Policiales
Sábado 21 de Enero de 2017

Un asesinato previo en el contexto de las carreras

Un año atrás, cuando Diego Nicolás Mansilla fue asesinado la madrugada del 23 de febrero pasado, los vecinos de bulevar Oroño y Lamadrid contaron que padecían el desplazamiento del escenario de picadas de autos y motos desde la zona norte hacia el sur. Y que reiteradamente formulaban denuncias ante el municipio sobre lo que sucedía.

Un año atrás, cuando Diego Nicolás Mansilla fue asesinado la madrugada del 23 de febrero pasado, los vecinos de bulevar Oroño y Lamadrid contaron que padecían el desplazamiento del escenario de picadas de autos y motos desde la zona norte hacia el sur. Y que reiteradamente formulaban denuncias ante el municipio sobre lo que sucedía.

"Esto es tierra de nadie. Acá hacen lo que quieren. Todas las noches, a partir de las 23, se empiezan a reunir los pibes con autos y motos y hacen picadas. Los autos pican por Oroño, desde Lamadrid hasta Uriburu. Y las motos hacen picadas por el interior de la estación de servicios. Es como «Rápido y Furioso» (por la película). La gente llena el cantero central como si fuera una tribuna. Se lo comunicamos a todo el mundo y nadie hace nada. Todas las mañanas sacamos dos bolsas llenas de botellas. Parecernos la Difunta Correa de las estaciones de servicios", explicó ofuscado Vicente Pecoraro, uno de los dueños de la Petrobras de Oroño a 5000.

Ayer los vecinos, muchos de ellos miembros de la comunidad gitana, contaban su cotidiano padecer con las picadas a lo largo de 200 metros en los que abundaban los envases de bebidas y los vidrios rotos.

"Los jueves, viernes, sábados y domingo por la noche no te podes quedar sentada en la vereda porque es un ir y venir de motos por la calle y por la vereda. Nosotros tenemos muchos niños pequeños. Y te arriesgas a que uno que se choreó una cartera te atropelle un pibe", indicó.

"No se puede más con las picadas. Todo el mundo sabe. Denunciamos en los canales pero nadie hace nada. Ahora sí, para enviarte a controlar si los autos están en regla, si te mandan los inspectores. Pero para controlar que no corran picadas no viene nadie", indicó un vecino de la comunidad gitana.

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