Policiales
Jueves 04 de Mayo de 2017

Piden perpetua para dos acusados de ser sicarios de empresarios farmacéuticos

Les imputan golpear al médico Oscar Ulloa en su clínica y matar al policía Carlos Dolce al huir. A uno de ellos también le achacan balear a un abogado.

Los atentados más violentos de una saga ligada al negocio farmacéutico comenzaron a debatirse ayer en un juicio oral y público. En el banquillo de los acusados hay dos hombres considerados como los sicarios que cuatro años atrás, por encargo de dos inversores del negocio de los medicamentos, golpearon a un médico en su clínica del centro de la ciudad y al salir mataron al policía Carlos Dolce. Uno de ellos también está preso y es juzgado por intentar asesinar a tiros a un abogado cinco meses antes, en el palier de su estudio ubicado frente a los Tribunales. En ese marco, la fiscal Nora Marull pidió prisión perpetua para los dos. Mientras ellos se dijeron inocentes y pidieron ser absueltos.

"Estamos ante dos hechos independientes con una misma línea causal: el trasfondo de los negocios farmacéuticos y la venta de medicamentos", arrancó la fiscal el relato de su acusación, que de entrada delineó un contexto de "negocios turbios". Por eso, como punto de partida de su alegato mencionó a los dos empresarios que hilvanan estos ataques con otras siete agresiones a farmacéuticos, además de las recibidas por una jefa de Inspección de Farmacias y un presidente de ese Colegio profesional, que ocurrieron entre 2013 y 2014 y se juzgan por escrito.

Se trata de José Antonio Iborra, quien falleció el año pasado, y su hijo Juan Pablo, que pactó en un juicio abreviado una condena a 6 años y 8 meses en prisión domiciliaria. Eran los dueños de cuatro negocios que controlaban a través de titulares matriculados: las farmacias Suiza, San Luis, Farmaciudad y San Juan. En agosto de 2014 fueron detenidos por ordenar intimidaciones a otros comerciantes para que no abrieran locales cercanos a los suyos.

Marull dijo de los Iborra que "estaban dispuestos a todo para hacer sus negocios espurios" y que "se valían de terceras personas que hacían el trabajo sucio". Los dos hombres que llegaron a juicio son precisamente los acusados de actuar como "brazo armado" de los inversores: Pablo Andrés Peralta, un amigo de Iborra hijo; y Hernán Matías Núñez, un "colaborador" del primero.

Declaración de inocencia

"Me acusan de sicario. Me acusan de la muerte de un policía. No fui yo el que quiso cumplir esa locura", se defendió Peralta ayer al declarar por primera vez sobre los hechos. "No declaré antes por miedo. Juan Pablo Iborra tiene mucho dinero", aludió al inversor condenado por encargar los ataques. Dijo que lo conoció en una fiesta en 2011, que eran vecinos y salían a correr juntos (ver abajo). Núñez fue más breve: "No soy ningún asesino. No conozco a esa gente. Yo soy inocente".

Los dos se desligaron de los disparos al policía Dolce. Y sus abogados negaron que actuaran en los ataques. Así, el juicio quedó planteado entre dos polos: la prisión perpetua o la absolución.

Los familiares de Dolce, visiblemente dolidos, presenciaron el debate desde un sector de la sala opuesto al de los allegados a los presos. Cuando la fiscal describió las numerosas lesiones que sufrió el policía al ser atacado, su madre rompió a llorar. "Mamá no llorés por este puto de mierda", vociferó un hermano de la víctima con la mirada fija en Peralta. Los jueces Edgardo Fertitta, Marisol Usandizaga y María Isabel Mas Varela le llamaron la atención y la audiencia siguió sin incidentes.

Tiros en el palier

El primer ataque de la saga fue el atentado contra el abogado Alberto Tortajada en 2012. El penalista había sido contactado por Celia L., la dueña de la farmacia San Juan, quien arrastraba problemas económicos por los que tres veces embargaron su casa. El profesional habló con el abogado de los Iborra: "Arreglen lo de Celia. Va a terminar perdiendo la farmacia. Debe una fortuna". La respuesta no fue amistosa. "Te voy a matar a vos, a tu familia y a tu abogado", le hizo llegar Juan Pablo Iborra a la farmacéutica.

El 7 de septiembre de 2012 un supuesto cliente llamado Sebastián concertó una cita por teléfono con Tortajada y fue a su estudio de Montevideo 2016. A las 17.50 el penalista le abrió la puerta y cuando giró para llamar el ascensor recibió un disparo calibre 22 por la espalda y otro en un brazo. Un tercer plomo impactó en la pared. Se salvó sólo por azar: al agresor se le trabó el arma.

Por esa ejecución fallida sólo está acusado Peralta. Fue reconocido por el penalista ("Nunca me voy a olvidar de esa mirada", dijo al apuntarlo) y lo complican cruces telefónicos con Iborra.

"Intentó darle muerte en forma artera y despiadada", dijo la fiscal, que enmarcó el ataque como una tentativa de homicidio calificada por la alevosía. El querellante Sergio Larrubia, en representación de Tortajada, pidió que además se agrave el delito por la promesa remuneratoria. "Los Iborra convinieron el asesinato de Tortajada", remarcó.

El regalo falso

El otro hecho por el cual están acusados Peralta y Núñez ocurrió el 5 de febrero de 2013 en una clínica de 3 de Febrero 1045 donde atendía el médico Omar Ulloa, dueño de la cadena FarmaVip. Un mes antes le habían rociado a tiros el frente de su casa para que cancelara la inminente apertura de un local en San Lorenzo y Maipú. Pero aquel día de febrero dos hombres se presentaron llevándole una planta de regalo.

   Con el presente como señuelo ingresaron de prepo al consultorio de Ulloa. Lo atacaron a golpes de puño, le pegaron un culatazo en la cabeza, efectuaron disparos al aire y le robaron dos celulares Blackberry. "No abras el negocio. Soy el que te baleó tu casa de calle Santiago", dijo uno de ellos. Entre el pavor de los pacientes que salieron a la calle, los sicarios escaparon y se toparon con el policía Carlos Dolce, quien custodiaba la cuadra de civil y se sorprendió al ver a los pacientes de la clínica salir disparados hacia la calle.

   Al grito de "alto, policía", Dolce redujo a uno de ellos (Núñez) a quien le ordenó que se arrodillara y se desprendiera la camisa. Para la fiscal, éste sólo fingió una sumisión mientras el otro (Peralta) arrojó una gorra al piso como maniobra distractiva y al agacharse a recogerla sacó un arma 9 milímetros. "Ambos se traban en lucha con Dolce, que cae al piso. Le efectúan varios tiros y lo ejecutan", dijo la fiscal. Y descartó "una preeminencia de uno sobre otro", dijo.

La acusación

Los agresores escaparon en un Chevrolet Corsa negro sin patente y tras una persecución en la que arrojaron los celulares robados fueron detenidos en Colón y 27 de Febrero. Los acusan como coautores de varios delitos. Los ocurridos dentro de la clínica: robo calificado, amenazas coactivas calificadas, lesiones leves, abuso de armas. Y el homicidio calificado criminis causa y por la condición de policía de Dolce, además de portar una pistola. Marull pidió para los dos prisión perpetua. Lo mismo reclamó Federico Laurito, querellante por la familia Dolce.

   En la otra vereda Liliana Alvarez, defensora oficial de Peralta, dijo que su defendido es inocente pero llegó a juicio porque era más fácil para las agencias penales: "En esta sala hay un gran ausente, Juan Pablo Iborra. Es así porque es un empresario. Aprovechó la muerte de su padre para arreglar una módica pena y descargó toda la responsabilidad sobre Peralta". Mario Ducler, por Núñez, dijo que su cliente "se limitó a llevar una maceta" y culpó a Peralta: "A Dolce lo mató Peralta. El pistolero es él. Es el que tiroteó la casa de Ulloa. Era el dueño de la 9 milímetros y trabajaba en una actividad mafiosa de la industria farmacéutica".

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