemado. Esto me pasó cuando trabajaba en Canal 3. Tuve muchas crisis y hasta dejé de querer vivir. Pero, hace dos años conocí a un hombre que, sin saberlo, me puso el dedo en la llaga y me obligó a enfrentar mis duelos. El no es consciente de lo que provocó en mí”, declara. Este hombre le despertó un verdadero sentimiento amoroso. “Me devolvió la ilusión, las ganas de construir una pareja y envejecer juntos”. Fue entonces cuando descubrió que había dentro de ella muchas cosas por sanar. “Ese amor no duró. Fue desgarrador, pero a la vez uno de los grandes maestros que tuve en mi vida”, comenta.
“Me hizo pensar en que tenía que ser mejor persona conmigo y también con los demás”. Así comenzó la etapa de purificar y de renacer.
“Entré en una crisis profunda. No sabía qué hacer con tanto dolor y me puse a escribir y a leer. También fui a muchos psicólogos, pero me faltaban herramientas, y empecé a indagar en la filosofía y psicología oriental”, cuenta quien se siente ignorante del budismo pero reconoce que le ofreció muchas respuestas.
Así fue descubriendo la dimensión espiritual y trascendente de la vida. “Una de las cosas que aprendí fue la necesidad de dejar de mirarse al ombligo y empezar a observar a los demás, y mirarnos a los ojos”, y en su libro remarca la frase “apegarse al ego es el camino más seguro al sufrimiento” y señala cómo el darse a los demás es camino sanador.
Se enfrentó con sus miedos, con sus enojos, su forma de ser. Se dio cuenta de que antes de pretender nada de los demás debía cambiarse a sí misma.
La muerte. En el libro se atreve a más. Schapira habla de la muerte y va más allá. Propone “amigarse” con la muerte.
En su camino sanador comenzó a descubrir lo que en el libro llama “caricias del alma” como llama al saber agradecer nada más despertarse por tener un nuevo día, a cambiar la pregunta “¿por qué a mí?” por el “¿para qué a mí?”, con el objetivo de capitalizar el dolor.
En las páginas describe la importancia del perdón como una forma de liberar el enojo y la ira, entre otros mecanismos que le permitirán comenzar el viaje del “buen amor” llena de ilusión.
Valeria desnuda su alma y se abre a la alteridad. No se cierra a otras opciones. Y si bien su inclinación al budismo está clara, no niega las demás religiones. “Soy judía de familia, tuve un marido cristiano y concurro a un templo budista”, cuenta. “Creo que los principios de las religiones buscan lo mismo, que amemos y seamos felices”, dice quien con su libro sólo espera “poder ayudar a otro, acompañar en el dolor a quien lo esté atravesando. Con eso yo ya estoy satisfecha”, concluye a pocos días de su presentación en Rosario.

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