Política
Lunes 27 de Marzo de 2017

Lamberto: "Antes se pedían más respuestas, pero hoy la gente quiere que la escuchen"

En todo el mundo, el Partido Socialista (PS) se enfrenta a una encrucijada: adaptarse al siglo XXI, abrirse a la sociedad y recuperar su agenda progresista o aferrarse al manual tradicional de la política y arriesgarse a ser arrastrado por la crisis de representación que se expresa, con mayor o menos intensidad, a nivel global.

En todo el mundo, el Partido Socialista (PS) se enfrenta a una encrucijada: adaptarse al siglo XXI, abrirse a la sociedad y recuperar su agenda progresista o aferrarse al manual tradicional de la política y arriesgarse a ser arrastrado por la crisis de representación que se expresa, con mayor o menos intensidad, a nivel global.

   "Antes se pedían más respuestas, pero hoy la gente quiere que se la escuche", plantea a La Capital Pablo Lamberto, secretario de Juventudes provincial y vicepresidente de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas (Iusy, por su sigla en inglés), una organización que por primera vez en sus 61 años de historia reunió su consejo fuera de Europa. Esta vez eligieron Rosario, desde hace casi tres décadas la meca argentina del partido de la rosa.

   Lamberto (30 años), el integrante más joven de un auténtico clan socialista, reflexiona también sobre la necesidad de democratizar las organizaciones políticas y las instituciones estatales para canalizar la participación ciudadana. Y sostiene que el PS y las demás fuerzas políticas "deben hacer una autocrítica" sobre la llegada al poder del macrismo y su discurso contra "la política tradicional".

   —La consigna del encuentro de la Iusy es "Cambiar el mundo" y los partidos de todo el espectro político se presentan con una consigna similar. ¿Cuál es el planteo del socialismo en ese contexto?

   —Estamos en un momento de cambio de modos y paradigmas sobre cómo las organizaciones políticas y las formas de representaciones dan respuesta en el siglo XXI. Sin embargo, existe una paradoja: que un sistema que tiende a la participación no la genere. Hay un gran descontento con la clase política en general y ya lo hemos vivido, pero desde otra nueva perspectiva. Antes se pedían más respuestas, uno debatía, pero hoy la gente quiere que se la escuche. Eso es parte de lo que hay que entender. Hay una crisis global de representación y el planteo que tiene que hacerse el socialismo es cómo se organiza para poner en agenda los temas del socialismo: ampliación de derechos y más igualdad y solidaridad. Necesitamos nuevas instituciones, formatos y diseños, asociados a los que permiten las nuevas tecnologías, que tienen que ver con estar conectados, y enterarnos de lo que ocurre en el mundo y discutir casi en tiempo real.

   —¿Qué balance hacen de la intervención del PS durante los doce años de kirchnerismo?

   —Nuestro partido siempre fue muy responsable y claro en su vínculo con los gobiernos nacionales. Entendemos el respeto y el diálogo genuino que tiene que haber entre los partidos y, en nuestro caso, de gobiernos subnacionales con todos los poderes del Estado. Hemos apoyado al kirchnerismo muchísimas veces con la agenda de derechos humanos y la ampliación de derechos como matrimonio igualitario, identidad de género, recuperar las jubilaciones para el Estado y asignación universal por hijo (AUH). Pero, cuando hacés un revisionismo de la historia del kirchnerismo, tenemos diez, doce años de un crecimiento que ha llegado hasta los 8 puntos porcentuales y no hemos reducido la pobreza. Somos un país de 40 millones de habitantes, tenemos la capacidad de producir alimento para 400 millones de personas y tenemos 30 por ciento de pobreza. Después del gobierno de Mauricio Macri, un poco más. El kirchnerismo nunca se preocupó por cambiar la matriz productiva o poner en agenda los grandes problemas estructurales. Esa es nuestra mayor crítica. Y no compartimos lo que tiene que ver con la corrupción.

   —¿La alianza gobernante representa un cambio?

   —Representó, primero, un hartazgo a un estilo de hacer política en la Argentina, que imponía y, si no lo respetabas, estabas fuera o pasabas a ser el enemigo. Ahora, con la responsabilidad de gobernar, tienen muchos déficits: estamos sufriendo las consecuencias y viendo lo que, en definitiva, piensan. Las dificultades que atravesamos hoy y dónde estamos yendo nos ponen el botón de alarma. Incluso, este consejo ha debatido mucho y ha sido muy crítico sobre el rol del gobierno nacional. Tienen que hacer autocrítica todas las organizaciones políticas, fundamentalmente el socialismo. Si el PS no tiene la capacidad de entender estos cambios, probablemente fracase. Necesitamos innovar en la política, que la toma de decisiones sea cada vez más democrática, no solamente hacia el interior de las organizaciones.

   —Para el socialismo, ¿hay otras alternativas más allá de sumarse al acuerdo entre Margarita Stolbizer y Sergio Massa u ocupar un lugar ideológicamente más puro, pero testimonial?

   —El escenario político en la Argentina cambia segundo a segundo. Hacer futurología en lo inmediato es irresponsable. Creemos y apostamos a una construcción distinta a las tradicionales y, para eso, obviamente necesitamos tener una fuerte presencia a nivel nacional. Hay que construir una alternativa vinculada con la mayor cantidad de sectores progresistas.

   —En la provincia, y en Rosario en particular, se viene evidenciando cierto desgaste de los gobiernos socialistas. ¿Es el momento para una renovación generacional?

   —Creo que sí, que es momento. El socialismo está caminando hacia eso. En Santa Fe tenemos un secretario general, Enrique Estévez, que tiene 34 años. En Mendoza también tenemos un secretario general de 32 años, en Córdoba lo mismo. Pero, si no cambiamos culturalmente, los cambios son sólo de nombres. Es necesario pensar un dialogo intergeneracional que nos permita retroalimentarnos mutuamente.

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