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Viernes 22 de Mayo de 2009

Por las rutas cordobesas

A nadie le gusta que le pongan una multa de tránsito, para qué engañarnos. Te da bronca, porque ¿a quién no le duele cuando le tocan el bolsillo? Y es precisamente por ello que la multa es muy efectiva. Es el mejor escarmiento para aprender a respetar las reglas de tránsito. Lo viví en carne propia este fin de semana cuando viajé a Córdoba, de donde me traje de regalo una multa de 160 pesos por no llevar puesto el cinturón de seguridad. En las rutas de esa provincia hay un estricto control policial para el cumplimiento de las normas de tránsito. ¿En Santa Fe? Yo, al menos, no me crucé ni con un policía en todo el trayecto...  

A nadie le gusta que le pongan una multa de tránsito, para qué engañarnos. Te da bronca, porque ¿a quién no le duele cuando le tocan el bolsillo? Y es precisamente por ello que la multa es muy efectiva. Es el mejor escarmiento para aprender a respetar las reglas de tránsito. Lo viví en carne propia este fin de semana cuando viajé a Córdoba, de donde me traje de regalo una multa de 160 pesos por no llevar puesto el cinturón de seguridad. En las rutas de esa provincia hay un estricto control policial para el cumplimiento de las normas de tránsito. ¿En Santa Fe? Yo, al menos, no me crucé ni con un policía en todo el trayecto.

El fin de semana pasado viajé a la localidad de Huerta Grande (en el Valle de Punilla), y en el recorrido que realicé por las rutas cordobesas tuve que atravesar exactamente siete controles policiales a la ida y un número similar a la vuelta, donde verificaban estrictamente el cumplimiento de las normas de tránsito (documentación, velocidad máxima, cinturón de seguridad, luces bajas, etcétera). En contraste, en el tramo santafesino no vi un policía en todo el trayecto de Rosario a Tortugas.

Además de alfajores, de regalo de las sierras me traje una infracción por no llevar puesto el cinturón de seguridad. Multa que me costó 160 pesos en efectivo. Merecido lo tengo.

Desde hace un año en toda la provincia de Córdoba funciona un nuevo cuerpo llamado Policía Caminera, que tiene como función controlar el tránsito en las rutas con el fin de prevenir accidentes. Muchos la cuestionan calificándola como un ente recaudador (20 millones de pesos en concepto de multas en su primer año de funcionamiento), pero en ese mismo lapso los índices de mortalidad en las rutas cordobesas bajaron un 35 por ciento.

Así las cosas, parece que el trabajo lo están haciendo bastante bien. A mí me multaron por no llevar el cinturón de seguridad, y gracias a eso tal vez me hallan salvado la vida. Fue en la ruta 9, en la zona urbana de Bell Ville, donde me había sacado el cinturón minutos antes porque tenía planeado ingresar a una estación de servicio. Pero antes de llegar al surtidor me topo con un control de la Policía Caminera que me hace detener. Un efectivo me pide los papeles y me marca que no llevo puesto el cinturón de seguridad. Me dice al instante que me tiene que labrar una infracción y que la multa si la pago en las próximas 48 horas hábiles en cualquier sucursal del Banco de Córdoba tiene un descuento del 50 por ciento (con esa bonificación sale 160 pesos). No pude ni chistar, porque tenía razón, y en ningún momento me intentó coimear para no hacer la multa, algo muy común en las rutas argentinas.

En La Cumbre fui a una sucursal del Banco de Córdoba y pagué la multa. De regreso a Rosario no me saqué el cinturón de seguridad ni por un segundo. Aprendí la lección. Menos mal, porque tuve que atravesar nuevamente numerosos controles de la Policía Caminera en las rutas de Córdoba. Del lado santafesino, como a la ida, ni noticias de controles viales. Ni siquiera en el puesto fijo que hay en Tortugas, en el límite provincial. El móvil policial estaba estacionado, pero no había ningún policía en la ruta. Eran las tres de la tarde del lunes, buena hora para dormir la siesta.

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