Política
Domingo 09 de Abril de 2017

"El gobierno necesita al kirchnerismo para el juego del bueno y el malo"

Luis Costa es politólogo. Se especializa en análisis de coyuntura política y diseño de estrategias sobre escenarios sociales complejos. Director de Quiddity Data y Agora Public. Ex director de Ipsos-Mora y Araujo.

"El gobierno arma un juego de buenos y malos, con contrastes fuertes. Con eso construye su identidad", dice el sociólogo Luis Costa a la hora de analizar el escenario político desde la acción discursiva del oficialismo. "El PRO nació al mismo tiempo que el kirchnerismo, es un partido que construyó su identidad por oposición a un enemigo. Y el gobierno lo sigue necesitando al kirchnerismo. ¿Si el kirchnerismo no estuviese más, cuáles serían los valores del PRO?", se interroga Costa.

—La sensación es que algo no termina de nacer y algo no termina de morir...

—El escenario político argentino está afrontando un proceso de transformación. Cambiemos dejó dañado y sin rumbo claro al kirchnerismo, al FpV, y al resto del peronismo. El electorado ha dejado de verlos a ambos actores como atractivos y relevantes de la oferta política. El tercer actor es el massismo, que batalla entre oposición con gobernabilidad y ponerle límites al gobierno. El gobierno, con altos y bajos consolida una posición importante y condiciona a los otros.

—Lo extraño es que esto se da sin una economía con buena salud. Y con fracasos recurrentes del "broteverdismo"...

—Algunos indicadores de opinión pública indican que la evaluación negativa de la economía dejó de caer, y algunos pequeños indicadores de confianza del consumir empiezan a revertirse, sobre todo en el interior. Y el gobierno supo construir un escenario de vínculos con la ciudadanía que está basado en la construcción del contraste. El gobierno construye su escenario de dominación política con su base dura de votantes y hace que una buena parte de quienes lo votaron, incluso, en la segunda vuelta, consideren que el mal estado de la economía es culpa del gobierno anterior. Macri hace foco en las expectativas, más que en el estado actual de la economía. Las expectativas juegan como símbolo del pasado para el gobierno. Y mientras algo no termina de nacer y algo no termina de morir, el gobierno sobrevive.

—¿La carta de triunfo para el gobierno en provincia de Buenos Aires es Vidal, quien parece angelada?

—Si el gobierno gana es por Vidal. Ahora, si los indicadores económicos empiezan a mejorar un poco, y me refiero a la economía que llega a los bolsillos, Vidal más ese escenario será la mejor fórmula para el gobierno. El rol de Vidal es central en la campaña. Hasta hoy se ve a una Cristina potente, un Massa con posibilidades, pero falta ver cuando aparezcan los candidatos del gobierno y se posicione la gobernadora.

—¿Esta aparición de Lousteau, un personaje que le cae bien a los porteños, parece, cómo influye electoralmente en Caba? Es casi imposible que le pueda ganar a Carrió...

—Lousteau representa un trauma psicológico para el gobierno de Larreta, como se vio en la segunda vuelta porteña. Pero se sobreestima el poder de fuego de Lousteau. Habrá Paso y elección general, dos vueltas. Lousteau, más que por sí mismo, funciona como castigador de Cambiemos. Lo que ningún otro candidato opositor puede hacer, lo deposita en Lousteau. Tiene pocas chances de ganarle a Larreta si es que el jefe de Gobierno va a una reelección en 2019, ahora son comicios legislativos. Las chances de Lousteau son bajas.

—¿El gobierno tuvo que hacer cambios en materia comunicacional? Llegaron al gobierno como "los campeones del mundo de la comunicación" y demostraron cierto amateurismo...

—Venían como los campeones del mundo de las estrategias electorales, con un público determinado. El gobierno no cambió mucho el rumbo, y no es relevante para el electorado que Bullrich diga lo que dijo sobre Ana Frank, o lo de Dietrich con los aumentos, o lo de Macri con lo de caer en una escuela pública. Son expresiones inquietantes y molestas para quienes de antemano no tienen buena imagen de ellos. No impacta entre los propios. Macri aparece como un personaje desestructurado, que hace chistes en las convenciones internacionales... Refleja una extraña forma de carisma, rompe las formas. Parece que Macri no piensa lo que dice, pero dice lo que piensa. Sí es interesante reparar en cómo el presidente da marcha atrás en decisiones tomadas, es como que utiliza la opinión de los propios para chequear. Dieron marcha atrás con el tema del Correo, de los jubilados y otros. El gobierno tiene un plan, y es ese plan o nada. El aumento de tarifas se produjo, la quita de subsidios también.

—Cuando conversamos el año pasado usted dijo que el gobierno necesitaba extender la grieta. Y eso llega, incluso, hasta ahora...

—Ya había muchos indicios de que el gobierno trabajaba con un combustible de identidad que era la oposición a los contrarios, y eso es cada vez más fuerte. Por ejemplo, en el conflicto docente Vidal les pidió a los sindicatos que digan que son kirchneristas. No los invita a resolver el problema, les pide que se identifiquen como enemigos. Peña también hizo comentarios en ese sentido. Hay una construcción constante entre los que están en el presente y futuro, formulados como expectativa, y los que están en el pasado. El gobierno arma un juego de buenos y malos, con contrastes fuertes. Con eso construye su identidad. La política comunicacional del gobierno marca lo que él piensa, como la Ana Frank de Bullrich y el choripán de Macri. El escenario electoral necesita confrontarse, el gobierno comparte cierto voto con Massa, por eso es peligroso en la provincia.

—Alguien decía que falta alguien que polarice contra la polarización. Los argentinos no parecen muy dispuestos a escuchar hoy a los que lleven mensajes de paz, amor y consenso...

—Esa opción vendría si colapsa el actual gobierno. El gobierno actual con la situación de conflicto, con esa situación dual, deja afuera al resto. Deja afuera al progresismo santafesino, al gobernador Lifschitz, a Massa. Son estructuras políticas con las que el gobierno no sabría confrontar, las tiene que poner adentro del kirchnerismo o decir que Lifschitz es un personalista. El PRO nació al mismo tiempo que el kirchnerismo, es un partido que construyó su identidad por oposición a un enemigo. Y lo sigue necesitando al kirchnerismo. ¿Si el kirchnerismo no estuviese más, cuáles serían los valores del PRO?

—¿Y hay posibilidad de una tercera vía?

—Si este gobierno logra ser exitoso —creo que crecen las chances para que lo sea— puede aparecer una oposición progresista más profesionalizada. El gobierno tiene muchos técnicos en todos los ámbitos; la oposición necesita también profesionalizar sus cuadros, de lo contrario será muy difícil que le pueda ganar.

—Más allá del alto acatamiento al paro por ausencia de transporte, hubo actitudes de rebeldía individual contra los patoteros sindicales que obligaban a bajar persianas...

—Sí, eso está muy marcado. La mayoría de la gente estaba en contra del paro, y el gobierno tuvo una comunicación activa contra la huelga. Y fue muy interesante el rol de las redes sociales, que hizo circular declaraciones del presidente y el hashtag del "yo no paro". El gobierno no fue neutro, ni pasivo. Establece escenarios de combate sabiendo que puede salir con éxito, hablando mal de un sindicalista, en este caso. Es un proceso que inauguró Cristina cuando se peleó con Moyano. Ella sabía de la mala imagen del sindicalismo.


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