Política
Domingo 10 de Septiembre de 2017

Alain Rouquié: "Sin un líder y sin unidad en la acción, el peronismo no funciona"

El prestigioso historiador francés explica las razones de su nuevo libro: "El siglo de Perón. Ensayo sobre las democracias hegemónicas".

Estar cara a cara con Alain Rouquié es tener la posibilidad de escuchar a uno de los grandes maestros de la historia política escrita en los libros, de la ciencia política, de la politología. Dueño de una humildad apabullante (aunque parezca un oxímoron), el prestigioso historiador francés tiene tiempo hasta para preguntar: "Bueno, ahora quiero que me cuente usted cómo está Argentina".

De visita a la Redacción, acompañado por el decano de la Facultad de Ciencia Política, Franco Bartolacci, Rouquié explica las razones de su nuevo libro: "El siglo de Perón. Ensayo sobre las democracias hegemónicas". Recibió el Honoris Causa de la Universidad Nacional del Litoral.

"Son 70 años de peronismo. Siete presidentes, 12 años de presidencia familiar peronista. De ahí se pueden sacar enseñanzas para entender esos dispositivos de poder, conocer sus mecanismos. Y ahí hacer las comparaciones con otros regímenes que tenían parentesco con el peronismo. El peronismo es el modelo más antiguo de los regímenes híbridos, que son ni-ni. Ni democracia representativa a secas, ni dictadura a secas. Ni lo uno ni lo otro", abreva el intelectual francés.

—¿Y qué tienen en común esos regímenes, como los llama usted?

—Tienen una base popular de sufragio, un líder que consulta al pueblo para garantizarse la autoridad y la capacidad de imponerse. Siendo un líder democrático se convierte en líder plebiscitario, haciéndose reelegir. En eso, son diferentes de los autoritarismos. En el caso de Hitler: hay una elección, pero ahí se terminan las consultas al pueblo. Son regímenes muy especiales.

—Se dice que el peronismo es como el PRI mexicano: ni de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario.

—Es que el PRI mexicano es una dictadura impersonal, no tiene líder. Cuando se subraya a Cárdenas y se lo pone en el mismo grupo que Perón y Getulio Vargas, es un error, no tiene nada que ver. Ahí está prohibida la reelección.

—¿Y cómo evalúa la particular capacidad pendular del peronismo, que va a la derecha con Menem y después a la izquierda con el matrimonio Kirchner? ¿Esto se registra en algún otro país o sistema político?

—No. Además, cuando apareció Perón, lo que le importaba era neutralizar a la izquierda, expulsarla de los sindicatos. Los sindicatos tenían que ser controlados por el gobierno, por la autoridad. En el caso venezolano se ve mucho menos, pero Chávez supo unir los extremos, como hacía Perón, en favor de su propia concepción de Venezuela: antiimperialista, popular, etcétera. Alrededor de Chávez hubo gente de extrema derecha, comunistas, extremistas. Perón y Chávez trataron de cubrir todo el abanico institucional y político. Perón estaba siempre en contra de los partidos, y él estaba al frente de un movimiento que sumaba. Si hay un líder, y el líder considera que encarna al pueblo, no hay lugar para el resto, que es la "antipatria", "representantes de las fuerzas extranjeras", "gorilas".

—Eso hoy es así en Argentina desde un lado de lo que se llama "la grieta", un fabuloso negocio político de los macristas y los kirchneristas, que deja al resto fuera de la gran pelea.

—Es así. Son dos beneficiarios. Está muy presente en la historia política argentina, y Perón la utilizó mucho.

—El macrismo, por medio de su gurú comunicacional, dice que se terminaron los partidos políticos, las ideologías, las formas clásicas de la política. ¿Está vendiendo humo o es una derivación de la modernidad líquida, de Bauman?

—Las redes sociales no son políticas, le quitan expresión a los movimientos sociales que quieren alcanzar el poder. Es absurdo. Sí es cierto que en el peronismo siempre hubo enfrentamientos y bipolarización, caracterizando al adversario como enemigo del pueblo. Funciona así. Cuando Kirchner llega al poder con una elección ínfima, no quería apoyarse en los sindicatos, quería apoyarse en los piqueteros, pero todavía no controlaba al PJ. Ideológicamente, Perón siempre estuvo en contra de los partidos. El no tuvo partido.

—¿Parecido a lo de Macri?

—No, porque Macri representa a una coalición de partidos. Lo de Perón fue diferente. Chávez hizo lo mismo: unificó el aparato electoral.

—Usted escribe en su libro que "el peronismo fue una gran caja de herramientas". Hoy se quedó sin quién pueda manejar las herramientas de esa caja. Sin líderes, se terminó el peronismo. Al menos, el peronismo ganador.

—Sí, la primera herramienta es el líder. Y la segunda, la unidad del movimiento. De lo contrario, no funciona tampoco la tercera herramienta: el enemigo. Si el presidente no es peronista, el que gobierna es, para los peronistas, "represor" o "vendido al imperialismo". Es identificar a un enemigo.

—Que hicieron muy bien Néstor y Cristina Kirchner...

—Eso es necesario para el peronismo. Y hay elementos culturales, como "las formaciones especiales", "la maravillosa juventud", etcétera. Perón utilizó eso hasta que dejó de serle útil.

—Vino al país en 2011, cuando Cristina sacó el 54% de los votos y parecía imparable. Hoy, apenas cosechó el 35% en provincia de Buenos Aires y tiene una imagen negativa muy amplia. ¿Le sorprende ese disvalor?

—No me parece que el peronismo vaya a desaparecer, si es la reflexión que usted está esperando. El poder desgasta, y cuando más se quiere utilizar, casi de forma hegemónica, es peor. Estamos en un contexto diferente al de Perón en los años 50. Pero tres presidencias familiares desgastan.

—¿El hecho de que haya ganado Trump en EEUU le sube el precio a la posibilidad de que el peronismo vuelva al poder algún día cercano?

—Trump tiene muchos aspectos del peronismo. Muchos dijeron que Trump es un peronista en la Casa Blanca. ¿Qué tienen en común? Que responden al malestar de una clase social que se considera abandonada y dejada de lado por el Estado. Los dos encarnan el malestar social. Perón en su época y Trump ahora. El candidato de los pobres, una vez llegado a la Casa Blanca hace la política de los ricos. Son estrategias oportunistas. Perón instauró el sistema de bienestar social por eso, no porque haya sido de izquierda o comunista, porque era mussoliniano. El me dijo, cuando lo vi, que admiraba a Benito Mussolini. Aunque nunca estuvo con Mussolini, me mintió. Perón sabía embellecer su pasado.

—En la última página de su libro, se pregunta si habrá otros peronismos en varios países de Europa...

—No se puede descartar. Hay grupos sociales que no se sienten reconocidos. Nacieron movimientos de extrema derecha e izquierda. Por ejemplo, el caso de Marine Le Pen, de derecha, pero con el programa comunista de 1970, de defensa de las conquistas obreras. Hoy el modelo comunista no existe, como cierto modelo industrialista, se comprimen los salarios, aumenta la desigualdad. Ese malestar social puede ser utilizado por líderes oportunistas.

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