Política
Domingo 14 de Mayo de 2017

"Las elecciones en la Argentina no se ganan con los convencidos"

Juan Germano es director de Isonomía Consultores. Licenciado en Ciencia Política. Se desempeñó como jefe de cátedra de opinión pública en la Universidad del Salvador.

"La imagen de Macri se encuentra en 61% de positiva (medida sin "regular") y 38% de negativa. Para contextualizarla, su pico más alto fue en marzo 2016 con 67% de aprobación y su piso fue de 51% en febrero 2017", revela Juan Germano, titular de la consultora Isonomía, cuyos números son consumidos con avidez en la mesa más chica del gobierno nacional.

   A la hora de responder sobre la marcha de la economía y la política en estos 18 meses de gestión, el consultor meritúa que la obra pública fue más lenta de lo esperado y que, con ciertas excepciones, el oficialismo pudo manejar los ritmos parlamentarios. "Las discusiones parlamentarias sumarán complejidades al tratarse de un año electoral y la dinámica legislativa que pudo obtener el oficialismo durante 2016 difícilmente sea repetida durante este 2017. La economía, por el contrario, se va a parecer a un sol de primavera: calienta, pero no quema. Asimismo, la disparidad de crecimiento económico por zonas le generará al gobierno el desafío múltiple de compensar por otros mecanismos donde la economía no responda", evalúa en una entrevista con La Capital.

   —¿Qué dice el último trabajo de Isonomía respecto de la imagen presidencial?

   —Luego de 3 meses malos para el gobierno, con bajas en relación a casi todas las variables vinculadas con el oficialismo, Cambiemos logró hilvanar, por primera vez en toda su gestión, dos meses estructuralmente buenos en términos de opinión pública. Subió en imagen, credibilidad y gestión, conjuntamente con la perspectiva de presente (aunque sigue siendo baja) y la expectativa de futuro. Así, la imagen de Macri se encuentra en 61% de imagen positiva (medida sin "regular") y 38% de negativa. Para contextualizarla, su pico más alto fue en marzo 2016, con 67% de aprobación, y su piso fue de 51%, en febrero 2017.

   —¿El oficialismo está en riesgo de perder las elecciones en provincia de Buenos Aires, como coinciden tres sondeos de otras empresas publicados recientemente?

   —Creo que vamos hacia una elección estructuralmente pareja. No me imagino unos comicios legislativos similares los de 2013, con un candidato que se ubique muy por encima del resto de sus competidores, sino que puede ser una elección en la que los detalles sean trascendentales. En este sentido, para analizar la provincia, como siempre, hay que dividirla en tres.

   —¿Cómo se encuentra hoy la gobernadora respecto a esos porcentajes de imagen positiva tan altos que tenía? ¿Los mantiene?

   —Sigue siendo la dirigente con mejor imagen a nivel nacional y quien mejor representa los valores que Cambiemos generó en la sociedad cuando ganó las elecciones (representar el cambio, enfrentar a las mafias, luchar contra el narcotráfico, etcétera). Si bien sufrió una baja en su aprobación durante enero-febrero-marzo, presenta dos meses de mejora, ubicándose en 67% de imagen positiva y 24% negativa (medidos en una escala sin "regular").

   —¿Cómo observa a la oposición?

   —La oposición se encuentra ante la dificultad de marcar sus tiempos y diferenciarse. La polarización social con la que se aproxima este año electoral genera que una diferenciación demasiado profunda respecto al gobierno se asocie automáticamente al kirchnerismo. Actualmente, una potencial candidatura de Cristina generaría, como siempre, un piso electoral alto pero un techo de potencial crecimiento bajo. El resto de las oposiciones necesitan obviamente abrir un camino intermedio en una ciudadanía que analiza su realidad en blanco o negro. Y apoyar en ciertas ocasiones lo blanco y en otras lo negro termina minando su credibilidad.

   —¿Algún opositor capitalizó los inconvenientes visibles que tuvo el gobierno?

   —No de manera directa. Y esto básicamente radica en que hay una variable que no ha tenido cambios significativos en este año y medio de gestión de Cambiemos: más del 50% de los argentinos considera que Macri no está solucionando sus problemas, pero le hace falta tiempo para hacerlo. Esto no significa que se encuentre en una "luna de miel" con la sociedad: menos del 10% cree que el gobierno está efectivamente solucionando sus problemas. Pero la variable "tiempo" hace que el resto de los opositores puedan aparecer con triunfos contundentes pero esporádicos.

   —¿Lousteau es un candidato peligroso para el gobierno?

   —Definitivamente, Lousteau es el candidato más difícil a enfrentar para el gobierno. Sus características personales sumado a al resultado obtenido en 2015 lo colocan como un rival de peso. Sin embargo, el PRO en la ciudad de Buenos Aires llega a las elecciones 2017 de manera similar a como llegó en 2011, 2013 y 2015: con niveles de aprobación de gestión superiores al 60% y con similar imagen por parte del jefe de Gobierno (Macri en su momento y Rodríguez Larreta en la actualidad). Así, independientemente del rival, la marca PRO se ha solidificado en la ciudad y le resultará sumamente difícil a cualquier rival poder quebrarla. Asimismo, el espacio logró garantizarse a la segunda dirigente política más popular del país, Elisa Carrió, quien posee una cualidad novedosa para el tablero dirigencial.

   —¿Son hoy mayoría los que piden ponerle un freno al gobierno o los que apoyan el camino trazado?

   —El gobierno sigue basando su apoyo en dos pilares: el pasado y el futuro. El factor "herencia" sigue siendo efectivo para explicar los apoyos de Cambiemos. Más de la mitad de los argentinos considera que lo recibido explica el mal momento del presente. Si bien esta variable viene perdiendo intensidad, sigue siendo efectiva como estrategia electoral. Por otro lado, la expectativa de futuro se mantiene intacta y ha crecido en los dos últimos meses. Actualmente el 58% de los argentinos cree que el país estará mejor dentro de un año. El problema del gobierno radica en el presente, en una gestión que no logra anclar su apoyo en mejoras palpables en el metro cuadrado de cada uno. Estamos ante una sociedad crítica, cambiante y volátil, que cada dos años actualiza sus preferencias electorales con total libertad y sin ruborizarse si tiene que cambiar su voto. Como la ciudadanía no se encuentra en un "modo electoral", aún es difícil saber qué ponderarán los votantes en agosto y en octubre.

   —¿La sociedad pide consensos o lo que sigue ganando terreno todo el tiempo es "la grieta"?

   —La respuesta es ambas cosas. Por un lado, la ciudadanía busca soluciones precisas a sus preocupaciones más mundanas. Busca que "la política" le mejore su metro cuadrado, independientemente de su color partidario. Por otro lado, la grieta en la sociedad fue aumentando e, independientemente de las estrategias electorales que puedan buscar los distintos espacios políticos, parece que ha llegado para quedarse.

  —¿Los "no convencidos" definirán las elecciones?

   Las elecciones en Argentina no se ganan con los convencidos. No son suficientes los propios. El desafío es presentarse como una alternativa válida para los independientes, apolíticos, que son quienes terminan definiendo su voto a último momento. Pero las complejidades sociales son múltiples en la actualidad, no se pueden catalogar como podíamos hacerlo en el pasado.

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