Política
Domingo 24 de Septiembre de 2017

Giani: "Por derecha y por izquierda, Perón recibía siempre una imputación"

Juan José Giani es licenciado y profesor de filosofía de la Facultad de Humanidades y Artes (UNR). Autor de varios libros, el último es "Perón, una filosofía política (del GOU al kirchnerismo)".

Juan Domingo Perón comparte, al igual que su némesis Jorge Luis Borges, el récord de citas textuales entre los argentinos, incluso algunas de dudosa legitimidad. El "como decía Perón..." funciona muchas veces como introito de una justificación o condena de un comentario político. Sin embargo, este lado coloquial suele eclipsar la profundidad de su pensamiento, manifestado en sus escritos, que recorren más de 40 años de historia. Esa "herencia textual" es lo que se propuso explorar el filósofo rosarino Juan José Giani en su reciente libro "Perón, una filosofía política (del GOU al kirchnerismo)", donde comparte junto a otros autores la faceta menos conocida del fundador del Partido Justicialista.

—¿Cómo surgió la idea del libro?

   —Libros sobre Perón o el peronismo abundan, pero en general hacen foco en el fenómeno histórico sociológico, o el desempeño histórico de la figura de Perón. Sin embargo, son relativamente escasos los que trabajan con el pensamiento de Perón, lo que llamo la herencia textual, que es una faceta menos conocida. Me parecía interesante trabajar esa vacancia. En el libro participan varios analistas, donde algunos tienen simpatías con Perón y otros no. La idea madre es entender al peronismo desde la textualidad de Perón.

—Revisando las colaboraciones, ¿qué es lo que más te llamó la atención de los textos de Perón?

—Una que pensaba desde antes y el libro lo confirmó. Si bien Perón es una figura que desarrolla su producción durante 40 años, ya había escrito varios libros antes de ser presidente en 1946, cuando era un militar desconocido. Lo que uno advierte durante todos esos años es una continuidad de su pensamiento. Esto va en contra de cierta visión que tiende a pensar a Perón como un gran táctico, o un pragmático que se acomodaba a las circunstancias.

—En ese cuerpo de ideas, ¿cuál es el hilo que se mantiene en todo el libro y con autores tan diversos?

—Siendo Perón una persona tan preocupada por mostrar una coherencia de ideas, esas mismas ideas plantean interpretaciones tan diversas. Ya con Perón en vida, en el 73, tuvimos derecha e izquierda a los tiros. Ya muerto, tuvimos a Carlos Menem, que privatizó e indultó, y a Néstor Kirchner, que estatizó y condenó. Y siempre funcionando la figura de Perón como un mito invocador. La interpretación más despectiva dice que eso es consecuencia de que Perón no tenía un cuerpo de ideas. Yo parto de la idea de que esto no es así. En el núcleo de Perón hay una marca permanente, que es la idea de la tercera posición. Hay que ubicar al pensamiento de Perón es un mundo que no existe más, que es el mundo bipolar, con dos grandes imperios y dos grandes ideologías. Pero Perón siempre pensó en un tercer camino. Su preocupación fue encontrar un punto de superación de los dos imperios. Fue uno de los precursores del Movimiento de Países No Alineados. Para el liberalismo tenía una faceta autoritaria y para los comunistas era un nacionalista burgués. Desde la izquierda y la derecha recibía siempre una imputación.

—Las críticas más duras hacia el peronismo resaltan el culto a la persona y a cierta impronta de estética fascista...

—Hay un aspecto del pensamiento de Perón que le da mucha importancia a la figura del conductor. Perón siempre pensó que en los grandes procesos históricos había hombres extraordinarios, y él se consideraba extraordinario. Esa no era una rareza argentina. Perón ubica al peronismo en un contexto de emergencia de grandes proyectos nacionales con grandes hombres que lo conducían: Mao en China, Gandhi en India, Nasser en Egipto, Tito en Yugoslavia, De Gaulle en Francia. Eran proyectos terceristas: no eran ni capitalistas ni socialistas a la soviética. Todos esos procesos tenían una figura central que le daba sentido al conjunto. En ese sentido yo no utilizaría el culto a la persona, pero sí es cierto que se daba una gran importancia a sí mismo como conductor. Respecto del tema del fascismo, creo que el peronismo surge en un contexto mundial de fuerte crisis del liberalismo. Y Perón era un antiliberal. Dentro del antiliberalismo hay muchas cosas, y una de ellas era el fascismo italiano. Perón mira con interés al fascismo no porque era fascista, sino porque el fascismo era en las décadas del 20, 30 y 40 una de las versiones de la crisis del liberalismo.

—Ha habido también un cuestionamiento sostenido por la falta de apego republicano del peronismo en el poder y la confusión del rol entre gobierno y Estado...

—La tradición republicana tiene dos grandes interpretaciones. Una clásica, que piensa a la república como un régimen político con un fuerte involucramiento del ciudadano en la cosa pública y en el cual el Estado es el ordenador social. En ese sentido, el peronismo fue bastante republicano. Está también la liberal, que entiende a la república como un sistema de contrapeso de poderes, donde se intenta atenuar la importancia del Ejecutivo. Perón siempre pensó al peronismo no como una doctrina de partido sino como una gran doctrina nacional: grandes principios que debían concitar el acuerdo de todos. Era un pensamiento totalizador. Una de las grandes dificultades que tuvo el peronismo, y Perón también, fue a partir de esa idea del pensamiento totalizador, ¿qué hacer con el discrepante? Con el paso del tiempo ese problema se fue atenuando, porque a medida que la sociedad se hace más plural, el peronismo fue incorporando esa mayor pluralidad.

—Hay otro rasgo, que ya parece un axioma de la teoría política, que sostiene que al peronismo le cuesta ser partido de oposición. Tiene que estar en el poder, y que cuando huele sangre va por la presa...

—Eso tiene raíces doctrinarias e históricas. La histórica es que el peronismo perdió su primera elección presidencial en 1983, con Raúl Alfonsín, 40 años después de su fundación. A ningún peronista le entraba en la cabeza que se podía perder una elección democrática. O éramos gobierno o perseguidos por la dictadura. Hay algo de eso en el disco rígido del peronismo. La segunda cuestión: el peronismo es un movimiento donde es muy importante la figura del líder y el hecho de que sea el jefe del Estado le da a ese liderazgo una potencialidad enorme. No se puede desconocer que la construcción del movimiento peronista tuvo en buena parte que ver con una construcción estatal. El peronismo se va construyendo con Perón funcionario. La relación entre el peronismo y el manejo del Estado está en su esencia. Contra Perón hubo un gran fervor popular y al mismo tiempo un gran odio oligárquico.

—¿Esa grieta estaba mucho más acentuada antes que ahora?

—La famosa grieta de ahora es un juego de niños. En la comparación, esto es una democracia sueca. Esas visiones de tensión social, de lucha política, siempre existieron en la historia argentina. Lo de hoy es un eco moderado.

Comentarios