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Viernes 22 de Febrero de 2013

Por más espacios creativos y que entusiasmen

La violencia social permea las paredes de las instituciones educativas. Como una caja de resonancia de lo que pasa en la calle, los maestros y directivos deben potenciar su costado más creativo para lograr que los chicos se sientan contenidos en las aulas.

Gastón Zencic, de la Escuela Itatí de Las Flores, aporta una lectura interesante: “Creo que esos chicos que no están en la escuela también es porque no se pueden ajustar a una estructura, se les hace muy difícil levantarse a la mañana y soportar 80 minutos de clase sentados. Esa es la primera barrera por la cual se van, no pueden ajustarse a reglas y límites”.

Es entonces cuando en la charla entre los directivos sobrevuela aquella frase de Simón Rodríguez, que decía: “O inventamos o erramos”. Es que sostienen que ante el desborde, luchan cotidianamente por no desanimarse, crear y proponer nuevos proyectos y formas de enganchar a los chicos. En la Itatí y en la Técnica 393 organizaron con los alumnos del secundario viajes a Tecnópolis. “Hicimos una jornada de limpieza y el premio fue el viaje. Y fue impresionante ver cómo los más terribles son los que iban más entusiasmados a limpiar y eran respetuosos y colaboradores”, describe Diego Oro.

La confección de un mural fue una de las alternativas que se aplicó en la escuelita de Las Flores para incentivar a la participación de los pibes del barrio y que sientan que “la escuela es su lugar”. Gastón y Claudia —los directores en Las Flores y Ludueña, respectivamente— confiesan casi al unísono: “Está bueno que los chicos estén en la escuela. Pero si nos ponemos en su lugar, sabiendo su historia, no sé cómo hacen para soportarla”.

Volver a la escuela. El gobierno provincial lanzó a principios de mes el programa “Vuelvo a estudiar” para recuperar a los adolescentes que están fuera de las aulas. Comenzó a aplicarse en siete barrios de Rosario considerados vulnerables. Sin bien están de acuerdo con el objetivo final del plan, los directivos proponen también preguntarse “cómo" y "el para qué”, o “con qué herramientas” los recibirá la escuela. “Nos pidieron un informe de la realidad del barrio y la violencia —cuenta Zencic—. Pero yo creo que si no arrancamos de la violencia previa me parece que estamos errando, si pensamos que sólo el problema es el narcotráfico”. Y aclara: “Hay una violencia previa desde que al barrio lo trasladaron. Y viendo cómo la mayoría de los jóvenes de su edad tienen un tránsito libre por la ciudad y un nivel de consumo mucho más elevado, para los pibes de Las Flores eso también es violento”.

Opinan que el trabajo en red es central. De Gottardi describe al respecto la experiencia del cura Montaldo en Ludueña, donde escuelas, centros de salud, de distritos, comedores e instituciones comunitarias se dan la mano para torcer lo que el sacerdote llama “biografías anticipadas” de chicos que crecen en la exclusión.

“El Ministerio va a tener que pensar que estos dos mil chicos que quiere recuperar tienen diferentes puntos de partida”, comenta la directora de Ludueña. Y sugiere “abrir la cabeza a proyectos no formales, talleres de alfabetización, Ceclas. Porque el pibe que hace tres años que no está en la escuela va a ser un problema. Hay que pensar en más inversión en estos espacios. Y acudir a la creatividad”.

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