Policiales
Domingo 18 de Junio de 2017

Un hombre muerto y tres heridos tras el ataque a tiros contra una casa

Santos Díaz, de 49 años, estaba junto a sus familiares tomando y escuchando música cuando una lluvia de balas cayó sobre ellos.

En un confuso y oscuro episodio, tres integrantes de una misma familia y un adolescente de la vecindad fueron rociados a balazos desde un auto en movimiento pasadas las 2 de la mañana de ayer en Campbell al 1100 bis, en el barrio Empalme Graneros. Santos Martín Díaz, de 49 años y padre de siete hijos, fue quien se llevó la peor parte y murió en el hecho. "Él estaba sentado en un silloncito en la vereda cuando lo hirieron. Se ve que le pegaron en la ingle y se desangró", relató una vecina de la casa atacada. Díaz fue cargado en un auto particular y trasladado al Hospital Alberdi donde falleció. Dos sobrinos del hombre recibieron heridas. Edgardo D., de 28 años, fue alcanzado por balas en una pierna y una mano. En tanto Ricardo "Caio" L., de 29 años, fue herido en las piernas y el tórax. Un menor de 16 años que no formaría parte del grupo familiar resultó herido en una pierna. La investigación del caso quedó a cargo de la fiscal Georgina Pairola.

Santos Martín Díaz era uno de cinco hermanos que nacieron y se criaron en Campbell al 1100 bis, entre Juan B. Justo y Génova. Para los viejos vecinos de Empalme, Campbell siempre estará asociada al zanjón de aguas pestilentes que servía para aliviar el agua de lluvia en tierras inundables y que unía ese sector de la ciudad con barrio Ludueña. Esa fisonomía comenzó a variar entre las décadas del 80 y 90. Y hoy Campbell es una calle encajonada por las humildes casas de carreros con un mejorado de pavimento que no alcanzó para quitarle el aire de pobreza que tiene la cuadra.

"Lo que pasa acá es que mientras la droga sobrevuele la zona, nada bueno se podrá cosechar. Hay pibes que están muy enfermos y que son bien berretinudos. Acá ya nadie viene y te dice: «Vamos a boxear». Se juntan, consiguen fierros y te cagan a tiros donde te agarran. Son muy rastreros", explicó un vecino.

Zona conflictiva

La transición de aquel zanjón con la cuadra con mejorado trajo como resabio que Campbell al 1100 bis se transformara en un trozo de tierra conflictivo. Un lugar donde la normalidad y la anormalidad están separadas por una línea difusa y todo lo que allí ocurre tiene más de una lectura.

Será por eso que después de que murieran sus padres, Santos y sus hermanos emigraron de Empalme Graneros. El hombre se fue a vivir a La Carolina, un caserío ubicado a unos 15 kilómetros al sudoeste de Rosario por avenida Ovidio Lagos. Allí se afincó con sus siete hijos. Pero cada viernes a la noche o sábados al mediodía volvía a Empalme para reunirse con sus hermanos y sobrinos, tomar algo fresco y escuchar música sentados en la vereda.

"Son gente que les gusta tomar. Mantienen ese vicio, pero no se meten con nadie. Sacan el equipo de música a la vereda, toman, cantan y pasan el tiempo. Si vos querés encontrar a alguno de la familia venite un viernes a la noche o un sábado al mediodía que están ahí. Tomando y escuchando música en la vereda", describió una doña de la cuadra.

En la casa de los padres de Santos, una vivienda muy humilde con cerco de alambre, hoy vive Edgardo Díaz. Algunos vecinos lo presentaron como hijo de la víctima y otros como su sobrino. Lo cierto es que el joven vive del oficio de carrero, "pero eso es algo que está cada vez más difícil porque la «Muni» donde te agarra te saca el carro", explicó otro vecino que se dedica a lo mismo. Y en un pasillo contiguo a esa vivienda vive "Caio" L., sobrino de Santos.

Los últimos tragos

Todo pasó ayer a las 2 de la mañana cuando frente a las dos casas se encontraban Santos Díaz y sus parientes tomando y escuchando música en la vereda de tierra húmeda. Todos estaban sobre desvencijadas sillas. El carro de Edgardo, ayer cargado con chapas viejas, servía como reparo hacia la calle. Fue entones que los vecinos escucharon alrededor de 15 disparos que hicieron blanco sobre Santos, "Caio", Edgardo y un pibe de 16 años. "Yo no escuché motor de auto ni de motos. Fue como que llegaron a pie", dijo una doña. Pero un pibe que andaba en bicicleta la interrumpió: "Si venían a pie, ¿dónde está el resto de las vainas? Había sólo dos vainas tiradas", indicó y se fue.

Ese detalle dio aire a la versión de que el tirador llegó hasta la vivienda de los Santos en un auto rojo o bordo. Y que disparó haciendo blanco sobre el grupo. Los impactos quedaron en las chapas y el frente de al menos tres casas. La de Edgardo, la de "Caio" y la de una vecina. Todos los orificios parecían en línea. Como si el tirador hubiera disparado con el vehículo detenido o a paso de hombre.

Vieja enemistad

Tras el hecho los familiares de Díaz tiraron arena sobre el lugar donde su pariente se desangró. Ayer, a media mañana, un perro negro no abandonaba por nada ese montículo de arena. "Escuchamos los balazos y salimos a ver qué pasaba. Ahí escuchamos los gritos de uno de los muchachos herido que gritaba: «Se muere mi papá, se muere mi papá». Todo fue un caos", agregó una vecina. Santos tenía, según el informe preliminar de autopsia, ocho orificios en su cuerpo. "Falta determinar trayectorias para saber cuáles son de entrada y salida".

A los heridos los cargaron en un auto y los llevaron al Hospital Alberdi. Santos llegó muerto. Sus parientes fueron asistidos y quedaron internados en observación. Sobre el menor de 16 años se mencionó que llegó con su madre y tras ser asistido se retiró del hospital. "Pasa siempre lo mismo. Vinieron a tirarle a uno que no estaba y la ligaron mi tío y mis primos. No es así. Para el que era, ya se había ido", dijo con amargura un pariente de Santos, sin querer explicar ese comentario enigmático. También trascendió que la víctima mantenía una vieja enemistad con un familiar.

La misma realidad que cantó "Chucky" antes de morir

La vivienda atacada a balazos ayer a la madrugada queda a escasos metros de lo que fuera la casa de Ariel Alejandro Avila, el pibe de 21 años al que conocían como "Chucky" y que fue asesinado el 12 de febrero de 2014 cuando tuvo un encontronazo con dos soldaditos de un quiosco de venta de drogas que operaba en Campbell al 1100 bis. Hoy en esa casa sólo vive su papá y un mural lo recuerda en la plazoleta ubicada en calle Génova, a 100 metros de donde fue asesinado ayer Santos Díaz. La figura de "Chucky" ganó espacio público cuando se supo que el joven era rapero y que en una canción de hip hop había pintado una realidad del barrio que le costó la vida. "Donde en cada calle hay una banda diferente/Se enfrentan entre ellos y tiene que correr la gente/Mientras la droga avanza y acaba con la juventud/Los que la venden se enriquecen y no tienen inquietud", cantó en 2009 el chico que por entonces tenía 15 años y artísticamente era conocido como "La profecía".

   "Nada cambió desde la muerte de «Chucky». Se pacificó un poco porque los vecinos corrieron a los del búnker y se tuvieron que ir. Pero ahora los que venden drogas están en las esquinas y a cualquier hora del día, desafiantes. Yo le pregunto a usted ¿Quién los va a denunciar? ¿Quién se va a meter si todo el mundo sabe que la comisaría 20ª es parte del problema? ¿Usted sabe quienes venden droga y la Justicia no? Entonces no queda otra que andar con cuidado, que no te peguen un «cuete» (balazo) y te pasen para el otro lado. No hay muchas opciones. Hay chicos en el barrio que están muy enfermos por la droga", sintetizó un vecino de Empalme. En diciembre de 2014 Brian Adrián Acuña, de 20 años, fue condenado a 10 años y 8 meses como autor material del crimen de "Chucky" Avila.


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