Policiales
Jueves 16 de Marzo de 2017

Preventiva en audiencia imputativa a dos hermanos por amenazas y balaceras

Son Matías y Marcelo Medrano, sindicados narcos de la zona noreste. Les achacan el ataque a un delivery y los tiros contra una familia.

Los hermanos Matías y Marcelo "Coto" Medrano se sentaron ayer en el banquillo de los acusados y fueron imputados por la fiscal Georgina Pairola de una serie de delitos ocurridos una vez finalizado el clásico en el que Rosario Central venció a Newell's Old Boys el 26 de julio de 2015 en el Coloso del Parque. Ambos fueron acusados por amenazas coactivas contra un delivery de comidas en la esquina de Maestro Mazza y Francisco de Miranda, a metros de donde ellos residen; y también recibieron sendas imputaciones por balear a tres familiares de ese joven en inmediaciones de Galicia y pasaje Kramer. Matías, quien ya fuera imputado la semana pasada por tenencia ilegal de armas de guerra, fue acusado en este caso de homicidio agravado en el grado de tentativa, abuso de armas y lesiones leves (dos casos) y portación de arma de fuego. Mientras que "Coto" fue imputado por abuso de armas, lesiones leves (dos casos) y portación de arma de fuego además de la tenencia de un arma de uso civil que le incautó la Policía Federal cuando allanó su casa.

Matías Medrano fue detenido el 8 de marzo en una promocionada redada realizada por la Policía Federal que incluyó 12 allanamientos gestionados por los fiscales Georgina Pairola, de la Unidad de Homicidios del Ministerio Público de la Acusación local; Gisela Paolicelli, del área de Investigación y Juicio; y Aquiles Balbis, de la Fiscalía de San Lorenzo. Las ordenes de allanamientos fueron rubricadas por la jueza Patricia Irma Bilotta. Horas más tarde Matías fue imputado por el fiscal de San Lorenzo por tenencia de arma de fuego y le dictó prisión preventiva hasta el 7 de abril. Marcelo, su hermano, fue capturado el lunes cuando iba en su Citroën C4 por Colombres al 2700, frente a la Rambla Catalunya.

Pesados en el noreste

Los Medrano están apuntados como pesos pesados y ayer quisieron demostrarlo. Por eso cuando "Coto" supo ayer que en la sala donde lo imputaban había un par de periodistas gráficos, los miró fijamente durante varios minutos de manera desafiante. Encima, la audiencia sufrió una demora de dos horas por el cambio de sala y porque con lo ajustado del cronograma del nuevo sistema penal fiscales, defensores y el juez debieron participar de otros debates en salas contiguas.

La audiencia fue presidida por el juez Juan Carlos Leiva, quien suplantó a Gustavo Pérez de Urrechu, y en la sala también estuvieron el hijo y la esposa de "Coto" además de cuatro periodistas resguardados por efectivos de la Federal y la provincia.

Las acusaciones

La fiscal Pairola imputó a ambos hermanos de amenazar a un delivery de comidas al que conocían de la cancha de Newell's, en la esquina de Maestro Mazza y Francisco de Miranda horas después de finalizado el clásico del 26 de julio de 2015. Al hombre lo interceptaron, le sacaron el casco y lo golpearon en la cabeza. "No vayas más a la cancha porque te va a pasar lo mismo que la otra vez", le dijeron.

"La otra vez" fue un hecho que ayer sobrevoló la audiencia pero que aún no tiene como imputados a los Medrano. La noche del 15 de octubre de 2014 el delivery en cuestión fue atacado a tiros por un desconocido en la puerta del negocio para el que trabajaba, en Baigorria y Molina. Un compañero del muchacho le comentó luego: "La orden la dió «Coto» Medrano y pagó 10 mil pesos y diez gramos de cocaína al que disparó".

El contexto que brindó la fiscal a partir de los testimonios recabados es que los Medrano regentean varias bocas de expendio de droga, especialmente en la zona de Galicia y Kramer (a metros del puente Rosario-Victoria y de Costa Alta); y que el ataque al delivery estaba enmarcado en la disputa por el control del paravalanchas leproso. Previo a la audiencia un allegado a la familia Medrano descartó de plano que los hermanos tengan causas en la Justicia Federal más allá de la condena a 6 años de prisión que "Coto" tiene firme desde 2010.

Tras aquel incidente, el delivery supo que tres familiares suyos habían sido baleados en Galicia y Kramer, a pocos metros de la casa materna de los Medrano. Según coincidieron las víctimas (de 31, 36 y 70 años) en su relato, una vez terminado el clásico Matías pasó por delante de un grupo en el que estaban y comenzó a buscar pelea. Como lo conocían, los pibes intentaron bajar los decibeles al asunto. Pero Matías no se quedó conforme y fue hasta la casa de un tal "Lauti", de donde volvió armado y junto a su hermano. Como en una escena de "far west" caminaron hacia el grupo por las dos veredas a los tiros. Según la fiscal, "Coto" portaba una pistola 635 (calibre 25) similar a la que le secuestró la Federal el lunes pasado, y Matías una calibre 380.

Como en el Lejano Oeste

"«Coto» disparaba a la distancia y Matías siguió caminando hacia mí disparándome", explicó Sebastián D., quien recibió dos balazos en las piernas y uno en el entrecejo. La fiscal hizo hincapié que esta víctima tiene aún en su cráneo la bala calibre 380 que le disparó Matías. En el incidente también fue baleado Mauro F., que recibió un tiro en una pierna. Ante esa escena don Tulio, de 70 años y padre de Sebastián, salió a la vereda y les gritó a los Medrano: "¿Por qué hacen esto?". La respuesta fue un balazo en el tobillo izquierdo.

Consultados por el juez Leiva si querían hacer uso de la palabra Matías dijo que "no". Y "Coto" repitió tres veces la misma frase: "Yo me desvinculo de lo que se me acusa".

Las defensas no discutieron la calificación de los hechos pero plantearon reparos a la hora de las medidas cautelares. La defensora pública Paula Alvarez, que asistió a "Coto", pidió la libertad de su asistido y atacó la acusación fiscal ya que "se basaba en comentarios". El abogado Daniel Machado, defensor privado de Matías, dijo que "durante las dos últimas semanas la prensa presentó a estos dos muchachos como los más malos entre los malos". Y luego destacó que Matías no tiene antecedentes y que no había testimonios directos. "Todo queda en palabra contra palabra", agregó.

Al final el juez Leiva dijo que la calificación de los delitos era la correcta y que "los relatos son creíbles y verosímiles" tanto en la acusación de la amenaza y el hecho que la antecedió (el ataque a balazos que padeció el delivery el 15 de octubre de 2014) como la balacera del 26 de julio de 2015 con tres heridos. E indicó que para él la imputación debía ir a más. "Puede que no se haya tratado de dos hombres que reaccionaron de manera individual; sino de dos hombres que tuvieron una reacción conjunta con un plan común, pero eso lo dejo en manos de la fiscal", dijo Leiva. Luego les dictó la prisión preventiva por el plazo de ley.

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