Cristina
Lunes 19 de Junio de 2017

Cristina pone a rodar mañana una nueva etapa de su ciclo político

La ex presidenta acentuará su narración emotiva, en un marco en el que las banderas argentinas reemplazarán a las partidarias

El escenario se ubicará en el centro del campo de juego. Será una plataforma circular, sin un frente ni un "detrás" y estará unida por una pasarela con la platea lateral norte del estadio de Arsenal, en Sarandí (Avellaneda). La plataforma se lucirá con una estética cercana a la que usan los cantantes melódicos que buscan el contacto casi directo con el público. El escenario será austero, despojado, no tendrá más altura que el metro setenta, la distancia promedio que separa a los ojos del piso para un argentino parado. Y no habrá banderas de agrupaciones políticas, sí argentinas.

El monumentalismo kirchnerista, con escenarios gigantes y en las alturas, ha llegado a su fin. Cristina Kirchner jugará su campaña acentuando su narración emotiva y mucha cercanía. "La gente está dañada, sufriendo por el brutal ataque macrista, y necesita contención emocional", explicaron a La Capital en el núcleo decisorio K.

De ese modo, la ex presidenta pondrá a rodar la nueva etapa de su ciclo político, con un acto previsto para mañana en el que reunirá a 30 mil personas, que tendrá su desenlace en las noches electorales del 13 de agosto y del 22 de octubre próximos. La conformación de Unidad Ciudadana correrá por otra vía al tradicional PJ y sin involucrarse en la interna que propongan los demás sectores peronistas de la provincia de Buenos Aires.

El choque frontal contra el esquema de Florencio Randazzo finalmente se evitaría. De las distintas variantes dañosas posibles de tomar, el kirchnerismo salió convencido, y con sus argumentos, por la opción disponible: identificar, medir y fortalecer la única fuerza política relevante que, entienden, rechaza el rediseño institucional argentino de alternancia entre partidos moderados, dialoguistas, que más allá de sus matices y tradiciones convergen en la necesidad de exterminar la rebeldía populista.

En la intimidad, Cristina tiene un diagnóstico: la disputa principal es contra ese diseño construido con paciencia y eficacia por el establishment económico y mediático y por la Embajada de Estados Unidos. Cambiemos, el contrincante electoral, es el presente, una pieza funcional y tal vez transitoria, a la idea global y permanente: anestesiar por décadas el conflicto social, restablecer un orden económico y cultural con la base social disciplinada y empobrecida. Al cabo, la implacable realidad que impone el orden económico planetario.

El randazzismo se queja porque no le permiten discutir con Cristina, que recorrerá la campaña sin mencionar el apellido de su ex ministro. Prima en el sector peronista que referencia en el otrora titular de Interior la idea de elaborar un proceso sucesorio de la ex presidenta, aunque sea en etapas, para finalmente otorgarle una especie de jubilación política "de privilegio" a Cristina. Todo resultaría de ese modo por la presunta demanda del peronismo y de amplios sectores populares que adversan al macrismo. Al cabo, "porque perdimos y lo pide la gente", es la frase —entre otros— del Movimiento Evita.

Nadie sabe hoy con certeza, y más allá de las encuestas, qué necesita la oposición al macrismo para sentirse representada: a Cristina con un discurso frontal que no negocie con la Casa Rosada en el margen o, por el contrario, al peronismo "de centro nacional" que definió con tanta precisión Miguel Pichetto, jefe justicialista "que ayudó a la gobernabilidad" en el Senado nacional.

Pichetto rápidamente salió a apoyar la construcción de Randazzo, aunque su distrito, Río Negro, no tiene ninguna incidencia en las decisiones de la provincia de Buenos Aires.

Muchas hipótesis políticas se dispararon en las últimas horas tratando de interpretar la riesgosa jugada de Cristina de ceder el formato jurídico PJ para que lo usen otros, en especial con la paradoja de que la conducción del peronismo bonaerense le responde.

La explicación que dan en el kirchnerismo es que Randazzo junta una cantidad modesta de votos en la frontera, entre kirchnerismo y otras fuerzas (massismo e, incluso, del PRO). Y que si se involucraba Cristina en las Paso contra Randazzo, el de Chivilcoy iba a cosechar algo más de su representación real, fogoneado por el dispositivo mediático oficialista. También que luego, en octubre, incluso ganando, CFK lograría retener apenas dos o tres votos de cada diez que obtenga Randazzo en agosto.

"¿Para qué meternos en ese barro de las Paso, con Clarín, Randazzo y, ahora, hasta (Eduardo) Duhalde jugando ahí dentro?", explicaron en el kirchnerismo con una pregunta retórica.

La división del voto peronista efectivamente ocurrirá y la posibilidad de un triunfo del PJ unido contra Cambiemos en Buenos Aires han quedado bajo sospecha. Con todo, nadie sabe hoy cómo sería esa división, en qué proporciones.

Las porciones del peronismo K y del PJ "centro nacional" (según Pichetto) serán parejas, dicen algunos. O, por el contrario, CFK ganaría por goleada, siete a uno, afirman otros. Si el resultado es uno u otro, desde ya, las consecuencias políticas serían muy diferentes.

Al cabo, se trata de una elección legislativa y no habrá cambios numéricos sustanciales en el Congreso después del 10 de diciembre. Con todo, y de acuerdo a la dirección del voto, lo que está en juego es la conducta que asumirán sectores de la oposición amigable, que en 2016 abrieron la puerta al endeudamiento, al principio de las reformas previsionales regresivas y a la Corte Suprema del 2x1 para los genocidas. ¿Abrirán la puerta a la nueva ola de reformas que ya anuncia la Nación para después de octubre?

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