Policiales
Miércoles 05 de Abril de 2017

Piden más de 17 años de prisión para un lisiado acusado de robar una fábrica

Lo hizo el fiscal Fernando Rodrigo en los alegatos del juicio que se le sigue al hombre por un hecho de 2014. La defensa pidió se aplique la pena natural

"Haga lo que crea necesario para mí". Con una carta a la jueza Raquel Cosgaya que leyó en voz alta, Miguel Angel Scaglia cerró el juicio en su contra por el asalto a una fábrica de envases plásticos de barrio Alvear, ocurrido en octubre de 2014. Fue luego de los alegatos finales presentados por la Fiscalía, que pidió una pena unificada de 17 años y 9 meses, mientras la Defensa pública reclamó que no lo sentencien a prisión ante la "pena natural" que sufrió por perder la pierna izquierda, que debieron amputarle el mismo día del robo tras un tiroteo con la policía.

En esa carta manuscrita que leyó entre lágrimas, Scaglia se defendió de una nueva evidencia que, de manera sorpresiva, presentó el fiscal Fernando Rodrigo un día antes de los alegatos. Se trata de una escucha a otro preso a quien el acusado le confiesa que tiene una pierna ortopédica pero que no la lleva al juicio. "Es verdad que tengo la pierna, pero no camino. Lo dije por orgullo. Porque antes me veían como un delincuente profesional y ahora como un rengo que no sirve para nada", se distanció en su escrito ante la jueza, que mañana a las 11 dará a conocer su decisión.

El golpe que le imputan a Scaglia tuvo como escenario la fábrica de Suipacha al 3700 en un día de pago. Tres hombres armados y una mujer redujeron a empleados y dueños, los maniataron y golpearon para que revelaran dónde había plata. Se llevaron pertenencias de las víctimas, una pistola Bersa calibre .380 del dueño y los sobres con los sueldos, una gran cantidad de dinero cuyo monto no trascendió y que nunca apareció.

Pena natural

Desde el robo, ocurrido el 23 de octubre de 2014, Scaglia se moviliza en silla de ruedas. Así llegó al juicio oral por el caso que tuvo otros tres condenados en procesos abreviados previos. No se discute su intervención en el atraco, que él admite, sino si debe recibir pena de encierro. Es que además de sufrir una paliza tras tirotearse con la policía, Scaglia recibió un balazo en la pierna izquierda, sufrió una gangrena y debieron amputársela.

El defensor público Martín Riccardi considera que esa pérdida es una pena natural superior a cualquier condena de encierro. Por eso pidió que se lo exima de prisión y remarcó el "calvario" que significó para Scaglia rehacer su vida con una sola pierna. Su tía y su esposa (con la que tiene un nene de 6 años y mellizos de 2) relataron en el juicio el esfuerzo que significó "bañarlo y realizarle las curaciones" y el daño piscológico: "Lloraba todo el día".

Estuvo dos años bajo arresto domiciliario hasta que, en una visita policial, no lo encontraron en su casa. Entonces lo detuvo Gendarmería a cuatro a cuadras de la vivienda cuando vendía medias y destornilladores en la calle. Según su esposa, en esa época tuvieron que vender el cochecito de los mellizos para comprar mercadería.

El fiscal Fernando Rodrigo pidió que le den 8 años de prisión como autor de robo calificado, en poblado y en banda, portación ilegal de arma de guerra y atentado a la autoridad, pena que consideró atenuada por la pérdida de la pierna. Pero como tiene una condena anterior pidió unificarlas en 17 años y 9 meses y que lo declaren reincidente. "No somos déspotas. Es una pena para que pueda someterse al sistema carcelario y ser resocializado", dijo.

Maña y orgullo

El lunes se sumó una prueba sorpresiva al juicio oral. Personal de la Policía de Investigaciones (PDI) acercó una escucha realizada en febrero a otro preso con su celular intervenido. Identificado en la charla como "Tarta Miguel", durante 40 minutos conversó con Scaglia.

En la charla, el acusado le cuenta a su interlocutor sobre el robo: "Andaba robando con mi gente como siempre. Yo tenía la radio. Nosotros no somos de los que levantamos la mano. Yo iba a los tiros, pum, pum, pum. Cuando me pega la pistola me vuela. Cuando me desperté me faltaba la pata".

Pero además, Scaglia minimiza el sufrimiento causado por la amputación: "Me doy maña para todo. Tengo la pierna ortopédica también. Me falta de la rodilla para abajo, pero no pasa nada. ¿Sabés cómo camino? La piloteo. Ahora no la tengo porque no sabe el juez, el fiscal, nadie. Ya cagué a palos como a cinco. Se me zarparon porque saben que me falta una pierna pero no me faltan dedos".

El detenido permaneció con la cabeza gacha mientras se divulgaba esa escucha. Pero ayer hizo su descargo en la carta que escribió a la jueza: "A veces uno por el orgullo dice cosas que no son. Como soy hombre, ando delinqueando y estoy en un pabellón colectivo. Es verdad que tengo una pierna ortopédica. Me la dieron en Ilar, pero no puedo usarla. Entiendo que he cometido un error muy feo y me encuentro arrepentido".

Una carta

"Fui abandonado a los 4 años en el Hogar del Huérfano hasta los 13 años, en Carcarañá. Sé que no he tomado el camino correcto. Si hace dos años y cinco meses fui a delinquir fue porque creí que así me iba a ir bien. No he vuelto a delinquir. Haga lo que crea necesario para mí, mi esposa y mis tres hijos", dijo Scaglia en su carta.


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