Policiales
Viernes 19 de Mayo de 2017

Piden perpetua para un hombre que intentó abusar de una nena y la mató

Lo reclamó el fiscal Miguel Moreno para Juan José Pérez por el crimen de Milagros Sánchez, una nena de 14 años asesinada en Nuevo Alberdi en 2015

"Milagros Sánchez seguramente soñó con su fiesta de 15, también con ser madre. Nada de eso ocurrió ni va a ocurrir jamás. Es que con tan sólo 14 años uno sueña más de lo que hizo en la vida, y lamentablemente para Milagros lo último fue confiar inocentemente en la persona equivocada: en el acusado Juan José Pérez". Con esa parábola el fiscal Miguel Moreno describió el trágico destino de la adolescente asesinada en febrero de 2015 en la zona rural de Nuevo Alberdi y encontrada dentro de una zanja, envuelta en un plástico negro atado con cables.

Ayer comenzó el juicio oral contra el imputado de ese crimen, un joven de 27 años para el que la Fiscalía pidió prisión perpetua como autor de tentativa de abuso sexual con acceso carnal y homicidio críminis causa. Desde temprano, un importante grupo de personas con remeras blancas que en su pecho tenían estampada la cara de Milagros llegaron a Tribunales. Eran la madre, la abuela, tíos, primos y amigos de la menor que presenciaron y testificaron en el juicio oral y público ante un imputado imperturbable frente al Tribunal integrado por Hebe Marcogliese, Alejandra Rodenas y Raquel Cosgaya.

Inocencia engañada

Según la hipótesis fiscal, el miércoles 18 de febrero de 2015 Pérez se encontraba charlando con Milagros en la puerta de la habitación en la que vivía, al borde de calle Grandoli y cerca del canal Ibarlucea, en la periferia de Nuevo Alberdi. "Quién sabe mediante qué patraña convenció a la menor para que ingresara a la pieza donde intentó abusar de ella", relató el fiscal. "Algo operó en la mente de Pérez, como un dejavu. Surgía la posibilidad de que una situación que ya había sufrido volviera a pasar. Pero decidió que no. No iba a volver a estar preso por un abuso (ver aparte). Y con el objeto de ocultar y permanecer impune del ataque sexual no dudó en quitarle la vida a Milagros de una manera que sólo él sabe". Tras ello el fiscal dijo: "Después de matarla la envolvió en una manta, en un nailon, y cuando nadie lo vio la sacó de la pieza, cruzó la calle y la arrojó en un zanjón".

Según la pesquisa, el acusado había llegado a la zona hacía tres meses a trabajar en un horno de ladrillos con un tío que le ofreció vivienda. Milagros vivía a pocos metros de esa casilla con su madre, Gisella González. El día que desapareció, la nena había ido a buscar un control remoto de televisión a la casa de su abuelos, Nélida y Mateo, que viven a pocos metros. De regreso paró en la casa de Pérez y nunca más se la vio.

En el primer día de juicio la Fiscalía ofreció cuatro testigos, todos familiares de la víctima, con los cuales buscó hilvanar lo ocurrido.

El primero en hablar fue Ezequiel González, tío de Milagros y residente de la zona. Con un relato sólido que apoyó en un croquis de las viviendas de la zona y que dibujó en un pizarrón, contó que aquel día pasó por la casa de sus padres y le llamó la atención ver a Milagros hablando con el vecino "en la puerta de la piecita" del terreno donde está el horno de ladrillos Sergio A., tío del acusado.

Gritos de mujer

Después explicó que un amigo que vive justo al lado del imputado le pidió ayuda para arreglar la rueda de un auto estacionado sobre una cochera, detrás de la habitación de Pérez. "Escuchamos gritos de mujer, pero mi amigo me dijo que podía ser otra vecina. Después llegó el tío de Pérez, le golpeó la puerta y le preguntó qué pasaba. Desde adentro Juan José le respondió «Nada, nada, me estoy peleando con mi mujer».

El joven recordó que a los minutos vio a su hermana preocupada porque Milagros no había vuelto a la casa. En ese momento comenzaron la búsqueda. Fueron a la subcomisaría 2ª a las 13.30 y a las 18, pero no le recibieron la denuncia porque no habían pasado 24 horas.

Otro elemento que empezó a sembrar sospechas es que la madre de Ezequiel le comentó que vio a la mujer de Pérez llegar al barrio a la tardecita de ese día, que se paró a charlar con una vecina y ésta le preguntó si su marido la había golpeado. Pero ella contestó que era "imposible", porque recién había llegado.

El jueves, un vecino observó a Pérez muy temprano baldear el piso de tierra de su pieza. Más tarde, en medio de la desesperación, Ezequiel fue a la casa del acusado y le pidió permiso para entrar a la habitación, donde había un colchón pelado, sin sábanas, y unas pocas prendas.

"Ese día el tío me dijo que tuviéramos cuidado porque tenía antecedentes de abuso. Yo no lo conocía y mi mamá no desconfiaba porque lo veía en la iglesia", referenció Ezequiel.

Tras la insistencia de los familiares, el viernes la policía realizó un rastrillaje y Milagros fue hallada en un zanjón. Fue el propio Ezequiel el que junto a la policía divisó el envoltorio de nailon negro como el que se utiliza para cubrir los ladrillos de la lluvia, atado con cables de teléfonos.

Silencio profundo

La segunda testigo fue ni más ni menos que Gisella González. Con una remera blanca con la foto de su hija en el pecho, apenas pudo contestar un par de preguntas del fiscal que coincidían con el relato de su hermano.

Cuando Moreno la interrogó sobre el rastrillaje, la mujer enmudeció. Agachó la cabeza y se encogió para apaciguar la angustia. No se sintieron llantos ni gemidos, sólo un profundo silencio que invadió la sala por varios minutos. No pudo hablar más. La jueza Marcogliese suspendió la declaración y pasó a un cuarto intermedio.

Ya restablecida y al retomar su testimonio, recordó que cuando ese viernes llevan detenido a Pérez, le pasó por al lado y la miró "lo más tranquilo, como burlándose". El correlato de los hechos fue ratificado también por las declaraciones de los abuelos de la adolescente, Nélida y Mateo González, quien reconoció a su nieta al ser hallada.

El fiscal Moreno expuso que la prueba llevará a "la convicción indubitable de que mientras intentaba abusar de Milagros, Pérez sintió un miedo tan fuerte que no dudó en apoderarse de su vida para ocultar su miserable acción".

La defensa, por su parte, recordó que el acusado tuvo una "vida difícil" por la muerte de su madre a temprana edad. Y al relacionar el antecedente por abuso, el abogado Juan Pablo Nardín dijo que este caso era "un nuevo traspié" en su vida. "Ningún testigo va a poder afirmar que Milagros fue víctima de intento de abuso sexual. Tampoco se va a determinar la causa de la muerte. Sin embargo estamos aquí ante un pedido de pena perpetua, la más grave del ordenamiento jurídico con ninguna posibilidad que se pueda cumplir el fin resociabilizador previsto en las convenciones de Derechos Humanos", expuso el abogado, para quien el debate terminará con "la conclusión inexorable" de un fallo absolutorio.

El fiscal pidió que se declare reincidente al acusado

Juan José Pérez protagonizó un hecho de abuso sexual que tuvo repercusión pública y por el cual fue condenado a cuatro años y medio de cárcel. El 2 de noviembre de 2010 fue denunciado por la clienta de una librería de Mendoza al 4400, donde él acusado trabajaba como empleado. Según la víctima, ingresó a sacar fotocopias y cuando se retiraba,el empleado la tomó desde atrás por el cuello, la amenazó con un cuchillo de cocina y la obligó a ingresar a un baño, donde la manoseó y le exigió que se bajara los pantalones. En agosto de 2012 lo condenaron a cuatro años y medio de prisión por ese hecho. Cuando ocurrió lo de Milagros estaba bajo libertad condicional. Por eso el fiscal Miguel Moreno también solicitó ayer que se lo declare reincidente.


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