Política
Domingo 04 de Junio de 2017

"El gobierno debió haber sido más generoso con su política salarial"

Pablo Gerchunoff, fue jefe de Gabinete del Ministerio de Economía. Historiador, profesor universitario. Escribió numerosos libros sobre temas de economía política. Recibió el premio Konex de Platino 2016.

Pablo Gerchunoff es un académico de esos que intimidan con sus pergaminos pero, a la vez, es un gran polemista y verdugo de ciertos mitos que andan dando vueltas por ahí. Sin titubear, el profesor de la UBA y la Torcuato Di Tella sostiene que no podría explicar en un seminario extranjero qué es el macrismo. "Lo único que puedo decir es «nueva política». Y si me repreguntan qué quiere decir eso: «no sé»".

   Gerchunoff (autor del libro "El eslabón perdido; la economía política de los gobiernos radicales 1916-1930", Edhasa) hace un repaso de la realidad económica argentina, se interroga por el presente y futuro del radicalismo y asegura que el gobierno no ganará por el estado de la economía sino por otros factores. Si es que gana.

   En una entrevista con La Capital, el miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y becario de la Fundación Guggenheim, al hablar del radicalismo recuerda que hace un tiempo al periodista deportivo Enrique Macaya Márquez le preguntaron qué era Racing en su vida, y Macaya contestó: "Una nostalgia". Ahora Gerchunoff lo recuerda, pero prefiere hablar de otra etapa del club de sus amores al momento de parangonarlo con la UCR. Pero dice: "La UCR no está en zona de confort. Está en una coalición parlamentaria, con participación marginal en las decisiones centrales. El radicalismo no tiene fisonomía propia en la coalición. Elisa Carrió sí tiene fisonomía propia, a su manera, con las herramientas propias. Carrió se hace visible en la coalición como algo distinto al PRO, y el radicalismo no."

   —¿Cómo está observando la marcha de la economía?

   —Hay que evaluarla en relación al único objetivo relevante que tiene el gobierno: el objetivo político. Y ese objetivo es confirmar lo que sucedió en el ballottage. La economía, que está mejorando muy lentamente, es anémica. No va a jugar un rol favorable, no va a emocionar a nadie, pero tampoco es un escenario caótico que termina con un gobierno. No hace frío ni calor, cero grado. Siempre pensé que el gobierno debería haber sido más audaz, con políticas más populares. Eso era posible.

   —¿Con qué medidas hubiera sido posible?

   —Debería haber sido más generoso con la política salarial. El gobierno intentó que los salarios no vayan más allá del 21%. Se le fue un poco más allá de ese porcentaje. La política monetaria jugó un rol contractivo con el único objetivo de bajar la inflación. Eso introdujo un sesgo adicional desde lo contractivo, y la economía crecerá entre un 2% y 3% con los salarios creciendo muy moderadamente. De todos modos, la economía no le va a jugar en contra a Macri.

   —Que la mayoría de los argentinos termine privilegiando la política, un lado de la grieta, por sobre la economía es toda una novedad.

   —En democracia, desde 1983, sí. El único otro momento de la historia en que se puede hablar de "grieta" es en la larga historia peronismo-antiperonismo. Pero mientras gobernó Perón no era una democracia plena, y cuando se fue lo que hubieron fueron proscripciones peronistas.

   —¿No encuentra similitudes con el "no le ate las manos a Alfonsín" de 1985?

   —Sí, tiene un parecido. Ahí la economía, sin embargo, jugó un rol poderoso. El Plan Austral fue el 14 de junio, las elecciones fueron en noviembre. Cambió totalmente el clima económico. Ahora no lo cambia porque no es lo mismo combatir un régimen de alta inflación que uno de mediana inflación. La economía en el 85 se sacó todas las presiones de encima en un día. Lo que le pasó al Plan Austral es lo que le pasa ahora a Macri con la economía: la jugada de pizarrón se tiene que encontrar con los conflictos sociales y las demandas. A Alfonsín le dio para lanzar la idea del Tercer Movimiento Histórico, a Macri no le da para eso.

   —¿Se asiste a un cambio cultural, como voceó el gobierno con esto de una economía para atrás y posibilidades de éxito electoral?

   —Yo no digo que la economía esté para atrás. Crece muy lentamente y no va a jugar favorablemente para el gobierno. Le tengo mucho miedo al término "cambio cultural".

   —Hay un presidente que no utiliza la cadena nacional, que convoca a conferencias de prensa.

   —Ahí, obviamente, usa una estrategia innovadora. Pero le digo francamente: no lo comprendo. Quizás esté viejo para comprenderlo, pero es una estrategia ideada por un hombre de 70 años (por Jaime Durán Barba). Un gobierno que pone el eje de su conexión con la sociedad con la empatía por sobre la visión, es una novedad extraordinaria. Ahí como historiador podría ir atrás en el tiempo hasta Rivadavia.

   —¿A qué llama empatía por sobre la visión?

   —Empatía es que yo le caiga bien al electorado porque tengo una bella sonrisa. O porque me comunico por Facebook y les doy la oportunidad de contestarme. Ahora bien, si usted me pregunta qué visión de país tiene Macri, yo no sé qué contestarle. Si usted me dice, Gerchunoff, ¿Macri es un desarrollista? No sé. ¿Un liberal? No sé. ¿Es de derecha? Qué se yo, puede ser, pero no es relevante. Usted me dice "Frondizi", y yo entiendo: modernizar con centro en la estructura productiva; Alfonsín, consolidar la democracia; Menem, modernización de mercados. Entiendo todo. Y entiendo al kirchnerismo pos 2001 como una estrategia de reparación de la sociedad lesionada, herida. A todo eso lo puedo definir, lo puedo contar, lo puedo conversar con usted en esta entrevista. En cambio, si voy a un seminario en Bulgaria y me preguntan qué es el macrismo, lo único que puedo decir es "nueva política". Y si me repreguntan al respecto sobre qué quiere decir eso: no sé. Ojo, estoy hablando con libertad de un tipo al que quiero que le vaya bien.

   —¿No cree que la mayoría de los votantes de Macri lo hizo para terminar con el kirchnerismo y que Macri entendió erróneamente que era para dar vuelta la economía?

   —El la dio vuelta solamente en un sentido, lo único que hizo fue modificar el régimen cambiario, con una cosa muy convencional: cambio flotante con metas de inflación. Eso es algo muy usual en América latina. Pero le diría al revés: me imagino un Macri en Olivos, conteniéndose para no hacer cambios que le gustarían hacer. Macri es mucho más radical en su intento de cambio que lo que está haciendo. La palabra "gradualismo" es esto: a Macri lo convencieron de que está caminando por un campo minado y que es mejor no ser audaz. Y estoy de acuerdo con los que dicen eso.

   —¿Y cuál es su diagnóstico a futuro?

   —Creo que hay una sociedad y una economía bloqueadas. Está cruzada la realidad por conflictos que para resolverlos hay que poner en juego recursos políticos de gran envergadura que el PRO solo no puede hacer. Argentina no tiene máquinas modernas, recursos naturales ni educación suficientes para pagar los salarios que los trabajadores consideran justos. Quiero subrayar la palabra "justos", porque eso no existe en otros lados. Si va a Inglaterra y pregunta cuánto más podría ganar el año que viene, le dicen: 1,5%. En Argentina le dicen: 33%. Hay acá una noción de justicia con una estructura productiva que no puede satisfacer esa noción de justicia. No le estoy echando la culpa a los trabajadores argentinos, esto nace de la historia misma. Por eso Perón y Macri utilizaron la palabra "productividad".

   —¿El radicalismo está donde tiene que estar, en Cambiemos, o debe mirar a Lousteau?

   —El radicalismo no está en su zona de confort en Cambiemos. Está en una coalición parlamentaria, con participación marginal en las decisiones centrales. El radicalismo no tiene fisonomía propia en la coalición. Elisa Carrió sí tiene fisonomía propia, a su manera, con las herramientas propias. Carrió se hace visible en la coalición como algo distinto al PRO, y el radicalismo no. El radicalismo no puede decir nada que no sea lo que Macri dice, en lo distributivo y en lo federal. El radicalismo no tiene presencia en la cuna en que nació: provincia de Buenos Aires y Capital Federal, pero la tiene en el resto de las provincias. El radicalismo está tensionado.

   —Usted recordó que un periodista le preguntó al periodista deportivo Macaya Márquez qué era Racing en su vida. Y Macaya respondió: "Una nostalgia". ¿El radicalismo hoy es una nostalgia?

   —No todavía. El radicalismo es como Racing en el año 2000, un club que se achica y no sabés cuál es el futuro. O parecido al Racing de la quiebra. Gualeguaychú fue una apuesta interesante para la sobrevivencia, pero no veo que consiga su lugar. El debate por una economía abierta o cerrada siempre fue central para el radicalismo. Con Yrigoyen y con todos. Yrigoyen, que era un astuto, decía: "Las dos cosas".

   —Históricamente, el radicalismo fue la clase media de la Argentina.

   —Exacto. El problema es que, al menos en las áreas metropolitanas, el PRO le sacó su base social al radicalismo. Y al sacarle el macrismo su base social en su cuna es muy traumática la reconstrucción de un radicalismo visible.

   —Un sector del radicalismo está con Lousteau.

   —La idea de Lousteau de participar en la primaria de Cambiemos era hacer visible al radicalismo en uno de los dos distritos en donde sufrió el trauma. Pero salió de otro modo. El propio Macri, la coalición y todo el sistema político tienden a pensar un país más rico que lo que realmente es. Le transmiten eso al electorado.

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