Política
Domingo 23 de Julio de 2017

Cambiemos se juega esta semana a expulsar a De Vido de Diputados

El oficialismo tiene aliados fuertes, pero está muy ajustado en los números. Necesita unos 160 votos para sacar al ex ministro de la Legislatura.

La decisión política del oficialismo está tomada, y en marcha. Julio De Vido, con cinco procesamientos, ya fue condenado mediáticamente y ocupará las tapas de los diarios, y muchas horas de radio y televisión. De todos modos, plan A de la Casa Rosada, la expulsión del ex ministro kirchnerista, entró en zona de riesgo, cuando hasta hace dos días parecía consumado. "Nos cargamos a De Vido", se apuró a divulgar por las redes la autora principal de la operación, Elisa Carrió, hace pocas horas.

Podría ocurrir que el próximo miércoles haya sesión; o que pase para la primera semana de agosto. Y que De Vido sea expulsado, o que los votos no alcancen los dos tercios, y De Vido siga en la Cámara. Pero el plan político de Cambiemos es que el emblema kirchnerista esté ahí, todo el tiempo, expulsado o no de Diputados. Y se inscribe como un éxito para la Casa Rosada.

Timing político

La eventual expulsión del actual diputado nacional fue planificada con buen timing político. Todo indica que el próximo martes quedarán estampadas al menos las 18 firmas necesarias para dictaminar, en la comisión de Asuntos Constitucionales (34 miembros). Y luego la sesión especial.

Claro que la expulsión de un diputado, por reglamento de la Cámara, necesita una mayoría agravada. Un número que el oficialismo podría conseguir si es que se mantiene la alianza del PRO: radicalismo con Sergio Massa, Diego Bossio y, entre otros bloques pequeños, el puñado de diputados ligados a Margarita Stolbizer, entre ellos Partido Socialista de Santa Fe.

En contacto con LaCapital, diputados del PS evitaron confirmar por anticipado el apoyo a la expulsión. "Vamos a estudiar el dictamen", comentaron.

Además del bloque del FpV, el frente de izquierda de inspiración trotskista ya anticipó que rechazará la pretensión del oficialismo. El bloque del Movimiento Evita (seis miembros), y otros diputados de monobloques están cerca de tomar el mismo temperamento, aunque no pueden descartarse ausencias en el recinto y no votos negativos. Ausencias que no serán inocuas a la hora del resultado final.

Agenda

La pretensión de Cambiemos, una vez más, es poner en agenda temas propios, que, a su vez, interesen a la oposición moderada o asociada, y que aíslen al bloque del FpV.

Está en duda lo que sucederá el próximo miércoles: la alianza oficialista necesitará una cifra cercana a los 160 votos, siempre que una previsible veintena de diputados no se sienten en sus bancas a la hora de votar.

Sobre la base objetiva de la gestión del ex ministro de Planificación (de 2003 a 2015) que dejó oscuridad en varios tramos, pero que también en otros desafió a determinados actores privados de la obra pública en la Argentina, la jugada política de la Casa Rosada de expulsar por "inhabilidad moral" al ex ministro del kirchnerismo podría concretarse en el tramo final de la campaña electoral.

El gobierno cree que la satanización del pasado K le dará resultados el 13 de agosto. Hay encuestas que dicen otra cosa; ¿de tanto satanizar a CFK la abrían beneficiado?, son preguntas que hoy ya se hacen en el oficialismo.

Según el propio De Vido, y todo el arco de especialistas ligados al FpV, la cláusula constitucional que se aplicará no tiene ninguna chance de atravesar la impugnación judicial, que seguro llegará en el caso de que se concrete la expulsión.

Fase final

La jugada de la expulsión que entra en su fase final la semana que empieza se armó con la arremetida de sectores judiciales que militan cualquier causa contra el kirchnerismo, con la decisión de la Casa Rosada de castigar una figura emblemática de la presunta corrupción estructural del régimen K, y de un sistema de medios de comunicación asociados desplegando su temible capacidad editorial, condensada en un eje: lapidar a De Vido y, en su nombre, a todo el kirchnerismo.

Se trata de un hecho con poquísimos antecedentes: sólo se procedió de un modo parecido —aunque no igual— en dos casos, desde la recuperación de la democracia, en 1983: con Antonio Domingo Bussi, al que se le impidió tomar juramente como diputado electo en 1999 en virtud de sus condenas por juicios de lesa humanidad. Bussi recurrió a la Justicia y la Corte Suprema le terminó dando la razón, aunque 9 años después, con el mandato —nunca ejercido— finalizado. La Cámara de Diputados tuvo que abonarle, retroactivo, todos los salarios que no le pagó durante el mandato que no ejerció.

El otro caso fue el Luis Abelardo Patti, condenado y detenido a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad, que fue electo en 2005 como diputado nacional, pero que Diputados le impidió asumir, y en una segunda etapa, cuando la Justicia de todos modos lo habilitó, la Cámara lo desaforó y entonces permaneció detenido.

Julio De Vido, hasta hoy, tiene una treintena de imputaciones, cinco procesamientos y un pedido de elevación a juicio oral; todo en trámite de apelación en cámaras superiores. Y sin condenas firmes. La arremetida del oficialismo y sus aliados para expulsar a De Vido podría ser un buen eje de campaña para el oficialismo, pero —todo indica— viene floja de papeles, y complicada de votos.

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