Política
Domingo 12 de Marzo de 2017

"El PRO es un partido frentista y no debe perder nunca esa amplitud"

Nicolás Massot nació el 16 de julio de 1984 y es diputado nacional. Durante la gestión de Mauricio Macri al frente del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires fue director general de Reforma Política e Institucional.

A los 32 años, Nicolás Massot preside el bloque del PRO en la Cámara de Diputados de la Nación. En una entrevista con La Capital, el legislador defiende a capa y espada al gobierno nacional, pero deja abierto un objetivo, a partir de la necesidad visible que tiene el macrismo de abrir ciertas fronteras políticas.

   "Se requiere un volumen político y una legitimidad popular muy superior a la que Cambiemos mostró en las urnas", sorprende Massot, casi en una remake de lo que sostuvo Emilio Monzó. "Soy un hombre de Monzó y amigo personal", resume el legislador por Córdoba.

   —¿Cómo viene la agenda de la Cámara de Diputados, tratándose este de un año electoral?

   —Espero que este año nos acerquemos a las diez sesiones, con una diferencia no sólo en la cantidad sino en la calidad de las leyes. No hay leyes de vida o muerte o de pasa o no pasa para la gestión de Macri, como fueron el acuerdo con los holdouts, la reparación histórica a los jubilados, la ley de blanqueo, la reforma política o la ley de pymes. Habrá una agenda más volcada a lo social que a lo gubernamental.

   —¿Se cortó el crédito del peronismo en Diputados?

   —No. Creo que el Ejecutivo aflojó con sus demandas al Congreso porque tuvo un año exitoso, tuvo todo lo que quiso. Por otro lado, el peronismo tiene sus asuntos que resolver en tiempo electoral, y eso hace que le sea más complejo juntar los distintos bloques, como lo hicieron el año pasado con la ley antidespidos y con Ganancias. Este año será más difícil, porque los separan las listas electorales. Nosotros ahora tenemos una posición más defensiva que ofensiva, más a la espera de evitar golpes que de ir por leyes nuevas.

   —El acto de la CGT terminó en escándalo. ¿Al gobierno lo benefició?

   —Hay dos planos. El más importante es el genuino de la marcha, que tiene que ver con las necesidades que hay en la sociedad, y de una manifestación de cierta ansiedad por empezar a notar en el bolsillo los resultados de algo que ya se nota en los indicadores de inversión, exportaciones, consumo y empleo. El rumbo es bueno y estamos esperanzados en que llegue a palparse en el salario real y el consumo. El otro plano es el político-partidario-sindical, y eso lo que demostró es que la oposición gremial justicialista está más cerca de la división que de la unidad.

   —¿El rival a vencer es el kirchnerismo o habrá dispersión del voto?

   —Hay 24 elecciones provinciales y no una elección nacional, aunque no soy necio y sé que las lecturas se nacionalizan. No es la misma realidad electoral la de provincia de Buenos Aires que la de Capcontal Federal, Córdoba o Santa Fe. En provincia de Buenos Aires, la polarización se va a dar con el Frente para la Victoria, y ahí estamos observando una posible interna entre Cristina y Randazzo, aunque lejos podemos darlo como un hecho. En Córdoba es distinto porque el kirchnerismo es una expresión absolutamente marginal y la polarización será entre Cambiemos y el gobierno de Córdoba, representado en Unión por Córdoba. En Santa Fe el kirchnerismo también es débil. La polarización sería entre Cambiemos y el Frente Progresista. Cada distrito tiene su particularidad.

   —Conoce la realidad interna del macrismo en Santa Fe. ¿Está conforme con lo que está haciendo el PRO o las internas que aparecieron los complican?

   —El PRO Rosario debe ser el de mayor desarrollo territorial y político después de Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Es muy buena la tarea de Federico Angelini, Roy López Molina, Gabriel Chumpitaz, Anita Martínez y Luciano Laspina. Es más dispar en el interior, ahí sí dando lugar a los socios de Cambiemos, como la UCR, que tiene un desarrollo territorial. Las internas son de un volumen importante, será bueno que las Paso suban a la gente.

   —No descarta que haya internas.

   —Doy por sentado que Cambiemos estará en las 24 provincias del país. El interbloque en Diputados es la mejor expresión y aspiro a que se replique. Tenemos a José Corral, Mario Barletta, por la UCR; Ricardo Spinozzi y Gisela Scaglia son diputados de mi bloque y candidatos legítimos. Tiene el apoyo del bloque para hacerlo, como Ana Copes, del PDP. Laspina ha tenido una importancia significativa, ha sido una pieza clave. Si no se puede lograr una lista por la vía del consenso, la gente es el mejor elector para definir en las Paso.

   —¿Qué autocrítica hace?

   —Hay que poner la mirada en el mediano y largo plazos. Los que piden más política se refieren a la amplitud. El PRO nació como un partido frentista, con independientes liderados por Macri en la ciudad de Buenos Aires, pero nutriéndose de radicales (como Hernán Lombardi) y peronistas (como Diego Santilli). Llegamos a la Presidencia de la Nación siendo todavía más amplios, saliendo del PRO y armando Cambiemos. No hay que perder esa amplitud, porque tenemos reformas muy importantes. Macri hará algo histórico pero se requiere un volumen político y una legitimidad popular muy superior a la que Cambiemos mostró en las urnas. Y esto se ve en el Congreso: las medidas que sacamos adelante se lograron con una coalición parlamentaria superior a Cambiemos. A veces la mirada no debe estar puesta exclusivamente en la coyuntura, sino en la mirada histórica que le queremos dar al presidente Macri. Y la legitimidad que necesitamos para estas conquistas históricas.

   —¿Coincide con Monzó en que Omar Perotti podría sumarse a Cambiemos?

   —Soy un hombre de Monzó y, además, amigo personal. El, con los nombres de Perotti, Urtubey, Bossio y Randazzo dio ejemplos de que hay muchos dirigentes que hoy no pertenecen a Cambiemos que son valiosos en sí mismos, que tienen conocimiento del Estado y legitimidad en el territorio. De acuerdo a la perspectiva histórica que le relaté, estos dirigentes pueden jugar un papel. Las palabras de Monzó en relación con Perotti van en esa dirección.

   —Usted dijo que los conflictos de intereses suceden por la cantidad de funcionarios que vienen de la actividad privada. ¿Podría explicarlo?

   —Venimos de décadas de corrupción de la clase dirigente. Hay ministros y secretarios que vienen de una labor exitosa en el sector privado. Es gente que hizo su patrimonio trabajando y no tomando lo ajeno. Hay que naturalizar que ocurran este tipo de conflicto de intereses, aunque no quiero decir que nos acostumbremos a observarlos. Pueden venir algunos más, y por eso toma importancia la actitud del presidente de no hacer oídos sordos a los reclamos de la sociedad. Con el Correo, Avianca y otros casos estamos haciendo un protocolo para saber a qué organismo de control le vamos a dar participación ante la mínima suspicacia que se pueda generar. La sensibilidad existe, pero este gobierno es muy particular en la conformación de sus equipos. No nos tienen que sorprender que estas cosas ocurran, sí nos debería sorprender que se confirmen las sospechas. Pero eso no va a ocurrir. Somos y, además, parecemos.

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