Policiales
Sábado 07 de Octubre de 2017

Robaron un maxiquiosco donde hace dos añoscometieron un homicidio

Los asaltantes se llevaron el dinero de la caja y el celular de Celeste Figueroa, hija de la dueña, quien corrió al ladrón, le arrebató su celular y como respuesta recibió un duro golpe en la cara.

Al menos dos delincuentes armados asaltaron a media mañana de ayer el maxiquiosco "Cielo", ubicado en Castellanos y Montevideo, donde hace dos años asesinaron al esposo de la propietaria en otro violento atraco. Los asaltantes se llevaron el dinero de la caja y el celular de Celeste Figueroa, hija de la dueña, quien corrió al ladrón, le arrebató su celular y como respuesta recibió un duro golpe en la cara.

El local de Echesortu tiene en una de sus vidrieras una foto inmensa de Rubén Figueroa, el padre de Celeste y esposo de Mercedes, dueña del local, quien para el 25 de noviembre de 2015 era empleado de Cablehogar pero estaba con carpeta médica por lo que acompañó a primera hora de la mañana a su esposa a abrir el comercio. Entonces un ladrón entró a robar y bajo amenazas se alzó con el dinero de la caja. Pero cuando se disponía a fugar en una moto, el comerciante salió a la vereda y le arrojó una piedra. Ante eso, el delincuente le efectuó entre ocho y diez disparos, uno de los cuales le perforó el pecho provocándole la muerte poco después en el Heca.

Ayer, en medio del asalto, Celeste llorando le dijo a uno de los ladrones: "Chabón, a mi viejo lo mataron hace dos años acá, váyanse". Y tras abrazarla y decirle que lo sentía, uno de los maleantes la golpeó y le robó.

La joven estaba junto a su madre, Mercedes, y contó que los maleantes "eran dos y estaban armados con revólveres, les dije que habían matado a mi viejo pero me sacaron el celular y quisieron correr. Yo los seguí unos metros para que me devolvieran el teléfono, pero me empujaron y me robaron todo", dijo Celeste.

Con profundo enojo, lágrimas en sus ojos y una bronca desbordante, Mercedes sostuvo: "No quiero cerrar el negocio, no es justo. Pero mataron a mi padre, a mi me roban y Echesortu no es seguro, ya nadie anda por la calle". Y explicó que "aunque tocamos el botón de pánico que tenemos la policía ni vino a tomarnos una segunda declaración. Un muchacho que vio lo que ocurría detuvo el paso de un patrullero y los agentes en vez de perseguir a los ladrones bajaron para preguntarnos qué había pasado, cómo estaban vestidos y todo lo que hacen siempre".

"En Echesortu nadie hace las denuncias. Te arrebatan la cartera, te empujan, roban en los negocios y la policía nada. Ya no sabemos qué hacer", concluyó Mercedes que seguramente hoy, con dolor, volverá a abrir su local como todos los días para trabajar sin ninguna protección.

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