Policiales
Lunes 09 de Octubre de 2017

Reducen la pena a un vendedor que asesinó a un vecino

El homicida fue herido por familiares de la víctima y por eso, si bien no se demostró legítima defensa, la Cámara Penal aceptó bajar la condena a 10 años

La Cámara Penal rebajó la condena a un vendedor ambulante que asesinó a un quiosquero de su barrio en el marco de un violento episodio en el que también fue objeto de un posterior episodio de linchamiento en el cual perdió un ojo y su casa. Se trata de Carlos Alberto Simonetti, de 29 años, quien en octubre pasado fue sentenciado a 16 años de prisión por el crimen de Santos Anselmo Ortiz ocurrido en 2014 en un precario asentamiento de la zona sur.

El fallo fue apelado por la abogada del acusado, que alegó que éste había actuado en legítima defensa. El análisis del caso recayó en los camaristas Guillermo Llaudet, Carina Lurati y Georgina Depetris quienes no admitieron ese argumento pero concluyeron que, en virtud de la situación social de Simonetti y las lesiones sufridas en la venganza de la que fue blanco, ameritan reducir la pena al mínimo legal de diez años y ocho meses de prisión.

Con una tumbera

Simonetti mató a Ortiz con una perdigonada de tumbera el 19 de diciembre de 2014 en pasaje 531 y Hungría (Ayacucho al 6200). La víctima era un albañil jubilado de 65 años que andaba con muletas y tenía un quiosco en su casa, frente a la cual vivía Simonetti. Según la teoría del fiscal de Homicidios Adrián Spelta, quien había pedido 23 años de cárcel para el acusado, el violento episodio que terminó con Ortiz muerto y Simonetti gravemente herido se originó en una del victimario y la negativa del quiosquero a seguirle fiando.

En su alegato Spelta afirmó que "la negativa de Ortiz para seguir vendiéndole bebidas al fiado provocó un malestar en Simonetti", que luego de una discusión "volvió a su casa y luego regresó al quiosco para dispararle con una tumbera". Según esta versión, el acusado huyó a la carrera mientras familiares y vecinos de Ortiz lo corrieron unos 200 metros donde lo apuñalaron y balearon.

Sin embargo, la defensora pública Maricel Palais pidió la absolución del acusado por haber actuado en legítima defensa. La abogada se basó en la versión aportada por Simonetti, que había narrado que esa tarde había ido al quiosco a pagar lo que debía pero entonces comenzó a discutir con Ortiz, cuyos hijos luego lo golpearon. Según esta secuencia, el acusado se fue a su casa seguido por sus agresores y, bajo amenaza de que le prendieran fuego a la vivienda, tomó una tumbera y escapó a refugiarse en la casa de su padre. El joven huyó seguido por los agresores y en ese marco dijo haber disparado la fatal perdigonada y recibido un balazo en la cara y puñaladas.

Al término del juicio oral el tribunal integrado por Carlos Leiva, Alejandro Negroni y Patricia Bilotta condenó a Simonetti a 16 años por homicidio agravado por el uso de arma de fuego.

Apelación

El fallo fue apelado por Palais, quien remarcó la secuencia de hechos que a su entender justificó la conducta defensiva de Simonetti. Cuestionó aspectos de la investigación sobre el levantamiento de rastros y las pericias balísticas, así como a testigos que "mintieron para encubrir" a quienes atacaron al acusado.

La abogada también planteó en subsidio una rebaja en el monto de la pena impuesta y además pidió que se contemple "las secuelas irreversibles" que sufrió Simonetti —"perdió la vista de un ojo, su casa, tuvieron que irse a vivir a otro lugar"— y sus vulnerables condiciones de vida.

Por su parte el fiscal respaldó en testimonios la teoría que había llevado a una condena en el juicio oral. Ubicó a Simonetti como un hombre "violento, borracho y denunciado por violencia de género" mientras que Ortiz "andaba en muletas, no podía correr", dato con el cual desvirtuó la teoría de que el quiosquero había sido alcanzado por una perdigonada mientras integraba una turba que perseguía al homicida.

Spelta defendió las pericias balísticas cuestionadas por la defensa y daban a entender que el escopetazo había sido disparado a poca distancia. Y remarcó las contradicciones entre testigos familiares del acusado sobre la secuencia de los hechos para aseverar que no hubo legítima defensa en la actitud de Simonetti, porque "Ortiz nunca lo agredió".

"No caben dudas"

La camarista Lurati fue la encargada de analizar los argumentos y emitir el primer voto. "No caben dudas de que Simonetti disparó a Ortiz con una escopeta de frente y a una distancia no mayor a dos metros en la zona de la ingle", afirmó la jueza en base "a los testimonios de los expertos" que analizaron cómo la víctima fue alcanzada por los mortales perdigones. "De esta mecánica probada en grado de certeza se deducirá que no es posible que los hechos hayan tenido lugar como los describiera Simonetti a lo largo del proceso.

"Todas las pruebas llevan a concluir que Simonetti, tras una discusión con Ortiz y sus familiares fue a buscar un arma y se dirigió al quiosco y le disparó a aquel que estaba desarmado, provocando la reacción posterior de los vecinos", sostiene la jueza, para quien no se sostiene la tesis de la legítima defensa por cuanto "aún en el relato de Simonetti no existe agresión ilegítima de Ortiz".

No obstante, hizo lugar a la pretensión de rebajar la pena requerida por la defensa. "El estado de embriaguez, la pobreza acreditada, el hacinamiento en que vivía así como las lesiones causadas en esa suerte de linchamiento del que fue objeto y que quedó impune son razones para que la pena sea reducida al mínimo legal de diez años y ocho meses de prisión", sostuvo Lurati, postura que obtuvo la adhesión de sus pares.

tres años. Carlos Simonetti mató a Santos Ortiz el 19 de diciembre de 2014 en el quiosco de pasaje 531 y Hungría.

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