Policiales
Domingo 15 de Enero de 2017

Peripecias de un preso perdido en la burocracia del sistema

Juan Carlos Samuel fue condenado a 17 años y medio por varias causas. Lleva más de 15 tras las rejas y pide que le otorguen los beneficios de ley.

En la cárcel de Piñero hay 1.365 internos, entre ellos Juan Carlos Samuel, un hombre de 52 años que hace "15 años y tres meses" deambula por distintos presidios del sur provincial sin gozar de los beneficios que la Ley de Ejecución Penal aunque la sumatoria de todas sus condenas lo llevaron a cumplir tras las rejas 17 años y 6 meses. "Ya estoy pasado de tiempo, pero en el sistema carcerlario de esta provincia no funcionan los grupos terapéuticos, no se cumple con la ley y lo único que hace es enseñarte a delinquir para que al salir vuelvas a entrar".

   Samuel ya estuvo en las cárceles de Coronda, en Melincué, en "La redonda" de Rosario y desde hace unos años es uno más de los internos que se amontonan en Piñero. El hombre es oriundo de Elortondo, un pueblo de 7 mil habitantes en el sur de Santa Fe. En su momento tuvo una activa participación política en esa población; pero después fue célebre por cometer varios hechos delictivos: robo de camiones, de autos y hasta una causa por abuso. sta última él la niega con fervor, las otras no: "son errores que cometí, que aprendí acá adentro y por los que ya pagué, por eso debería estar afuera", se recrimina.

   En un momento, "cuando nunca había cometido delito alguno", dice que denuncio las maniobras de un jefe comunal de Elortondo, Ernesto "Tornillo" Lombardi, ya fallecido, y del comisario que por entonces estaba en el lugar, Egdardo G., que "llego a la ciudad en un Fiat 600 y un año después tenía tres autos 0 km". Para Samuel, tanto uno como el otro "estaban corrompiendo al pueblo" y así lo denunció en uno de los primeros canales de cable de esa localidad. "Lombardi había cerrado su fábrica y contrató a sus ex empleados en la Comuna, así que los que queríamos trabajar estábamos complicados, eran dos vivos", contó Samuel y acotó: "Una vez me crucé al comisario y me dijo «ésta te la voy a cobrar»".

   Al poco tiempo Samuel cayó detenido en una causa por abuso que, según dice, "le armaron" como venganza de las denuncias públicas hechas contra el jefe comunal y el comisario. Por eso pasó varios años preso. Al salir sólo "sabía cometer errores, robar. No supe cómo seguir y me mandé muchas cagadas de las que me arrepiento", dijo. Así fue su derrotero. Hoy cuestiona al sistema penal y la falta de cumplimiento del rol socializador que el mismo debería tener. Sobre todo "la burocracia judicial y el poco interés en mover las cauas" de los internos.

   En ese marco recuerda que "el cumplimiento de las cuatro condenas que me aplicaron y que suman 17 años y medio de prisión vencería en 2018, pero ya llevo 15 años y tres meses adentro y nunca me dieron un beneficio de salidas como ordena la ley".

   — ¿Cómo fue la primera causa?

   — Yo tenía unos 27 años y trabajaba con un camión en Elortondo. Vendía medias reces. Era casado y tenía tres hijos. El comisario vivía de los garitos y el intendente, que había cerrado su fábrica, vivía de la plata que entraba al pueblo y solucionaba sus problemas. Denuncié esas actividades en octubre de 2000 y en diciembre del mismo año, un domingo que salía del culto de la Iglesia Evangélica de calle San Martín, me paró un móvil policial y me dijeron que una mujer de 27 años había presentado una denuncia contra mi por abuso sexual. Cuando le hicieron las percias médicas a esa chica resulta que no presentaba signos de violencia y después me enteré que era hermana de un detenido que, al poco tiempo de esa denuncia, quedó en libertad. Me armaron esa causa y me cagaron la vida.

   — ¿Cuádo salió de Coronda y cómo intentó rearmar su vida?

   — El 11 de diciembre de 2005 salí de Coronda. Comencé a asistir a la iglesia por que soy evangélico y mi pastor es Bento Sanfilippo. Me reconcilié con mi mujer, aunque ahora estoy divorciado, y me puse a buscar trabajo. Antes de eso, antes de todo, fui capataz de estancia, fui soldador, electricista, pintor y me puse a buscar trabajo de eso. Pero uno estuvo preso y eso te marca. No conseguía nada para trabajar y aparecieron dos muchachos de Mendoza que me ofrecieron un negocio: robar camiones con cereal y hacerlos pasar por la Cooperativa Agropecuaria de Elortondo. El gerente blanqueaba el cereal con la documentación y el cereal robado pasaba como bueno. Mi trabajo era apretar al camionero. Cuando caímos, todos zafaron. Al gerente de la Cooperativa ni lo llamaron a declarar y los mendocinos, ocho meses después, estaban afuera. Pero yo por esa causa me comí seis años entre rejas, pero ya los pagué.

   Tras cumplir esa pena Samuel salió en libertad aunque tuvo una pelea con su ex mujer, de la que ya se había divorciado, y ella lo acusó de amenzas. En ese momento tenía tres hijos, una mujer y dos varones, pero distintos conflictos familiares llevaron a que uno de esos hijos, según cuenta dolido, se suicidara. Una vez más en prisión fue derivado a Coronda y allí tuvo "muy buena conducta", cuenta. Al tiempo salió por el beneficio de la prisión condicional y se fue a vivir con una nueva mujer. "Era muy humilde, tenía cáncer y aceptó darme su aval para que saliera", recuerda. Entonces Juan Carlos omenzó a convivir con esa mujer en "una casilla en villa La Tablita, en Villa Gobernador Gálvez".

   — ¿Fue difícil adaptarse a la libertad en esa segunda salida asistida?

   — Empecé a vivir con esta mujer y con sus hijos. El chico de ella le pegaba y la cosa se puso fea. Una vez decidimos irnos a otra casa y yo no conseguía nada de trabajo. Entonces me asocié a un gomero y empecé a robar autos. Pero me agarraron porque uno de los autos que levanté tenía el celular adentro y me siguieron por el GPS. En esa oprtunidad yo no estaba armado, en realidad nunca robé armado, y la policía me baléo y casi me matan, cuenta y muestra las cicatrices de dos proyectiles calibre 9 milímetros en la espalda.

   — ¿Si cada vez que cometía un hecho lo detenían y si sabe de tantos oficios, no pensó en trabajar? Sonrié, explica los hechos en los que lo incriminaron y da muestras de un conocimiento de códigos y derechos. Entonces responde otra cosa.

   — Lo de robar camiones me lo ofrecieron y no dije que no. Estaba muy mal porque me querían echar del pueblo. Después, lo de los autos, fue porque estaba urgido por cuestiones familiares de esta mujer de Villa Gobernador Gálvez que había dado conmigo. No supe hacer otra cosa y que fuera rápido. Son todos errores que cometí pero que ya pagué con 15 años de prisión.

   Juan Carlos Samuel está preocupado. Asgura que tendría que haber salido hace cinco años y en un papel con un lápiz suma y resta condenas, unifica causas, supone códigos procesales y encuentra todas las circunstancias que lo favorecen. Pero está sentado en el penal de la Unidad 11 de Piñero y nada indica que salga en libertad en los próximos días.

   — ¿En que situación está hoy?

   — Hay un interno, un tal G. que me está buscando problemas. No sé por qué. Dice que la jueza de Sentencia es amiga de él, se lo dice a todos. Le mandé una carta a la jueza, que no se si la recibió, en la que le cuento que tengo buena conducta y que no sé porque éste hombre se abusa de la presunta amistad con ella y sin embargo es una mala persona. Que inventa cosas para perjudicarnos a los otros internos.

   — ¿Y en lo que hace al trato en la cárcel?

   — Acá no me hacen el examen ambiental, la constancia para que pueda ir a alguna casa con condicional o domiciliaria. Me trataron de sacar el concepto de buena conducta, mandé escritos al Juzgado que nunca llegaron y amenazan con trasladarme a otras cárceles. El grupo terapéutico que tiene que trabajar con los internos no hace nada y acá estamos. No hacen nada ellos, los abogados, los responsables del sistema penitenciario que está comprometido. No hay un modelo de trabajo y cuando salís no servís para nada. Constitucionalmente yo debería estar afuera, no como en una carcel de hace 200 años.

   Un rato antes de la entrevista, las autoridades de la Unidad 11 de Piñero recibieron a La Capital lejos de los pabellones y los 35 grados de termperatura que impera en su interior, lejos de los grilletes y las rejas. Hablaron de socialización y del trato igualitario hacia todos los internos. El mismo Samuel pudo hacer la entrevista en esas oficinas del director del penal y antes que terminara la charla el mismo Samuel dijo "el sitema falla, sé que voy a tener problemas. Sé que debo estar afuera aunque fui muy útil como evangélico en distintas cárceles. Pero eso se ve que eso ahora no cuenta".

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