Policiales
Sábado 20 de Mayo de 2017

Piden perpetua para acusados de una saga de ataques ligados al negocio farmacéutico

Son dos hombres imputados de agredir a un médico, matar a un policía y balear a un abogado instigados por dos empresarios.

Las últimas palabras en el juicio por una serie de ataques ligados al costado turbio del negocio farmacéutico, entre ellos el crimen de un policía y el atentado a balazos a un abogado en la puerta de su estudio, las pronunciaron ayer los dos imputados. "A mí me están acusando de un homicidio con un arma de fuego que no usé", dijo Hernán Matías Núñez. "Soy inocente de todo lo que se me acusa", lo secundó Pablo Andrés Peralta. Para los dos, la fiscal Nora Marull acababa de reiterar su pedido de prisión perpetua en base a la abundante prueba producida en las audiencias y que enumeró en su alegato final. Las querellas se acoplaron al pedido de pena máxima y la decisión quedó ahora en manos del tribunal, que dará a conocer su fallo el viernes próximo.

"Cada uno con su aporte esencial logró cometer los hechos. Tenían ambos el dominio final del suceso. Controlaban la toma de decisión y la ejecución. Esta Fiscalía entiende que no hay en estos hechos diferencia entre los acusados. Por el contrario, estamos frente a coautores que detentaban el dominio conjunto del acontecer", dijo Marull en un punto decisivo de su alegato, al adjudicarle a los dos acusados la misma responsabilidad.

Para la encargada de la acusación, tanto Peralta como Núñez fueron coautores del homicidio del policía Carlos Dolce, ejecutado con numerosos disparos el 5 de febrero de 2013 frente a una clínica de 3 de Febrero 1045. Allí atendía en su consultorio el médico Omar Ulloa, dueño de una cadena de farmacias. Quienes mataron a Dolce, precisamente, salían de concretar una sonora intimidación contra el médico para que no abriera un nuevo negocio en San Lorenzo y Maipú. Tras ingresar allí con la excusa de entregarle una planta de regalo, lo golpearon con culatazos, le robaron dos celulares BlackBerry y efectuaron un disparo dentro del consultorio.

Cuando escapaban, alertado por pacientes, Dolce intentó detenerlos. Era el policía que custodiaba la cuadra y le dio la voz de alto a Núñez, quien simuló obedecer arrodillándose a sus pies. Pero detrás llegó Peralta, quien según la fiscal hizo una maniobra distractiva al arrojar una gorra al piso y luego descargó nueve balazos de una pistola 9 milímetros. Tres dejaron en el cuerpo del policía el tatuaje propio de los disparos a muy corta distancia, casi pegados a la piel. Mientras el maleante armado disparaba, según testigos, el otro hería a Dolce también por la espalda con un arma blanca.

Los agresores escaparon en un Chevrolet Corsa sin patente pero en medio de una persecución policial sufrieron el reventón de un neumático y fueron detenidos con el arma homicida y los celulares del médico Ulloa en su poder. Así se determinó que la amenaza estaba conectada con el atentado que cinco meses antes había sufrido el abogado Alberto Tortajada en el hall de su estudio de Montevideo 2016. Por ese ataque sólo está acusado Peralta.

En el estudio jurídico

El ataque a Tortajada ocurrió el 7 de septiembre de 2012 cuando un supuesto cliente que se hizo llamar Sebastián concertó una cita por teléfono con el abogado y fue a su estudio. A las 17.50 el penalista le abrió la puerta del edificio y cuando giró para llamar el ascensor recibió un disparo calibre 22 por la espalda y otro en un brazo. Un tercer plomo impactó en la pared del palier y el letrado se salvó porque al agresor se le trabó el arma.

Según se planteó en el juicio, Peralta actuaba como "el brazo armado" de los empresarios farmacéuticos José Antonio Iborra, quien falleció el año pasado, y su hijo Juan Pablo, que pactó en un juicio abreviado una condena a 6 años y 8 meses en prisión domiciliaria por éstos hechos y otras amenazas a personajes ligados al rubro farmacéutico. Los Iborra eran los dueños de cuatro negocios que controlaban a través de titulares matriculados: las farmacias Suiza, San Luis, Farmaciudad y San Juan.

En agosto de 2014 fueron detenidos por ordenar intimidaciones a otros comerciantes para que no abrieran locales cercanos a los suyos. Para la Fiscalía, a Tortajada mandaron a matarlo porque el penalista defendía a una farmacéutica en un pleito judicial con los Iborra, que habían generado una millonaria deuda a su nombre en el fisco. Y a Ulloa lo amedrentaron porque abriría un local cercano a otro de los Iborra.

Intereses oscuros

Sobre todo eso versó el juicio que acaba de cerrar. La fiscal Marull consideró probado que "existía un trasfondo de lucha por intereses farmacéuticos por parte de los Iborra y que recurrían a métodos ilícitos contra sus eventuales enemigos". Y respecto de Peralta y Núñez pidió la pena de prisión perpetua como coautores de numerosos delitos.

Por un lado el homicidio de Dolce, calificado por la alevosía y por tratarse de un empleado policial en funciones, además de la portación ilegal del arma usada para matarlo. Por otro las amenazas coactivas a Ulloa, el robo calificado de sus celulares y el abuso de armas dentro de su consultorio. A Peralta, además, le atribuyó el intento de homicidio calificado por la alevosía de Tortajada y la portación del arma, un revólver de uso civil calibre 22 largo.

Sobre este incidente, el primero de la saga, dijo que Peralta "estudió previamente el lugar del ataque y sabía perfectamente el mecanismo de cierre de la puerta del edificio". Señaló además que "cambió los chips de su celular en un vano intento por no ser detectado". Y que fue reconocido sin dudar por la víctima como el agresor.

Quedó acreditado en pericias que Peralta llamó desde su teléfono al estudio de Tortajada para concertar la cita falsa. Se detectó una llamada salilente el 7 de septiembre de 2012 a las 12.47 desde una antena de Matienzo al 3500, que coincide con la dirección de su madre. Un minuto después llamó al celular del abogado. A la hora del ataque su número fue captado por la antena de Balcarce 1596. Es decir, a la vuelta del estudio jurídico. Sólo el día del ataque usó esa línea.

Sobre el segundo hecho (la agresión a Ulloa y el crimen de Dolce) la fiscal dijo que Núñez y Peralta se pusieron de acuerdo para concretarlo. Ellos hablaron de un encuentro casual y se echaron la culpa mutuamente de ser quien portaba el arma. Pero Marull mencionó mensajes recibidos por Núñez en su celular desde un aparato que pertenecía a una fábrica donde trabajaba Peralta. Así, concluyó que el encuentro en la puerta de la clínica "no fue casual, sino por el contrario, concertado".

"Sabían que sin el arma no habrían podido concretar el hecho. Se metían en un consultorio lleno de gente, en pleno microcentro y en un horario pico (5.30 de la tarde)", remarcó la fiscal. Y citó el escalofriante relato de un testigo que presenció cómo los dos mataban a Dolce y lo vio agonizar: "Me mataron, boludo, me mataron", fueron las últimas palabras que le escuchó decir. "La indefensión de Dolce fue total", describió Marull.

Los pedidos

El querellante por la familia Dolce, Federico Laurito, remarcó que "lo asesinaron porque era policía". Y que si bien no llevaba uniforme, vestía una remera con la inscripción "policía" en la pechera y la espalda. La madre del efectivo conservó esa prenda ensangrentada estos cuatro años y la entregó como prueba al declarar en el juicio. En tanto el representante de Tortajada, Sergio Larrubia, pidió que el ataque al penalista también se considere agravado por la promesa remuneratoria. Mientras que los defensores de Peralta y Núñez pidieron absoluciones (ver aparte). La jornada cerró con las últimas palabras de los acusados antes del fallo de los jueces Edgardo Fertitta, María Isabel Mas Varela y Marrisol Usandizaga, que darán a conocer su veredicto en seis días.

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