Política
Domingo 19 de Marzo de 2017

"Cristina no es una causa perdida, es lo mejor del pasado inmediato"

Leopoldo Moreau nació el 5 de noviembre de 1946. Ex diputado y senador nacional. Uno de los fundadores de La Coordinadora y Franja Morada. En 2003 fue candidato a presidente: obtuvo el 2,34 % de los votos.

Para quien no sepa qué fue y qué es de la vida de Leopoldo Moreau tras su candidatura a presidente de la Nación por la UCR en 2003 —cuando apenas logró el 2,34% de los votos—, escucharlo ahora es toda una novedad. Moreau, uno de los fundadores de la Junta Coordinadora Nacional, es un ferviente defensor de Cristina Kirchner y del espacio que gobernó el país hasta 2015. Es más, estuvo este sábado en Rosario para compartir un acto con Agustín Rossi, a quien apoya en su candidatura.

   "Estoy en lo que genéricamente se denomina espacio nacional, popular, progresista y democrático", dice el Marciano. Para él, en estos 33 años de democracia se produjo un rediseño del sistema político: "Desapareció el bipartidismo, vivimos un escenario de bifrentismo. Hoy lo importante no es la camiseta sino la vereda que se transita, y hay dos: la del proyecto nacional y popular y la del proyecto conservador-neoliberal".

   —La UCR es Cambiemos, está en el gobierno nacional con el PRO. En Santa Fe gobierna con el socialismo. Usted está con el kirchnerismo. Ensalada de radicales...

   —Es la consecuencia de la pérdida de identidad política. Y en segundo lugar, en sentido más contemporáneo y superficial, tiene que ver con poner la mirada en la especulación electoral. Buena parte de la dirigencia, que se representa sólo a sí misma, decidió atarse al destino de una restauración conservadora que arrasó con la identidad política radical, que ya venía declinando desde el gobierno de De la Rúa en adelante. Encontró su definitivo colapso cuando la UCR decidió acompañar la candidatura de Macri. El electorado alfonsinista ya había decidido acompañar el proyecto nacional. En el 2011, cuando Cristina obtiene el 54% de los votos, había contenido una buena porción del electorado progresista del radicalismo. Del mismo modo que, cuando Alfonsín obtuvo el 52% de 1983, también sectores progresistas del peronismo lo prefirieron sobre Luder.

   —Si a Macri le va bien la reelección será de Macri. Y si le va mal, el costo político también lo pagará la UCR.

   —El radicalismo no tiene salida porque es un actor de reparto en esta película, como lo son las otras fuerzas partidarias que integran Cambiemos. Este gobierno encabezado por el PRO no expresa una coalición de partidos nacionales, lo que sería absolutamente legítimo. Los que hoy gobiernan son los grupos concentrados de la economía y de medios hegemónicos, la política está afuera de eso. Lo dijo Macri con todas las letras cuando expresó que sus ojos y su inteligencia eran Marcos Peña, Quintana y Lopetegui. Le faltó decir que es el grupo de tareas que está llevando adelante un plan de negocios.

   —Usted está ahora al lado de Cristina Kirchner. ¿No es esa una causa perdida?

   —No es una causa perdida. Es la causa de las mayorías populares, que ha tenido un retroceso en el marco de una historia de flujos y reflujos. Pero significa participar de lo que, junto a lo de Alfonsín en el 83, fueron las mejores etapas de la democracia argentina. Alfonsín asegurando democracia para siempre, y Néstor y Cristina, patria para todos. Ahora que se habla de la pesada herencia: Néstor y Cristina la recibieron porque vinieron a gobernar una sociedad que se había quedado sin Estado. Acompaño a Cristina porque es acompañar lo mejor del pasado inmediato y del futuro. El gobierno de Cristina fue el que más profundizó la distribución del ingreso, aunque le quedó pendiente la cuestión de la matriz productiva; desendeudó al país, le permitió manejar los resortes de la economía; desplegó el proyecto más ambicioso en términos de inclusión.

   —Pero en este juego de espejos que usted hace de Alfonsín y Cristina hay una gran diferencia. Nadie osó involucrar a Alfonsín en episodios de corrupción y Cristina está procesada...

   —En aquel momento sí osaron. Se pretendió mostrar a Alfonsín como una persona que se había enriquecido, incluso que tenía una casa en España con grifos de oro. Tanto fue así que Alfonsín un día manoteó el bastón presidencial, se fue a la editorial de la revista y quiso moler a palos al dueño. Como a Cristina no le pudieron hacer lo que sí le hicieron a Alfonsín, que fue un golpe de Estado económico, tuvieron que fabricar la fábula de la corrupción. Porque los gobiernos de derecha cada vez que llevan adelante un ajuste necesitan provocar previamente una crisis que lo justifique. En el caso de Cristina fue el cuento de que el país estaba gobernado por una asociación ilícita.

   —Desde varios lugares empieza a aparecer la idea de que hay en marcha un plan de desestabilización contra la gobernadora Vidal y contra el presidente...

   —Lo que hay es una patria poniéndose de pie, y un pueblo que está reaccionando porque llegó al límite de su paciencia. Después de 15 meses del gobierno de Macri la sociedad observa que se puso en crisis todo, y eso provoca reacciones. La suma del ajuste salvaje y la corrupción da como resultado este escenario. No es desestabilización, es un escenario de movilizaciones populares que pretende defender el trabajo, la industria y la educación. En el caso de Vidal no hay conspiración, quedó de manifiesto su incapacidad para gobernar. Ella se sumó a Macri en la política de poner techo salarial a todo el sector público y privado a partir de conflictuar con los maestros, a quienes quieren usar como conejillos de india al ponerles un techo salarial de 19%. Eso no tiene que ver ni con la inflación pasada ni con la futura. Quieren que desde allí se discipline al resto de los trabajadores.

   —¿Cree que la puja electoral de octubre será entre macrismo y kirchnerismo y que en el medio no habrá casi nada?

   —Será entre oficialismo y oposición, y hoy lo que aparece como oposición en términos nítidos es el sujeto político que integra lo mejor del peronismo, del radicalismo, de la centroizquierda y de los sectores sociales que se encuentran en contradicción con el gobierno que lidera Mauricio Macri. La única ancla que tiene con la política un amplísimo sector de la sociedad es el liderazgo de Cristina. Si ese liderazgo no existiera estaríamos mirando las escenas del 2001 en las calles, pidiendo que se vayan todos.

   —Cuesta ver tantos radicales dispersos. Usted con Cristina; Suárez Lastra, Jesús Rodríguez y tantísimos otros con Cambiemos. ¿Influyeron estas cuestiones políticas en sus relaciones personales?

   —No. Uno no subjetiviza ni lleva al plano personal las diferencias políticas. Tomé la decisión de dejar de militar con quienes lo hice durante muchísimo tiempo, y eso provoca dolor. Pero dejé de actuar en la UCR para seguir siendo radical.

   —¿Y se reúne de vez en cuando con sus viejos correligionarios de boina blanca?

   —No. No tenemos un contacto habitual. A la expulsión del partido la tomé como un hecho formal. Por eso fundé un nuevo espacio, que es Forja.

   —En Santa Fe el radicalismo se debate entre el Frente Progresista y Cambiemos.

   — Eso se llama crisis de identidad. Muchos radicales se van a sentir representados por nosotros en un frente nacional y popular, por eso voy a acompañar la candidatura de Agustín Rossi.

Comentarios