Policiales
Miércoles 09 de Septiembre de 2009

Rocían con 12 tiros una casa y asesinan a un cartonero

"Vinieron a matar y quemar". Los vecinos del pasillo de Ayolas al 200 bis no salían de su asombro por el oscuro final que tuvo el cartonero Rafael Agustín Oliva, de 52 años, asesinado de un disparo ayer en su rancho de lata. Quienes lo hicieron tomaron todos los recaudos para no fallar.

“Vinieron a matar y quemar”. Los vecinos del pasillo de Ayolas al 200 bis no salían de su asombro por el oscuro final que tuvo el cartonero Rafael Agustín Oliva, de 52 años, asesinado de un disparo ayer en su rancho de lata. Quienes lo hicieron tomaron todos los recaudos para no fallar. Según los investigadores, hubo al menos dos tiradores, que se posicionaron frente a la casa de chapas de 3 por 3 metros y abrieron fuego. Además de Oliva resultó herida su concubina: Graciela Medrano, de 37 años. Sobre la lata quedaron grabados una decena de impactos. No conformes con eso, intentaron incendiar la vivienda. La policía secuestró nueve vainas servidas calibre 9 milímetros y un bidón con restos de combustible.

A Rafael Oliva lo conocían como el Negro. Vivía desde hace unos 30 años en el Bajo Ayolas. Y desde hace una década en una humilde vivienda de chapa y maderas en un pasillo que conecta el puente que cruza Ayolas con el Puente de Hierro, de Seguí al fondo. Para llegar al pasillo hay que subir 24 peldaños de trozos de losa hasta casi la altura del puente. “Rafael no tenía problemas con nadie. No sabemos lo que pasó”, indicó ayer al mediodía Antonio, de 70 años, padrastro de la víctima.

Fin de cuentas. Según se pudo reconstruir, las últimas horas de la víctima transcurrieron cartoneando. Llegó a su rancho cerca de la 1.30. Y se hizo algo de cenar. En su cama Graciela Medrano —un apellido con peso en el barrio— dormía y afuera su perro ladraba entre viento y llovizna. Cerca de las 2 de la mañana en el pasillo no había nadie. Al menos dos hombres tomaron por el estrecho pasillo de tierra. Caminaron los 50 metros hasta el puente sobre Ayolas de la casa del Negro Oliva, se cuadraron frente al rancho de chapa y abrieron fuego desde corta distancia. Balas calibre 9 milímetros contra la chapa oxidada.

Los vecinos hablan de una lluvia de entre 12 y 15 balazos. La mayoría quedó grabada en la precaria pared. En el interior de la casilla, Oliva cayó fulminado por un impacto en la zona lumbar. Al escuchar las detonaciones, Graciela quiso incorporarse en la cama y un balazo la hirió en la zona axilar izquierda. Casi sin parpadear, en el pasillo los atacantes rociaron el portón de ingreso con nafta y le prendieron fuego. Salieron a la carrera y se perdieron en la noche. “A la altura de la escalera descartaron un revólver calibre 38 cargado y percutado. Pero las balas no salieron”, relató un vecino.

Este dato fue confirmado por fuentes allegadas a la causa quienes indicaron que “también se secuestró una tijera, pero no estamos seguros de que hubieran sido utilizadas en este hecho”. A Graciela Medrano la auxiliaron en una ambulancia del Sies y fue trasladada al hospital Clemente Alvarez, donde fue operada y quedó internada, aunque fuera de peligro. “Nada cierra, tanta furia... ¿No se habrán equivocado de rancho? Lo que si quedó claro es que estos tipos vinieron a matar y a quemar la casa”, reflexionó un vecino. Investiga la comisaría 16ª y la sección Homicidios de la Unidad Regional II.

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