Policiales
Martes 28 de Febrero de 2017

Trágico final de un matrimonio: mató a la mujer de un tiro y se quitó la vida

El hombre padecía una grave enfermedad y siempre decía a los suyos que "cuando se fuera se llevaría a su esposa con él". El domingo lo cumplió.

La ventana del quiosco de Maipú y Centenario, en una humilde zona ribereña de Villa Gobernador Galvez, se mantenía cerrada la tarde de ayer, el día después de la trágica muerte del matrimonio que lo atendía. En ese lugar Carlos Jaime Cladera, de 70 años, le disparó un balazo a su mujer, Ester Elena Bustamante, de 67, y enseguida se quito con la vida con un tiro certero en la cabeza. Un vecino que acudió al comercio para comprar algunas cosas se topó con un panorama que no mostraba diferencia al de días anteriores, con el matrimonio tomando mates sentado metros atrás de la ventana del frente. Pero esta vez Carlos estaba tirado en el suelo y eso lo alarmó. Preocupado, decidió convocar a otros vecinos y entrar a la casa ya que nadie respondía a sus llamados. Entonces encontraron la dolorosa escena.

"Él solía decir que cuando se fuera se la iba a llevar a ella también. Lo repetían sus hijos y sus nietos", contó una vecina mientras otros dos se miraban extrañados ante la presencia de La Capital. Carlos fue pescador hasta que se jubiló. Con Ester, su esposa, tenían el pequeño comercio en el barrio y lo atendían juntos. Desde la ventana se los podía ver en lo cotidiano en sus sillones, a la par y mateando. Al golpear, se acercaban a atender. Pero el domingo no fue así, y entonces fueron descubiertos.

Tal como manifestaron vecinos, extrañados ante la decisión de la pareja, nada indicaba este final para ambos. "Eran muy buenos", repitió una mamá mientras resguardaba a su hija bajo un alero por la incipiente lluvia de ayer. "Lo raro es que no había nadie, los hijos casualmente estaban de viaje", contó una joven. Al tiempo que detallaban la escena vivida, contaron que "lo que pasó con exactitud sólo lo saben ellos y se lo llevaron con sus vidas", porque no hubo testigos de sus momentos finales.

No lo atendió nadie

Un hombre del lugar explicó que cuando fue a comprar algo observó por la ventana al hombre tendido en el suelo y decidió ingresar. Para eso alertó y llamó a otros vecinos. La puerta estaba cerrada y en consecuencia un niño se metió por una ventana chiquita y destrabó la puerta que tenía dos vueltas de llave. Entonces la gente de la barriada que se había juntado en esos minutos se topó con el peor panorama: la mujer tenía un tiro cerca de una oreja y el hombre presentaba un disparo en la boca. Junto a ellos, tirados en el piso, había un revólver calibre 32 marca Tanque sin numeración con cuatro cartuchos intactos y dos vainas servidas.

Pasadas las 18.30 acudió al lugar personal de la comisaria 25ª y constataron lo sucedido. "Una hora tardó la ambulancia. Cuando la encontramos la mujer agonizaba, pero llegaron dos médicos sin nada, ni un tubo de oxigeno, y Ester murió en el viaje. Pero eso pasa porque acá estamos olvidados", se quejó una vecina. Una joven y un adolescente parados a su lado asintieron y cuestionaron el sistema de salud público.

Los últimos actos

"Ayer a la mañana (domingo), Carlos se cruzó con un vecino de la otra cuadra y le dijo que iba a visitar a un hombre que era del barrio y murió la semana pasada. El vecino se rió pensando que era una broma, y por la tarde se mató", narró una mujer. Pese a que la enfermedad que padecía el pescador estaba confirmada, varios vecinso dudaron sobre la patología, algunos determinaron cáncer, otros hicieron referencia a que le dolían las articulaciones y eso lo llevaba mal. Pero ninguno entendía la decisión que tomó.

Todos dijeron escuchar los disparos, pero nadie se alarmó. "Acá se escuchan seguido",dijeron varios. "Pensamos que eran cuetes" describieron ante la inquietud. La lluvia de ayer proponía un gris general, el barrio comentaba en voz baja el hecho, con desconcierto, con sorpresa. El barro se adueñaba de la calle cubierta de un escaso pavimento viejo, donde golpeaba una curva abrupta que pasaba por el frente de la vivienda y caía hacia la ribera del Paraná. La casa de materiales blancos fue la única testigo de la muerte del matrimonio Cladera, sus conversaciones finales, su adiós.

Fabrina Donato

policiales@lacapital.com.ar

La Capital

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