Policiales
Viernes 05 de Mayo de 2017

"Una cosa que me volvió loco fue saber de dónde había venido el ataque"

Lo dijo Alberto Tortajada, baleado por un sicario al servicio de inversores que llevaron a la quiebra a una mujer que él defendió y que ya fueron juzgados.

"Esa mirada la recordaré toda mi existencia". El abogado Alberto Tortajada declaró ayer sobre el ataque que casi le cuesta la vida en 2012, cuando un asesino a sueldo lo baleó en el palier de su estudio. En un repaso minucioso de esos minutos críticos en el hall del edificio de Montevideo 2026 dijo que el agresor era "un buen tirador" pero se le trabó el arma. Y que durante mucho tiempo lo desveló no saber por qué habían intentado matarlo. Hasta que se descubrió una trama de atentados ligados al lado oscuro del negocio farmacéutico y detuvieron a quien él reconoció por la mirada, Pablo Andrés Peralta.

El penalista de 75 años fue el primero de los testigos en el juicio oral que se sigue por el ataque que sufrió hace más de cuatro años. En el mismo proceso se ventila la agresión al médico Oscar Ulloa en su clínica céntrica, hecho que derivó en el crimen del policía Carlos Dolce, el 5 de febrero de 2013. Por el caso, además de Peralta, está acusado como coautor Hernán Matías Núñez. Para ellos la fiscal Nora Marull pidió la prisión perpetua y ellos su absolución.

"No tengo dudas"

La jornada de ayer se centró en el ataque a Tortajada, el 7 de septiembre de 2012. En ese marco declararon otros abogados que estaban con él aquella tarde y la farmacéutica Celia Lingua, a quien el penalista representaba por un conflicto laboral con el inversor José Antonio Iborra y su hijo Juan Pablo, acusados de ordenar el ataque al abogado. El primero falleció y el segundo fue condenado en un juicio abreviado a 6 años y 8 meses de prisión domiciliaria.

Tortajada sobrellevó el interrogatorio con el aplomo de 43 años de profesión y cierta turbación por revivir el amargo momento. Canoso, de histórico bigote y pobladas cejas blancas, "El gallego" no se privó de algunas dosis de humor. Y fue contundente al afirmar que reconoció a Peralta como su atacante: "No tengo ningún interés en acusar a nadie que no sea. El reconocimiento no me dejó ninguna duda", dijo, mientras Peralta no dejaba de mirarlo.

Personaje legendario en los pasillos de Tribunales, Tortajada contó que comenzó a trabajar allí como practicante a los 17 años. A los 19 ingresó como empleado y en 1974 se recibió de abogado, volcándose a la profesión. Cuando lo balearon llevaba 35 años en la misma oficina.

"En el estudio generalmente los viernes no se atiende. El día anterior recibí un llamado de alguien que quería consultar por un tema de drogas. Le adelanté que no atendía esos asuntos porque veía venir todo lo que vino después (la causa Monos y otras). Pero le dije que le podía indicar quién podía atenderlo", relató.

"Al día siguiente me había olvidado del tema", confió. Por la tarde estaba con sus colegas Horacio Corbacho y Juan Carlos Fernández en una cafetería, a una cuadra de su estudio, cuando le sonó el celular. "Yo soy muy afecto a los números. Todo el mundo lo sabe. Suena el teléfono, digo no me gusta ese número y lo cierro. Ahí me doy cuenta de que estaba esperando una llamada. Tal es así que volvió a llamar y me dijo que demoraba un ratito en llegar". Era quien lo había contactado un día antes bajo el nombre de Sebastián.

En el palier

Tras la llamada el penalista caminó hacia su estudio y al llegar al edificio encontró a un hombre sentado en la entrada. "¿Usted es Tortajada?", le preguntó antes de identificarse como Sebastián. El letrado entró y avanzó hacia el ascensor. La puerta del edificio cierra sola y sólo puede abrirse con una llave o desde el portero automático. Por eso al abogado le llamó la atención no escuchar el cierre de la puerta que el atacante había trabado con un pie. Miró hacia atrás y recibió un disparo que le fracturó el húmero derecho.

Sufrió otras dos heridas en el antebrazo y el omóplato. "No me pida más precisiones —le dijo ayer a la fiscal—. Pero sí que es un buen tirador. En un círculo tiró todos los tiros. Sé que miré a la persona porque no podía creer lo que estaba pasando. Seguía gatillando y algún inconveniente tuvo con el arma", relató.

Desvelado por el origen

"Cuando me trasladaban en la ambulancia una señora que iba por la vereda de Tribunales cae redonda al piso. Les dije atiendan a esa mujer que lo necesita más que yo. Después me enteré que murió ahí", evocó con pesar Tortajada. Luego bromeó: "Prefiero ir al cementerio que a terapia intensiva. Me escapé del Heca porque veía elefantes. Fui al Sanatorio Americano y veía manadas de elefantes".

Por entonces lo desvelaba no saber quién había ordenado el ataque: "Una cosa que me volvió loco hasta que llegamos a esto fue no saber de dónde venía la cosa", dijo.

Pero al conectar una serie de hechos ligados al rubro farmacéutico, la investigación descubrió que los Iborra habían encargado el ataque a Tortajada por representar a una farmacéutica a quien habían arruinado (ver aparte). "A mí estos dos muchachos no me interesan. El que me interesa es el que falta acá", dijo el abogado en alusión a Iborra hijo.

En la causa se detectaron cruces telefónicos entre Iborra y Peralta, reconocido en rueda de personas por el abogado y a quien le secuestraron un celular desde el cual salió el llamado a Tortajada. "Yo lo habré visto dos segundos pero me quedó siempre grabada la mirada de este hombre que infunde temor. Tenía una pilcha medio rara, ese tipo de chaqueta que se veían en las películas viejas del Lejano Oeste", lo describió, y sostuvo que Peralta "se desfiguró tremendamente" para llegar al reconocimiento. "Pero lo que no se pudo desfigurar es la mirada. Eso lo recordaré toda mi existencia".

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